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Criticas en Cartel

Trainspotting 2 ****

Buena película. Buena continuación de los personajes. Buena. Punto.

¡Qué bonito! Vuelve el debate de rigor. Se alzan nuevamente las banderas del subjetivismo modo “me miro la pelusilla de mi ombligo” de cada cual mientras la objetividad escapa por la ventana.

Trainspotting 2 es una buena película. A algunos –no tengo interés en comprobar si a muchos o a pocos, me da lo mismo- les parece inferior a la primera. En realidad no es inferior. Es distinta. Pero vale.

Otros –tampoco los he contado- se suben al caballo de la obviedad y dicen que no es, ni de lejos, una adaptación fiel de la novela Porno de Irwine Welsh. Para esos tengo malas noticias: ni una sola película de la historia del cine es fiel a una buena novela. Y Porno es una muy buena novela. El cine tampoco suele ser fiel a una mala novela. Lo que me recuerda que precisamente antes de ir a ver Trainspotting 2 estuve charlando en la escuela de cine donde curro con unos alumnos –un saludo, Esteban, tío, pero, oye, pon la foto en el campus ya, leches-, sobre Campo de batalla la Tierra, con Travolta en plan híbrido de Tina Turner y Bob Marley. También hablamos del tipo de recipiente de plástico con comida que puede meterse en el microondas de la escuela donde doy clases, pero eso no viene al caso ahora mismo (#hastalasnaricesdelsandwichconmandarina). De hecho sospecho que el cine no es fiel reflejo ni de los textos del envoltorio de una chocolatina. Ni tiene por qué ser fiel a nada de todo lo anterior, ya que atesora más de cien años de vida y, afortunadamente, posee y domina su propio lenguaje. De manera que Trainspotting 2 puede “basarse en” o “inspirarse en” la novela y luego hacer, más o menos, lo que le venga en gana, siempre que el resultado sea una buena película. Y Trainspotting 2 es una buena película.

¿Tan buena como la primera? Pues ni mejor ni peor. Distinta. Entiendo que quienes disfrutaron –disfrutamos- con la primera, y quienes disfrutaron –disfrutamos- con las novelas, podamos tener nuestras propias ideas preconcebidas –y precocinadas, recuerden: #hastalasnaricesdelsandwichconmandarina- sobre cómo debería haber sido esta segunda peripecia cinematográfica de Renton, Spud, Begbie y Simon. Pero eso no tiene nada que ver con lo que piensan el director ni su guionista sobre cómo poner a estos pirados en marcha otra vez. En mi opinión han conseguido reactivarlos, eso sí, teniendo en cuenta, por pura coherencia, que ya no son los niñatos descerebrados de la primera película, sino… los hombres maduros descerebrados y nostálgicos de la segunda.

Las películas son distintas porque sus protagonistas también lo son. Pero no se apuren: siguen siendo un puñado muy majo de descerebrados y además ahora tienen a favor esa pincelada de Peterpanes nostálgicos que les adorna y refuerza, prestándoles cierta pátina de perdedores picarescos en el comienzo de su crepúsculo. En algún caso, como en los personajes de Begbie y Simon, eso les hace crecer y ser más interesantes como personajes que en la primera entrega, donde eran poco más que rápidas pinceladas y nos quedamos con ganas de saber más sobre ellos. Es algo que comparten ambas películas y las novelas: transmiten la sensación de que cada uno de estos cuatro tiene su propia historia. Y la tienen, claro está. Pero es que además, en el caso de Spud, presentado con ese homenaje a Toro salvaje que define perfectamente al personaje desde el comienzo del relato, le lleva a reforzar y adquirir muchos más matices como juglar y cronista adquiriendo y aportando un matiz poético urbanita y un punto desgarrado, pero sin perder el sentido del humor. Cierto es que en ese juego de evolución, Renton es el que menos crece… salvo por ese impagable principio en la cinta del gimnasio que tan bien define al personaje. Es el que menos crece de una película a otra porque realmente, como te deja muy claro ese principio del relato, Renton no es nada sin sus tres colegas. Así que en este caso los protagonistas son sus tres colegas y él es nuestro pretexto para entrar en sus vidas.

De manera que comprendo que algunos echen de menos en esta segunda aventura el gamberrismo juvenil desatado de la primera, pero es que ese no es el tema de esta segunda película. Estos tipos no han madurado nada, se siguen metiendo de vez en cuando, pero Danny Boyle no quiere darnos más de lo mismo por mucho que estemos hundidos hasta las trancas en la fiebre de la secuelitis y las películas en series. Prefiere rodar otra película y en mi opinión consigue un buen resultado en el reencuentro con estos personajes. Tan bueno que me gustaría ver una tercera entrega dentro de unos años, y saber a dónde demonios han ido a parar estos tipos disparatados.

Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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