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Criticas

Criticas (669)

Martes, 23 Julio 2013 05:42

Tres60 ***

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Sólido entretenimiento de suspense hecho en España. Cosa que no debería sorprendernos y que a algunos parece que les causa ampollas o dolores terribles. El cine español abrazando el género para intentar llegar al público masivo y conseguir éxitos de taquilla. Válgame dios, a quién se le ocurre. Casi parece que haya que condenar a los responsables de tales sacrilegios a la hoguera por aventurarse a algo así. Y no, no es para tanto. Podemos hacer cine comercial. De género. Y hacerlo bien. Porque comparada con muchas otras muestras de cine de suspense que nos llegan de otras partes del mundo, Tres 60 cumple con creces y las supera en muchas cosas. Así que no nos rasguemos las vestiduras. Hay que darle una oportunidad a este nuevo cine español y quien se arriesga con él.

Tres60 nos presenta a un joven que estudia en la universidad aunque sin muchas ganas, y que practica surf que es lo que le gusta, ganándose un dinero como modelo. En una visita a casa de sus padres, encuentra un carrete oculto que pertenecía a los antiguos dueños de la casa. En él descubrirá una terrible verdad sobre su pasado y sobre lo que le sucedió a su mejor amigo diez años atrás. Para investigarlo contará con la ayuda de una joven de la que poco a poco se enamora. Lo dicho, cine de suspense, con su misterio, sus malos y su buenos. Y muy bien presentado.

No quiero decir con esto que la película sea perfecta ni mucho menos. El guión requería de un mayor esfuerzo y quizá de alguna reescritura más porque cae en demasiadas casualidades y cosas sin explicar (el carrete misterioso que justo explica la desaparición del amigo, el inicio de la investigación…), pero también soluciona otras que el cine americano se salta a la torera. Aquí van a la policía a pedir ayuda, cuando no les hacen caso (o pasa algo peor) pasan a la acción. El personaje del hermano pequeño es… difícilmente sostenible. Y el tema romántico me interesa menos que el misterio, por muy interesante que sea Sara Sálamo, que lo es.

Pero también tiene muchas cosas buenas la película. Está dirigida con pulso y acierto, tiene ritmo, intriga e inteligencia al proponer ciertas situaciones. El guión sabe hacer avanzar la intriga y llevarnos por sus extremos con interés. Los actores están más que dignos, sobre todo Joaquim de Almeida, que con una mirada lo dice todo, y Adam Jezierski, que es un roba planos de lujo y da naturalidad a cualquier escena. Sea la que sea. Nunca aburre, nunca resulta ridícula y cuando llega el final nos sorprende con una bofetada de realidad que merece ya de por sí las tres estrellas de esta crítica. Un final que hace pensar y sumerge a los personajes en otras lides, otras historias. La madurez. El fin de los juegos. Como esas escenas oníricas del personaje ahogándose que lo dicen todo sobre él. Un final, ya digo, sencillamente brillante.

Por la propuesta, por el tipo de producto, por su descaro y por las ganas de hacer algo diferente, me ha recordado a Combustión. Esperemos que le vaya mejor de cara a la taquilla.

Jesús Usero.

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Lunes, 22 Julio 2013 18:39

Guerra mundial Z ****

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Guerra Mundial Z. Los zombis adquieren cualidades épicas en esta espectacular película de aventuras.

Dos cosas que es preciso saber de Guerra Mundial Z, la película. La primera que es una de las películas más entretenidas que he visto este año. La segunda que conviene ir a verla quitándote de la cabeza tanto como puedas el libro de Max Brooks que la ha inspirado, Guerra Mundial Z. Ambos productos tienen en común el nombre y algo más, pero en ningún caso la adaptación que protagoniza Brad Pitt es fiel al original, ni tampoco lo pretende. Al menos en su totalidad, aunque sí se acerca más al original de la novela en toda su primera parte, apartándose de la misma más claramente en su tercer acto y desenlace.

Primero debe quedar claro que la novela de Max Broks es inadaptable al cine en formato de un solo largometraje, así que no es una sorpresa que los responsables de la película hayan adaptado el material original de la misma a otro formato. Frente a esa imposibilidad, había dos opciones. Primera: adaptar en una trilogía de largometrajes (en este caso sí que hay material literario original suficiente, al contrario de lo que ocurre con El hobbit de Tolkien). Segunda: darle el material a la HBO, o mejor Showtime, para que la convirtiera en una serie. Finalmente han optado por la tercera opción, hacer un híbrido que mantiene características esenciales del relato original (como el principio, el viaje a Corea, el tema de los barcos o el infierno en Israel, el avión), pero gira a una producción con desarrollo propio en los últimos compases de la que, visto el éxito comercial alcanzado por esta película, no es finalmente sino la primera entrega de una franquicia cinematográfica en toda regla que al menos contará con una segunda entrega, según deja claro el final abierto de la primera y las declaraciones de los artífices de la misma.

No hay nada de malo en ello porque, como digo, es muy entretenida y en su primera parte se mantiene el espíritu del original. Eso sí, desde el punto de vista de la construcción del ritmo de esta primera entrega creo que podrían haber organizado mejor los elementos de la misma para mantener un equilibrio de ritmo más adecuado durante el relato. Lo que ocurre me ha recordado lo que ocurría con Gladiator: mucha caña al principio, con la batalla, y en el centro, con las peleas en el circo… y un final menos cañero que todo eso.

