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Criticas en Cartel

Un reino unido ****

Buena propuesta que sabe combinar bien la historia con el romance.

Esperaba una peripecia romántica más simplona y previsible, pero me he encontrado una película bastante más interesante de lo previsto y bien manejada para que el romanticismo no devore lo más curioso de lo que se nos cuenta, que es el enredo geopolítico relacionado con la situación en Sudáfrica después de la Segunda Guerra Mundial y el nuevo paisaje que para la misma plantea la decisión de los protagonistas sobre su vida personal. Preciasamente el encaje de lo privado y personal con los acontecimientos históricos es lo más positivo de este largometraje que se desarrolla como una película de intriga en clave histórica mostrando además la política y la lucha por el poder desde un punto de vista que no suele ser habitual y casi nunca aparece en este tipo de películas: el de los colonizados, en lugar de el de los colonizadores. En el caso que nos ocupa la película deja muy claros los turbios manejos políticos de un Imperio británico en decadencia tras la pérdida de poder y territorios en la Segunda Guerra Mundial, en beneficio las más de las veces del nuevo papel de “policía del mundo” detentado tras el conflicto por los Estados Unidos. Los británicos se resisten a aceptar ese ocaso de su papel como árbitros de la geopolítica internacional, y eso es principalmente lo que cae como una losa sobre la pareja del rey negro de Bechuanalandia cuando decide casarse con una oficinista británica blanca. Los hechos reales en los que se basa la película eran pródigos en sugerencias que podrían haber servido en otras manos para fabricarse un dramón romántico de sacrificio sentimental desgarrado y armado con todas las galas del melodrama, pero afortunadamente no es así y se impone aquí una calidad en la propuesta de la que hay que decir que posiblemente el tráiler no refleja su propia naturaleza. Esto no es una variante de Memorias de África, sino una curiosa visita a la trastienda de la manipulación imperialista de las colonias en el proceso de descolonización. Naturalmente hay hueco para la trama romántica, pero sin abusar, sin forzar las emociones del espectador, si bien dándole a los aficionados y aficionadas a las películas de trama sentimental suficiente carnaza para que puedan masticarla y quedar satisfechos. Pero lo mejor es que el resto de los espectadores reciben una especie de lección bien ilustrada sobre cómo y por qué Inglaterra administra sus territorios de protectorado con una arrogancia derivada de sus necesidades económicas. Por ejemplo vemos incluso a un personaje explicar lo mucho que necesita la libra el respaldo de las reservas de oro de la racista Sudáfrica que se está planteando el Apartheid y a la que no le hace ninguna gracia el matrimonio entre un soberano negro del país vecino con una blanca, y cómo cualquier movimiento a nivel político internacional en la zona se presta a todo tipo de manipulaciones es interpretaciones incluso desde el punto de vista del enfrentamiento paulatino entre los bloques surgido de la Segunda Guerra Mundial, Stalin incluido. Queda así claro que sí, hay historia de amor, pero no es sólo una historia de amor sino un maduro ejercicio de narración con claves históricas muy propio de la producción británica en este tipo de género y muy defendido por sus actores.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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