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Logan *****

El cine de superhéroes madura con Logan, la mejor película de toda la saga mutante.

Si tuviera que ponerle titular a este texto sería: Superhéroes: mutando con los mutantes. En las últimas semanas las producciones de superhéroes de la Fox están proponiendo la maduración de las propuestas del género superheróico más allá de los límites de clasificación por edades del resto de las propuestas que nos llegan de otros estudios. Y lo aplaudo. Porque es una manera de evitar que el cine de superhéroes se estanque: ampliar el abanico de posibilidades. La propia Fox ya trabajó en ese sentido con Deadpool, la película de Masacre, y en televisión otra serie de Fox, Legión, está llevando la temática superheróica en la pequeña pantalla a nuevas e interesantes propuestas visuales y narrativas que me tiene totalmente enganchado. Ahora Fox persiste en esa apuesta por llevar lo superheroico a propuestas más adultas y cine de más madurez en pantalla grande con Logan, que además, por primera vez, nos trae al Lobezno de las novelas gráficas, a la mejor versión del personaje en las viñetas, saludablemente liberado de las limitaciones que impone el empeño por llegar a público de todas las edades sin que te corte las alas la sibilina censura comercial que domina el cine de acción y evasión de nuestros días. Pero además, la propuesta de Logan hace madurar al propio personaje y su entorno hasta niveles que no le hemos conocido antes en el cine, y con él madura el propio género de superhéroes. No me extraña que algunos hayan pensado en El caballero oscuro después de ver esta película, aunque las comparaciones entre ambas radiquen únicamente en ese empeño por llevar el cine “con” superhéroes, y no “de” superhéroes (creo que ahí radica el acierto de estas producciones), más allá de lo que hemos visto hasta el momento.

Hugh Jackman quería despedirse del personaje –o hacer un parón en el mismo- por la puerta grande, y lo ha conseguido.

¿Cómo lo ha conseguido? Voy a intentar explicarlo de manera sencilla.

Estamos ante un Logan perdedor y humanizado, en una historia de esas de crepúsculo del héroe de otros tiempos en el final de su camino. Y todo en la película, desde la luz a las localizaciones, rezuma esa idea de ocaso de la leyenda que claramente está inspirada no sólo en el western Sin Perdón de Clint Eastwood, que ya sirviera como inspiración a Mark Millar uno de los mejores ciclos del personaje de Lobezno, Old Man Logan, sino que además sirve como referente aquí de ese concepto esencial de la mitología: el ocaso de las leyendas. Un Logan más humano es también un Logan más cercano. Y además rodeado por un entorno y personajes que son todo un canto funeral brillante de la era mutante que conocimos en manos de Bryan Singer.

Logan no es sólo Logan. Es también el profesor Xavier. No sólo Jackman consigue una brillante despedida del personaje que le dio la fama en esta película. Patrick Stewart completa su ciclo en el personaje del profesor X con un guión que es un auténtico caramelo para que pueda lucir su talento. De manera que no estamos ante un “one-man show” del mutante de las garras afiladas, sino en una estructura de protagonismo a tres bandas en el que la subtrama de relación padre-hijo entre Logan y Xavier palpita como una dinamo emocional que mueve toda la historia y queda plenamente materializada en esa cena donde los dos recuerdan su pasado en la Escuela de Mutantes de Xavier, alcanzando un tono emocional demoledor y muy cercano para el espectador en esos momentos en que Logan empuña la jeringa como si fuera a darle una puñalada a Xavier, atravesando de un salto todos los abismos generacionales entre padres e hijos que son en realidad el corazón de esta historia. Es muy coherente que en esta película ambos personajes cierren un ciclo que comenzaron en la primera película de los X-Men de Bryan Singer. Y además su enorme química en la pantalla, rodeados de ese tono crepuscular que comentaba antes, encuentra un corolario brillante en la incorporación de la tercera pieza de ese puzle argumental sobre el legado que materializa el personaje de X-23 interpretado por Dafne Keen. Una actriz capaz de medirse con Jackman y Stewart y hasta robarles plano si hace falta. La aparición de Dafne en la película es un fenómeno similar al que consiguiera Kirsten Dunst en Entrevista con el vampiro y Chloë Grace Moretz en Kick Ass, pero su peso en el relato y su demoledora presencia y personalidad recuerdan más al trabajo de Natalie Portman en Léon, el profesional. Lo que ocurre es que Dafne es aún más pequeña de lo que eran cualquiera de las anteriores cuando interpretaron esos personajes, y además recae sobre ella mayor peso y exigencia, plano por plano, porque los creadores de la película han sido mucho más ambiciosos para su papel, otorgándole toda la responsabilidad de ser la tercera protagonista por derecho de la película junto a Jackman y Stewart. La química entre estos tres actores ante las cámaras es la magia de este largometraje que más allá de tramas y subtramas de mutantes con poderes especiales que dudan de su propia identidad y su papel en este mundo en una clave casi existencialista nos cuenta en realidad la historia de una familia disfuncional en la que cada uno de sus miembros intenta mantener con vida los últimos rescoldos de capacidad afectiva que les ha dejado una vida particularmente maltratadora y cabrona. Hay momentos que me han hecho pensar en una versión salvaje y oscura de Pequeña Miss Sunshine.

Añadan a todo lo anterior un guión muy sólido e interesante, una abundante y bien pensada ración de secuencias de acción trepidante y enfrentamientos brutales que rinde homenaje a algunos de los mejores momentos del personaje de Lobezno en las viñetas, y unos antagonistas competentes muy bien llevados.

Un ejemplo final para que recuerden cuando vean la película: aquí Logan acaba en una granja, como en su primera aventura en solitario, pero la resolución final de esa parcela de la trama y la última reacción del personaje de Eriq La Salle con la escopeta son toda una manifestación del concepto que rige toda esta película: ¡sin cuartel!

La película de mutantes que más me ha gustado de toda la saga, y la que me ha dejado más satisfecho por su solidez como película, al margen de las tramas superheróicas. No había experimentando esa sensación desde que vi El caballero oscuro.

Incluso aunque no hayas leído un solo comic de superhéroes en tu vida ni te interesen lo más mínimo estos personajes, ésta es una película que deberías ver, porque algunas de sus secuencias y planos respiran el mismo aire que el western crepuscular de Sam Peckimpah y las películas de perdedores de John Huston, tipo Fat City.

Y al final todo gira en torno a algo tan humano como el postrero intento de un tipo maduro que descubre demasiado tarde lo mucho que necesita ejercer como hijo y como padre… mientras clava sus afiladas garras en casi todo lo que le sale al paso.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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