Lo que ocurre en Guerra Mundial Z es algo parecido. Al principio es muy cañera, visualmente espectacular, y ha conducido al cine de zombis a un territorio que no había visitado el subgénero hasta el momento: la épica, tanto visual como argumental, con una historia que se desarrolla en varios continentes al mismo tiempo y lleva al protagonista de viaje a varios países, en plan detective siguiendo pistas para encontrar la manera de combatir a la epidemia de zombificación del planeta. Trepidante. E impresionante en muchos momentos.

Pero después del ataque en el avión, que además nos somete a uno de esos momentos de suspensión de la credibilidad del espectador derivados de la preocupante tendencia que parecen tener algunos guionistas para meterse en huertos de los que luego no saben salir, porque no pensaron en esa salida cuando les pegó un subidón de adrenalina pensando en lo chulo que podía quedar la secuencia en pantalla (y queda muy chula, lo garantizo, es de lo mejorcito de la película lo del avión, y épica total: Pitt con un par en plan Grupo salvaje y que sea lo que tenga que ser), la película parece cambiar de ritmo y de tono. Deja atrás la clave épica internacionalista para convertirse en una especie de guió, homenaje o copia del cine de zombis al que estamos más acostumbrados, el cocinado en espacios interiores, con pocos personaje y medios, económicamente más controlado (lo que supongo también fue un descanso para el presupuesto de la película, que a esas alturas, tras el despliegue del resto de su metraje inicial debía estar francamente exhausto), y con los muertos vivientes transformándose de las hordas en plan enjambre rabioso del primer y segundo acto del relato en un terror más cercano e individualizado.

Ese cambio puede pillar desprevenido a un público que aseguro durante la primera hora y media de película ha sido sometido a un bombardeo de imágenes espectaculares. Afortunadamente hay un impagable chiste con el product placecement y las peripecias de laboratorio, laberinto y muertos vivientes que vive Pitt en esa fase final del relato incluyen suficiente intriga para mantener al personal entretenido, aunque el cambio de ritmo, por otra parte perfectamente evitable, porque en la novela de Brooks hay recursos suficientes para haber incorporado una escena final de retorno a la épica y el impacto visual que hiciera honor a los logros de la primera mitad de la película. Aunque, claro, eso habría requerido un esfuerzo final de inversión. Esto transmite una cierta sensación de desazón en el público por lo que habría podido ser y no fue. Como digo, no es tanto tema de presupuesto como de contrucción del propio proyecto y del guión del mismo. Si empiezas tan cañero, tienes que acabar igual de cañero. Habría bastado con reservarse parte de la inversión aplicada en alguna de las escenas de la primera parte para darle algo más de espectáculo al desenlace.

No obstante recomiendo Guerra Mundial Z como una de las mejores películas de zombis que he visto y creo que contribuye a abrir nuevas perspectivas a este subgénero. Lo que ocurre es que aquí, en aras de crear un entretenimiento más para todos los públicos, estamos en un tono más cercano a las aventuras y la intriga que al terror. Los muertos vivientes han sido desprovistos de la cualidad terrorífica que tuvieron en el original de George A. Romero para La noche de los muertos vivientes o Zombi, y en relatos más recientes como la serie The Walking Dead o la película de Zack Snyder Amanecer de los muertos, cuyo notable arranque épico ha sido ampliamente desarrollado subiendo el grado de espectáculo en esta película. Los zombis adquieren así una nueva personalidad en el cine que me resulta curiosa, por lo que supone de evolución del monstruo más inquietante y más definitorio de los terrores colectivos de nuestro tiempo que ha creado el cine en las últimas cinco décadas.

Miguel Juan Payán

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Miércoles, 17 Julio 2013 02:34

Llévame a la Luna ***

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Simpática comedia romántica francesa, con una gran pareja protagonista. Ella bien conocida por sus escarceos con el cine más comercial americano, aunque sin renegar nunca de Francia, Diane Kruger, a la que hemos visto estrenar hace nada la serie The Bridge. Él un conocido maestro de la comedia francesa, Dany Boon, sobre todo popular en España tras el estreno de Bienvenidos al Norte, pero al que hemos visto también en Nada que Declarar o Micmacs. Esta pareja tan improbable es el auténtico motor de la película, una comedia romántica que puede presumir de elegante, de bien construida y de divertida, pese a los lastres habituales de la comedia romántica como la previsibilidad o la falta de cinismo y mala uva real. Aunque el mayor escollo que debe sortear la película es la propia premisa argumental.

Porque, agárrense que vienen curvas, la historia de Llévame a la Luna es la de una familia en la que las mujeres tienen una especie de “maldición”. Desde el siglo XIX todas las mujeres de la familia no encuentran a su hombre ideal tras el primer matrimonio, siempre fallido. Es el segundo el que trae la felicidad de verdad. Así que cuando Diane Krueger empieza a sentir la necesidad de ser madre y casarse con su perfecto novio, no quiere perderle por la maldición. Se embarca en un viaje fallido y acaba siguiendo a Boon a África para conseguir que se case con ella y divorciarse al instante. Es un píldora muy, muy, muy difícil de tragar porque durante los primeros 40 minutos de película las situaciones que pasan “porque sí” sin lógica o coherencia por parte de los personajes, hacen crujir los cimientos de la película. Venga, a casarse y divorciarse express en Dinamarca… ah, que no sale bien, pues pillo al bobo de turno y me voy a casar con él… con los masais al Kilimanjaro…

Y es una pena esa situación tan forzada porque la película da lugar al enredo, los momentos más surrealistas y las posibilidades más rocambolescas. Aunque no sorprenda la trama y sepamos qué camino va a llevar. Los actores tienen química, y la película se mueve en el campo de lo elegante, sin excesos de escatología o chistes de mal gusto. Gamberra cuando debe serlo, y con situaciones realmente divertidas (casi todo lo sucedido en Rusia, empezando por la ducha, gran parte de África, los aviones, las cenas familiares…). Luego hacia el final la película se pone muy seria y deja de lado el humor durante quince minutos, pero es de esperar en el género.

