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El fundador ****

Michael Keaton borda un papel hecho a su medida en una de las películas más curiosas del año.

El fundador es primero y ante todo una crónica muy bien articulada sobre cómo opera el fenómeno de las franquicias tomando como epicentro del relato una de las más exitosas empresas de los Estados Unidos. A través de la historia del fundador de McDonalds, el director consigue levantar al mismo tiempo una ilustrativa crónica sobre la creación de un gigante del capitalismo extendido por todo el mundo, y con ella y sobre todo uno de los personajes más interesantes que ha interpretado Michael Keaton a lo largo de su carrera. El largometraje toma como trasfondo y pretexto la génesis de la empresa de las hamburguesas para profundizar con gran habilidad visual en el conflicto al que se enfrenta el protagonista, que se convierte en metáfora en carne y hueso del pulso entre el éxito y el fracaso que parece pesar permanentemente sobre el capitalismo en general y la sociedad estadounidense en particular. Dos formas de entender el liderato se enfrentan en la película. Por un lado el liderato creativo, eficaz pero privado de la ambición y el hambre inagotable de éxito representado por los dos hermanos McDonaldque piensan y sientan las claves para conseguir el éxito de la pequeña empresa. Por otro el liderato agresivo, arrollador, de apisonadora, de Kroc, que no necesita crear nada para sacarle partido a la idea de otro y perfeccionarla como máquina de hacer dinero con las distintas contribuciones creativas o dinerarias de otros. Ocurre cada día en distintas empresas: unos crean y otros se nutren del talento ajeno, especialmente del de aquellos que carecen de la ambición necesaria para convertirse en depredadores.

Lo más interesante y acertado de El fundador es que no se deja atrapar en conclusiones maniqueas sobre sus personajes y mantiene una pulcra objetividad a la hora de seguirle los pasos a su personaje central, dejando que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones sobre la manera de proceder del mismo. Al final consigue así que salgamos del cine con la sensación de que entendemos a Kroc, por reprobable que nos resulte su conducta, al tiempo que los dos hermanos se ganan nuestra simpatía, pero en el fondo pensamos que fueron un poco pardillos. O, dicho de otro modo, consigue hacernos en cierto modo cómplices de Kroc, que si bien opera en una clave más distendida y festiva, recuerda en algunos aspectos, salvando todas las distancias que ustedes quieran, al magnate interpretado por Orson Welles en Ciudadano Kane y al petrolero al que diera vida Daniel Day Lewis en Pozos de ambición, dos películas más oscuras que la que nos ocupa, pero igualmente reveladoras sobre la materia prima de la que están fabricados los magnates de la industria y la economía de nuestro tiempo.

El arranque de la película con Kroc hablando a la cámara e intentando vendernos a los espectadores su discurso son toda una declaración de intenciones del director sobre el tono directo que va a emplear para contarnos su historia, en la que abundan los momentos en que se nos permite empatizar e incluso entrar en el diálogo interior de ese personaje que debería resultarnos rechazable pero en el fondo nos cae simpático, de una manera inquietante, porque vemos en él al emprendedor ambicioso, pero también al pícaro que sólo intenta poner tierra por medio entre él y sus anteriores fracasos. La secuencia ante el espejo, escuchando esa especie de salmodia del disco de autoayuda y mejora personal que arrastra junto con el tocadiscos en su vagabundeo de ventas por toda la geografía estadounidense, lo convierten en una nueva clase de pionero que busca oportunidades como en épocas anteriores los colonos buscaran terreno fértil en el que reinventarse su vida y escapar de sus fracasos anteriores. Los espejos constituyen así un elemento esencial que forja visualmente la imagen de esta especie de antihéroe que en una película más convencional y previsible podría haberse presentado como el antagonista de una fábula mucho más aburrida.

< Además quiero llamar la atención sobre un detalle que me parece significativo: al contrario de lo que ocurre en Gold, con la que de alguna manera El fundador comparte muchas cosas respecto a su fórmula argumental, aquí el guión sí consigue darle a los personajes que acompañan a Keaton/Kroc en su viaje la personalidad necesaria y su propio espacio para poder desarrollarse y servir como apoyos al protagonista. Tomen como ejemplo de ello a la esposa interpretada por Laura Dern, a los hermanos McDonald que interpretan John Carroll Lynch y Nick Offerman, al abogado interpretado por B.J. Novak, o al matrimonio al que dan vida Linda Cardellini y Patrick Wilson. Independiente del tiempo en el que estén en pantalla, sus contribuciones están bien reforzadas en el guión y la puesta en escena como para que sean activos eficaces para ayudar a contar la historia y un competente respaldo para el trabajo de Keaton como protagonista.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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