Hasta que llega ese momento tenemos humor bien construido, romance contenido y sin babas, química entre los actores y un viaje por medio mundo. No es mal plato a degustar en un género tan apagado por la comedia, pese a que te tiras media película pensando “a quién se le ocurre…” con la premisa inicial. Y pese a que todo el mundo sabe qué va a suceder. Y recuerda a otras comedias francesas románticas y bastante elegantes como La Felicidad nunca viene Sola o Los Seductores, que es del mismo director. Aunque era más divertida aquella…

Jesús Usero.

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Martes, 16 Julio 2013 17:25

Zarafa ***

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Buena animación tradicional a la europea para toda la familia. Y con un presupuesto de lo más holgado para una película que no viene ni de Estados Unidos ni de Japón. Demostrando que todavía quedan historias que contar, sobre todo si acudimos al continente africano, como es el caso, y lo llenamos con un viaje de aventuras que lleva a sus protagonistas hasta París, pasando por los Alpes y el Mediterráneo. Con crítica social, con humor, con peligros y con unos personajes que te conquistan. Aunque no esperemos el nivel de producción del cine de animación americano, y aunque algunas decisiones de guión resulten cuestionables. O puedan asustar a los más pequeños de la familia.

La película nos presenta a Maki, un niño que escapa de un esclavista aunque deja a su amiga detrás, y que se encuentra con Hassan, un beduino que le llevará en un viaje fantástico de Egipto a París, para llevar una jirafa al rey de Francia, como presente para que éste ayude a Egipto en su guerra con Turquía. Pero la intención de Maki es la de devolver a la jirafa, Zarafa de nombre, a su hogar por una promesa que le hizo a su madre. Mil aventuras les esperan y mil peligros les acechan en un viaje que cambiará sus vidas.

Decía antes lo de las decisiones cuestionables de guión porque hay momentos en Zarafa de una crudeza que, para el cine adulto son encomiables, pero para el cine familiar… pueden asustar a los más pequeños. El hecho de que la película empiece con el protagonista encadenado por un esclavista, alguna muerte, la resolución final incluso… pueden espantar a los niños que descubrirán, demasiado pronto, que el mundo no es de color de rosa, que hay malos de verdad que acuchillan por la espalda, que la vida te arrebata a los seres queridos, que no todos los niños viven felices… Y mientras siempre he creído que no hay que intentar engañar a un niño y que si aprenden que la vida es dura, mejor para ellos, la película choca consigo misma cuando llegan los duros piratas, que luego no lo son tanto, o ese rey de Francia de risa. No se decanta por un camino o el otro. O resulta demasiado madura o demasiado infantil.

Pero, cuidado, eso es sólo un pequeño inconveniente de lo que vamos a ver en pantalla. No le resta méritos a una historia bien hilvanada, a unos personajes carismáticos y a un sentido del humor muy peculiar (ese hipopótamo…). La crudeza de algunos de sus momentos nos llevan a una película madura y muy bien elaborada, familiar pero no edulcorada al máximo. Aunque al final tras un momento enorme de fuerza y valor, se baje un poco los pantalones. Muy disfrutable por parte de todo el mundo. Recuerda en algunas cosas a El Rey León, el mensaje es similar, pero también a ese cine europeo de animación centrado en África como la serie de películas de Kiriku.

Jesús Usero.

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Martes, 09 Julio 2013 14:28

Perdidos en la nieve ****

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Perdidos en la nieve, excelente propuesta de cine de supervivencia y aventura con trasfondo bélico.

Si necesaria me parece The Purge como aviso de la bestia que llevamos en nuestro interior, no menos imprescindible, pero en sentido totalmente contrario, es el otro estreno que recomiendo para la cartelera de este fin de semana: Perdidos en la nieve. Su argumento se basa en un hecho real ocurrido en Noruega en abril de 1940: el enfrentamiento de un bombardero de la Luftwaffe con un caza de la RAF que acabó con ambos aparatos derribados en un lugar inhóspito y parte de sus tripulaciones, alemana y británica, obligadas a convivir y cooperar para sobrevivir en un entorno hostil. El resultado es una interesante película de intriga que se reviste del entorno paisajístico del cine de aventuras y se acoge tangencialmente al entorno argumental del cine bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Afirma su director, el noruego Peter Naess: “En el mundo actual, plagado de conflictos, me parece de suma importancia contar historias que retraten a personas que se necesitan mutuamente. En este caso se trataba de investigar qué ocurre cuando los prejuicios y la enemistad se ponen a prueba”. Naess define su película como una historia antibélica, pero no se asusten: ni se sube al púlpito a darnos la paliza verbal con salmodias y discursillos fáciles ni pretende catequizarnos con pacifismos de salón. Su película es un dignísimo vehículo de entretenimiento que en por su espíritu y personalidad, no tanto por su estilo visual, me ha recordado otros tres señalados títulos del género de aventuras y supervivencia: Infierno en el Pacífico (John Boorman, 1968), Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975) y Hasta donde los pies me lleven (Hardy Martins, 2001). Sendas muestras de que se pueden contar historias que nos hagan reflexionar sobre las debilidades y puntos fuertes de nuestra calamitosa, frágil, neurótica y en muchos aspectos miserable especie, sin por ello aburrirnos soberanamente, ejercer la pedante manía del adoctrinamiento o poner en solfa las legítimas intenciones de entretenerse del público.

Perdidos en la nieve es un ejercicio de cine de aventuras con entorno paisajístico épico que sin embargo es suficientemente inteligente como para no dejar que dicho entorno grandioso devore a los personajes. Muy al contrario. Asentada en la intriga antes que en la acción, se construye sobre la interpretación de sus personajes en un duelo de poder que tira hacia el intimismo creado forzosamente en el interior de una cabaña de montaña donde los cinco protagonistas de la historia encuentran refugio. Allí podrán dirimir sus diferencias, ponerse en ridículo, disputar por el poder que se materializa en las armas de que disponen los alemanes, e incluso trazar desde el primer momento una frontera entre ambos grupos en un alarde de estupidez supina que define perfectamente el mensaje del relato: los supervivientes se convierten en una metáfora de todos los bandos enfrentados en todas las guerras, y son así una perfecta herramienta para poner en solfa todos los casus belli que nos conducen a matarnos por territorios, economía, bienes materiales, mientras, como el personaje de Strunk, obedecemos órdenes sin pensar y sacrificamos todos nuestros deseos y la posibilidad de ser felices para conseguir un fin que muy posiblemente ni siquiera nos hemos impuesto nosotros mismos, sino que nos ha venido impuesto, de uno u otro modo, desde fuera.

Cada personaje tiene su papel en este puzle de opuestos obligados a entenderse que parecen a ratos víctimas de un experimento sociológico a pequeña escala y en otros momentos se revelan simplemente como meras marionetas de un destino con un sentido del humor particularmente cruel y notablemente cínico.

Cierto es que la película se le antojará a algunos demasiado obvia en algunas de sus metáforas, como por ejemplo la de los dos oficiales, el alemán y el británico, sujetando juntos el techo de la cabaña que está a punto de caer sobre sus cabezas al mismo tiempo que intentan quitarse las armas, o la de una de las pistolas Luger alemanas convertida de herramienta de poder y muerte en instrumento para un juego de revelaciones entre los supervivientes. He de reconocer que el momento Over the Rainbow de El Mago de Oz con cancioncilla incluida me ha parecido claramente ñoño y bastante tópico, pero pienso que se le pueden permitir esas obviedades algo ingenuas a este relato muy recomendable porque no suponen una seria falta de respeto a la credibilidad del espectador. Además están contrapesadas por ese momento siniestro de las balas convertidas en dardos y por la gran solvencia de su reparto, en el que destacan todos pero es inevitable fijarse especialmente en Ruper Grint, que demuestra con su trabajo en esta película que ha superado el paso por Harry Potter y puede dar mucho juego como actor de aquí en adelante. En este caso concretamente me ha recordado mucho los trabajos de Mickey Rooney, otro que empezó como astro infantil, cuando comenzó su etapa como actor adulto. Miguel Juan Payán

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Lunes, 08 Julio 2013 17:42

The East ***

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The East, una buena propuesta de intriga en principio malograda por cierta complacencia hacia el final.

Arranca con una idea inicial interesante y en su primera mitad, respaldada por un buen trabajo de sus actores, funciona a caballo entre la típica intriga de infiltrado, el tonillo sectario y la perspectiva de que se produzcan atentados de terrorismo ecológico capaces de meternos todavía más en la historia, pero finalmente ocurre lo contrario, y lo que consigue es sacarnos de la trama porque, de repente, se pone totalmente tópica, mete con calzador una trama romántica que no viene al caso y además es puro esquema de Barbie-pija-intrépida que funde lo más interesante del largometraje llevándonos hasta un planteamiento argumental final que podría resumirse con el título Alicia en el país de los perroflautas.

Es una pena porque como digo en su primera parte promete algo mucho más sólido y cuenta con una estructura que le permitía construir algo similar a un relato en clave de cine independiente, que bien podría haber alcanzado el interesante nivel de, por poner un ejemplo cercano, Martha, Marcia, May, Marlene (Sean Durkin, 2011), mezclado con propuestas de corte más comercial y de estudio pero igualmente recomendables como Una extraña entre nosotros (Sidney Lumet, 1992) o El sendero de la traición (Costa-Gavras, 1988). En lugar de eso, en manos de un director excesivamente autocomplaciente (como demuestra esa obvia alusión visual repetida de los caballos trotando por el campo ante los ojos de la protagonista, pura postal, pura postura, puro paisajismo que traiciona el carácter obvio de la propuesta), diluye las cosas más interesantes de su arranque, dilapida personajes como el de Ellen Page, cuya salida del relato anuncia la caída del mismo en lo más tópico de su tramo final y acaba con las expectativas sembradas en principio, o el de Alexander Skarsgard, actor que no está teniendo mucha suerte en sus trabajos para el cine pero que suele estar y brillar muy por encima de los personajes tópicos que le suelen enchufar al pobre, quizá porque algunos productores y directores, algo miopes, toman como referencia de sus posibilidades el papel que interpreta en la serie True Blood, en lugar de repasarse y tomar buena nota de su excelente trabajo en la miniserie Generation Kill. Skarsgard merece mejores cosas que el prescindible remake de Perros de paja o The East. Lo mismo podría decirse en este caso de la protagonista de esta intriga, Brit Marling, que está muy por encima del argumento y las limitaciones que le impone a su personaje un guión inclinado hacia el tópico buenrrolista y bienpensante. Marling es, junto con Skarsgard y Page, lo que me lleva a ponerle tres estrellas a este largometraje que sin contar con su excelente trabajo, capaz de luchar contra le cuadriculado mensaje catequizador dispersado por el director en todo su trabajo, no pasaría de dos estrellas.

El trabajo de los actores aporta a esta película lo que no le aporta su domesticado, previsible y fundamentalmente fariseo y falso argumento, que se retrata hacia el final con ese desenlace tan burgués y tan adocenado, tan de postal. La traición viene del director y los guionistas, no del trabajo de los actores. Lo paradójico es que Brit Marling, la protagonista, también ha participado en el guión junto al director….

Miguel Juan Payán

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Jueves, 04 Julio 2013 05:59

Hijos de la Medianoche ***

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Interesante, aunque a veces fallida adaptación de la novela de Salman Rushdie. Una película río, como imagino que será la novela que no he tenido el placer de leer, pero que sin duda hubiera sido más interesante disfrutar en forma de miniseria, como en un principio tenía planeado hacer la BBC, un proyecto fallido que nunca terminó de concretarse y que habría permitido una mejor explicación de la historia, además de un desarrollo de personajes más acorde con lo que intuimos debajo de la historia. Una historia contada con mimo y cariño, con elegancia y alejada de los paternalismos y colonialismos de otros directores occidentales que han intentado acercarse al complejo mundo de la India. El hecho de que Rushdie haya adaptado su propia novela se nota en el cariño puesto y en el esfuerzo, pero a veces eso no es lo único que hace una gran película. Y aquí sucede eso.

La historia nos presenta a dos niños nacidos justo la medianoche en la que India dejó de ser parte de Gran Bretaña, en una historia hacia la madurez que enseña a esos jóvenes que el mundo en el que viven no se parece en nada al que habitaron sus padres. Dos niños, aunque en realidad la película se centra en la vida de Satya Babbha, desde que se conocen sus abuelos al final de la historia. Sí, aquí nos cuentan también la historia de los abuelos, cómo se conocieron y cómo llega a nacer el protagonista. Lo que nos lleva a las casi dos horas y media de duración. No es una película para todo tipo de públicos. Al menos no para quienes busquen acción y aventuras. Esto es un drama.

Pero tiene un defecto que resulta irónico cuando menos. La historia parece apresurada, como si faltasen piezas imprescindibles para apreciar toda su magnitud, y al mismo tiempo da la sensación de que la película nunca termina. Se hace larga y a ratos algo pesada. Y eso lastra el enorme esfuerzo de producción, de interpretación y de narración. La directora Deepa Mehta tiene un estilo sobrio, elegante y sencillo, lejano a artificios innecesarios y a cosas que sobran. Sólo hay que ver las charlas del protagonista con las personas que habitan su cabeza. O los pequeños toques de humor, como esa sábana que tapa a la abuela ante el médico que será su marido, o la visita al cirujano plástico (las narices son muy importantes en la historia). Todo para ver el paralelismo entre la vida de éste muchacho y la de la India como país independiente. Con los sueños y la realidad muy alejados unos de otros. Buenas intenciones, pero, repito, no terminan de cuajar por el exceso de metraje no bien aprovechado y algunos momentos densos como el cemento. Al final resulta más interesante la historia de los abuelos que la del protagonista, sus padres y sus problemas y choques. Ese es su mayor defecto, dar la sensación de que no van a ninguna parte… Interesante, bien rodada, bien interpretada… pero al final, fallida.

Por compararla con algo, aquí no estamos ni ante Slumdog Millionaire, ni ante La Vida de Pi, sino que estamos ante algo muy cercano a otras películas de su directora, como Agua, Fuego o Tierra. Por si alguien quiere explorar su filmografía.

Jesús Usero

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Martes, 02 Julio 2013 06:28

Antes del Anochecer ****

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Gran cierre para la trilogía de Linklater, con unos magníficos Ethan Hawke y Julie Delpy. Pero, pese a lo brillante de la propuesta, la puesta en escena y los sensacionales diálogos (casi todos ellos, no todo es perfecto en la película), hay algo que no termina de encajar en esta propuesta de Richard Linklater para cerrar la trilogía de esta peculiar pareja. Hay detalles que no encajan a la hora de recibir como espectadores este cuento algo extraño e impredecible. No sabemos cómo va a terminar aunque el desarrollo de las acciones es completamente lógico. Pero tiene un sabor… un regusto a ya visto. Le falta la frescura que tenían las dos películas anteriores, sobre todo la segunda ambientada en París. Le falta algo de aquella fuerza, de aquella sensación de estar viendo algo nuevo. Sí, son personajes conocidos, queridos por los muchos seguidores de la historia que han vivido durante 19 años entre Viena, París y ahora la costa de Grecia. Pero aquí hay cosas que no terminan de cuadrar porque hace falta… algo nuevo que contar, y precisamente la historia habla de qué ocurre cuando no hay nada nuevo que contar. De la monotonía y las relaciones que se encuentran con baches a veces insalvables. Del final del amor, o de cómo reavivarlo.

La historia nos lleva a Grecia, al final de un gran verano en el que Jesse, impresionante Ethan Hawke, se despide de su hijo, del que tiene la custodia su exmujer, una persona… poco agradable y comprensiva. Esa despedida pone en marcha una serie de eventos que hará que la relación de Jesse con Celine (una no menos impresionante Julie Delpy) se tambalee desde sus cimientos pese a lo mucho que parece quererse y entenderse la pareja, pese a que son felices y tienen dos adorables gemelas a las que quieren con locura. Pese a que han pasado un verano memorable en Grecia con nuevos amigos que les aprecian y demuestran su cariño alquilando una habitación de hotel para que la pareja disfrute la noche sin las niñas antes de partir hacia París de nuevo. Pero lo que podría ser una perfecta noche romántica poco a poco se encamina hacia el desastre.

Richard Linklater es un director poco conocido más allá de esta curiosa trilogía. Casi siempre dentro de la producción independiente, aunque tuvo un amago de acercamiento a las grandes producciones con películas como School of Rock. Pero sólo por estas tres películas ya podemos decir que es un director de culto que tiene muchos seguidores, los suficientes como para convertir una pequeña historia romántica en los noventa en una historia que abarca tres películas y tres décadas, que va del primer encuentro al amor floreciente, al declive o bache que viven todas las relaciones. Su estilo es limpio, nada pretencioso visualmente, con una puesta en escena limpia y sencilla, pero muy efectiva, y trabajando ante todo con los actores y con los diálogos. Incluso en su trabajo para alguna major más alimenticio, se nota ese gusto por el trabajo con los actores y los diálogos. Y se agradece.

Al igual que en la anterior película, Antes del Atardecer, aquí los guionistas que figuran son los actores protagonistas además del director, por lo que tal y como han contado muchas veces, los diálogos eran en parte improvisados para dar fluidez y realismo a los mismos. Y funciona. Sus charlas, sus gestos, son creíbles, son reales, son los que cualquiera podría tener con una pareja con la que lleva años y con la que comparte todo. Un ejemplo perfecto es la charla en el coche después del aeropuerto, que se alarga durante un buen trecho en un plano fijo y que tiene ternura, humor, tensión, un amago de discusión… Cualquier pequeño detalle puede hacer descarrilar una relación, incluso cuando son cosas nunca dichas, solo intuidas. Cuando uno conoce tan bien a la otra persona no hace falta demasiado para saber leer entre líneas y descubrir lo que realmente quieren decir las palabras del otro. Así se desarrolla la historia, de charla a charla haciendo que la situación vaya a peor, alimentando los rencores y los errores pasados para sacar lo peor de nosotros mismos a relucir y quizá, darnos cuenta de que nuestra relación ya no funciona. No va a ninguna parte.

En eso parámetros, con dos actores que conocen tan bien su papel, con un director que les deja a sus anchas y sabe cómo y cuándo encuadrarlos (como esa despedida en el aeropuerto en la que Ethan Hawke lo dice todo con una mirada de profunda tristeza, pese a que le esperan sus hijas y su mujer), todo fluye de forma brillante. Sus problemas son nuestros problemas. La charla va de una manzana a un desliz del pasado, de una mirada a un silencio. Tan real como la vida misma. Pero eso plantea un problema. Carece de la magia de la película anterior, en su empeño por mostrar esa monotonía y ese anquilosamiento en una relación, la película a ratos puede resultar monótona, carente de chispa. Es para un público muy determinado. Muy concreto. Gente que conoce los personajes y los adora. Si no corremos el riesgo de quedarnos fuera, como quedan fuera de lugar algunos comentarios, algunas charlas demasiado cargadas y cargantes (por dios santo, ¿cuánta gente de la calle conoce La Ley del Silencio en Grecia? Aquí todos los personajes la han visto y hablan de ella como expertos…). Es un pequeño pero, un simple traspiés, pero hacen por momentos la película poco accesible. Y le restan brillo a una obra de resultado casi perfecto. De lo mejor del año, sin duda.

Evidentemente la película está destinada a la gente que ha visto las anteriores, así que si sois fans de Antes del amanecer y Antes del Atardecer, esta película os encantará. Pero también tiene algo de ese tipo de cine independiente de la vertiente Kevin Smith en sus inicios (aunque mucho menos irreverente, claro) o Marc Webb. Así que quien disfrute con ese tipo de películas, tiene aquí casi dos horas de buen cine garantizado.

Jesús Usero.

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Sábado, 29 Junio 2013 15:22

Star Trek: en la oscuridad ****

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Star Trek: en la oscuridad. Aún mejor que la primera entrega. Mezcla perfecta de aventuras y ciencia ficción. Pistas para Star Wars VII.

J.J. Abrams vuelve a la franquicia de Star Trek y deja claro por qué desde el momento en que decidió abordar la misma tomó como referente a la tripulación de la serie clásica, Kirk, Spock y compañía. Es la que mejor se ajusta a su estilo e inquietudes como creador de series y narrador de historias tanto en la televisión como en el cine, que en esta ocasión le ha llevado a perfeccionar el esquema argumental de la primera entrega trabajando sobre un curioso ejercicio de hibridación de esos personajes de la serie y las películas de la tripulación clásica de la Enterprise con un arranque que parece sacado de una entrega de las aventuras de Indiana Jones y casi no para ya hasta el final de esta brillante segunda entrega.

De los estrenos que he visto hasta el momento en este verano tan repleto de superproducciones dedicadas al ocio y la evasión, me atrevo a decir que Star Trek: en la oscuridad es la segunda mejor propuesta junto con El hombre de acero, con la que tiene unos cuantos puntos en común. El motivo es que Abrams ha conseguido sacarle todo el jugo a la mítica de los viajes de la Enterprise conduciéndola con pulso cada vez más firme por esa especie de línea paralela a la de las películas anteriores que se inventó en la primera entrega para poder fabricar con mayor libertad su propia versión del asunto. Y al mismo tiempo que rinde cumplido homenaje a sus claves, consigue arrimar el ascua a su sardina e imponer un estilo visual y un ritmo más cercano a su verdadera pasión galáctica, que sigue siendo Star Wars. Así construye una película en la que hay sitio tanto para los guiños que harán ilusión a los trekkies de toda la vida, seguidores incondicionales de Kirk y Spock, y además impone una visión de ese universo narrativo que es más cercana a las producciones de George Lucas o Steven Spielberg, padres fundadores de la era blockbuster tal y como la conocemos.

Sólo con esta hibridación, que por otra parte ya estaba presente en la película anterior, Abrams podría haber conseguido una muestra de cine de evasión bastante interesante, pero además en esta ocasión cuenta con la enorme ventaja de haber presentado ya a sus personajes en la película anterior y el guión puede moverse con mayor libertad para desarrollar sus mezcla de aventuras, intriga y ciencia ficción. Eso permite que Star Trek: en la oscuridad sea una película todoterreno en lo referido a su argumento: puede empezar como una trepidante secuencia de acción, proseguir con una trama de conspiración acompañada de una subtrama de padre-hijo de esas que tanto le gustan a Abrams relacionada hábilmente con el tema del liderato y la pérdida del mando que nos remiten a la ciencia ficción militarías, y antes de que nos demos cuentas estaremos subidos ya en la Enterprise para sumergirnos en una versión distinta de uno de los momentos clave de la saga de viajes estelares en forma space-opera protagonizados por Kirk y sus muchachos. Esa última fase de su relato le permite a Abrams dar una pista clave sobre lo que podemos esperar de su Episodio VII de Star Wars jugando con un intercambio de funciones de los personajes principales que de paso desvela su forma de entender cómo debe contarse una historia: asociando lo conocido y lo esperado por el público con ese giro de talento que es la materia prima de las sorpresas en el cine e impide que nos acomodemos en el seno de la trama. Acomodarse es el primer paso que da el espectador antes de empezar a aburrirse. Y si algo hay que reconocerle a las propuestas de ficción de Abrams, sean mejores o peores, es que nunca deja que el espectador se acomode en lo previsible. El juego de intercambio entre Kirk y Spock aclara además que para el director el conflicto que se plantea entre ambos personajes y sus distintas personalidades, es la verdadera alma de la tripulación clásica de Star Trek, lo cual es un análisis perfecto de la misma que incorpora con notable astucia a sus propios intereses como creador de ficción. Los Kirk y Spock de esta revisión de la mitología de Star Trek no son los que siempre hemos conocido, sino una reformulación de esos personajes según las inquietudes de Abrams y sus guionistas que además de actualizar a estos iconos de la ciencia ficción consigue otorgarles un mayor interés. Desde el punto de vista de los actores es fácilmente perceptible incluso para la mirada del crítico más obtuso, vago o tocado por prejuicios que Chris Pine está mucho más cómodo y controla mucho más el personaje de Kirk en esta ocasión que en la anterior. Otro tanto puede decirse de Zachary Quinto, a quien además Abrams le propone elaborar un Spock que es todo un homenaje al interpretado originalmente por Leonard Nimoy, quien cuenta entre sus méritos haberle dado vida con su interpretación a un personaje que originalmente era bastante bidimensional. Nimoy contribuyó a refundar un Spock más interesante en su etapa en las películas de la tripulación clásica y por eso ha acabado siendo incluso más popular y reconocido que el propio William Shatner en el papel del capitán Kirk. Comprensiblemente, Spock es el personaje que más le interesa a Abrams y eso se nota con el giro que impone a un momento clásico de la mitología de Star Trek a modo de guiño. El mismo esquema puede aplicarse a la introducción de los klingon como antagonistas de la Federación, que es un eco de esos toques de “era Reagan” y Guerra Fría con el bloque soviético que presidieron todo el cine de los ochenta y de los que se hicieron eco los largometrajes de la tripulación clásica en Star Trek III, Star Trek IV, Star Trek V y Star Trek VI. Lo interesante es cómo combina Abrams ese guiño al cine ochentero con recreaciones visuales de los atentados del 11 de septiembre de 2001, utilizando como pretexto argumental la subtrama de terrorismo, conspiración y corrupción incluida en Star Trek: en la oscuridad.

Lo cual me lleva a terminar este repaso de ideas sobre la película aludiendo a su punto más fuerte: Benedict Cumberbacht ejerciendo como antagonista. El protagonista de la serie Sherlock se presenta en clave camaleónica capaz de interpretar cualquier cosa que le propongan, clava al villano, otorga una pátina de brillante talento interpretativo a su personaje, y además en un cara a cara que mantiene con Quinto/Spock, me hizo pensar que sería un 007 perfecto, capaz de mezclar la elegancia de un Pierce Brosnan con el tono duro e incluso siniestro que tiene Daniel Craig… Dejando de lado esa sugerencia un tanto friqui, quiero destacar que junto con el conflicto Kirk/Spock, la columna vertebral del argumento de la película está también en ese conflicto Spock/villano que se me antoja particularmente reveladora de cómo construyen Abrams y sus colaboradores sus tramas y personajes, y da muchas pistas sobre por dónde pueden ir los tiros en Star Wars: episodio VII.

Por cierto, si alguien se pregunta cómo tengo la osadía de ponerle tantas estrellas, le diré lo que digo siempre: yo voy al cine a divertirme en primer lugar, y si además esa diversión la consigo con un producto de calidad notable, como en este caso, aún mejor. El cine de evasión también necesita estar bien construido y bien presentado, aunque su manera de hablarnos de los problemas de la existencia elija un camino más trepidante y estruendoso que las reflexiones intimistas del cine de autor.

Buena compañía para esta película: Star Trek II: la ira de Khan, Star Trek III: en busca de Spock, Star Trek VI: aquel país desconocido, y casi cualquier episodio de la serie clásica.

Miguel Juan Payán

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Miércoles, 26 Junio 2013 19:00

After Earth ***

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After Earth, entretenida peripecia de ciencia ficción en plan aventura de supervivencia.

El encuentro de M. Night Shyamalan con la ciencia ficción en clave épica y aventurera se salda con un aseado empate entre las enormes aspiraciones no conseguidas de Will Smith, productor, promotor y protagonista del asunto, además de padre de la idea argumental (y del protagonista juvenil) y los resultados reales de evasión y entretenimiento que finalmente proporciona After Earth. A pesar de los palos que ha recibido tanto en la taquilla norteamericana como en algunas críticas, lo cierto es que la película funciona más o menos bien como vehículo para pasar el rato en su primera parte. Tiene un despliegue visual de arranque bastante curioso y mantiene cierto nivel de interés aunque sus personajes son algo alambicados, tópicos, y adolece de una alarmante falta de sentido del humor y capacidad de autoparodia. Poner a Will Smith como tipo duro en plan Lee Marvin en 12 del patíbulo era ya todo un reto, pero añadirle a la película el reto suplementario de que aguantemos al hijo de la estrella en plan aventurero en historia de iniciación y maduración sobrepasa comprensiblemente los límites de tolerancia, paciencia y suspensión de la credibilidad del sufrido público. La cosa se complica si sumamos a todo ello la natural inclinación de M. Night Shyamalan por ponerse filósofo y trascendental cuando menos conviene y la confirmación reiterada en sus últimos trabajos de que el hombre siempre ha sido un poco vendehúmos, porque, si me permiten la comparación metafórica con la restauración: en sus historias digamos que pone muy bien la mesa al principio y los entrantes tienen siempre muy buena pinta, pero a medida que los platos del menú van desfilando por la mesa se va desinflando la ilusión del principio y cada vez con más frecuencia tiene tendencia a caer en lo obvio.

Reitero una vez más que After Earth me parece un pasatiempo entretenido con unos valores de producción a tener en cuenta, de ahí las tres estrellas que le he puesto. Pero creo que se queda muy por debajo de lo que podría haber sido principalmente porque Will Smith se ha empeñado en convertirla en un vehículo para interpretar un papel de tipo duro que no le pega ni con cola y en un vehículo para impulsar la carrera de su hijo, al que, dicho sea de paso, no le hace ningún favor, porque creo que la carrera del muchacho está desarrollándose más rápido de lo que le interesaría para formarse un poco más antes de que caiga sobre su espalda todo el peso de un argumento de estas características, que en contra de lo que pueda pensarse a primera vista (y de lo que pueda pensar su famoso padre), requiere mucho más talento dramático y experiencia ante las cámaras del que él tiene en este momento. Pongo dos ejemplos para que quede más claro, dos historias de supervivencia y aventuras: Yuma (Samuel Fuller, 1957), con un gran Rod Steiger como protagonista, y La presa desnuda (Cornel Wilde, 1966), con un no menos enorme Cornel Wilde haciendo doblete detrás y delante de la cámara. Según veía la película y los esfuerzos de Jaden Smith por estar a la altura del asunto, no he podido impedir caer en la idea de que la tarea lo superaba, y posiblemente sólo un Leonardo Di Caprio joven habría sido capaz de sostener ese personaje que, como digo, tiene mucha más clave dramática de la que pueda parecer a simple vista y no es sólo un despliegue físico. Necesita un actor más forjado que Jaden. Pero no pasa nada. No toda la culpa es del joven actor. Insisto en que a su padre el papel de tipo duro, si bien lo maneja con mayor soltura por su experiencia, también le viene algo grande.

Y podríamos decir que el proyecto también supera los intereses y el campo de actuación en el que puede encontrarse más cómodo Shyamalan, que claramente se siente más a su gusto en los flashbacks con la hermana del protagonista que en la propia peripecia de supervivencia e iniciación juvenil en plan novela de Julio Verne mezclada con algo de Robinson Crusoe. A Shyamalan le va más el drama y la intriga que la acción, y por tanto su épica se queda algo distante del espectador. Además este tipo de trama aventurera requiere más tono visceral que despliegue filosófico o cerebral, y el guión de After Earth se empeña en entrar en el detalle y repetir el flashback innecesariamente hasta hacerse algo cansino y sin aportar nada nuevo al progreso de la historia. El argumento está plagado de detalles vistosos de diseño de producción, como el traje que cambia de color, las jeringas con los analgésicos, etcétera, que realmente no aportan nada especial a la historia, son pura parafernalia exterior. Algo más de sencillez en el planteamiento le habría venido muy bien a esta historia de supervivencia y relaciones entre padre e hijo, facilitando una mejor relación con el espectador, que ante tanta parafernalia se pierde en el laberinto de despliegue de curiosidades de la propuesta que nos distraen del tema esencial y central de la propuesta.

De manera que entretenida sí, pero no tan emocionante como debiera. Aunque para ser sincero, me ha parecido mejor de lo que me esperaba.

Miguel Juan Payán

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