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Le llamaban Jeeg Robot ***

Buena película que le da otra vuelta de tuerca al tema de los superhéroes en el cine.

El cine italiano vuelve a demostrar su originalidad y riqueza de propuestas cuando aborda los géneros y tendencias dominantes en cada etapa del cine más comercial. Si en etapas históricas anteriores le tocó el turno al cine de romanos que convirtieron en Peplum, al western que convirtieron en western mediterráneo (o espagueti western si ustedes lo prefieren), al terror y la intriga que transformaron en el giallo, etcétera, ahora, como no podía ser menos, se atreven a morder la rosquilla del cine de superhéroes con su habitual habilidad para mezclar referencias y propuestas de una cultura ajena con las señas de identidad propias, sin renunciar a pinceladas de cine de explotación absolutamente disparatado que hacen furor entre los incondicionales del frecuentemente interesante ceremonial de hibridación que practica el cine italiano con cualquier género que les llegue a la puerta procedentes de otro entorno sociocultural.

En Le llamaban Jeeg robot el aporte que llega del exterior es doble. Por un lado tenemos el cine de superhéroes que domina actualmente en la producción estadounidense y cuya fuente suelen ser las viñetas de los cómics, convenientemente remozadas y adaptadas para la explotación cinematográfica o televisiva. Pero en ese sentido hay que aclarar que el camino elegido por los creadores de esta interesante película no es el de las actuales superproducciones que abordan este asunto llenano la cartelera de coloristas propuestas, sino que se trata más bien de seguirle la pista a una película que hizo las veces de prólogo de esta invasión de superhéroes que ahora vivimos tiñéndola de tonos tenebrosos y hasta de alguna que otra inquietante pincelada de terror, El protegido, de M. Night Shyamalan. Podríamos decir que Le llamaban Jeeg robot está en esa misma línea, si bien luce los cambios obvios de traslado de una cultura a otra, trocando las claves del cine comercial norteamericano por las muy oportunas características propias, lo que da lugar a una versión más triste que se despliega majestuosamente por el entorno urbanita más cercano y deteriorado de la geografía romana, sacando el máximo partido a los ambientes más marginales tanto en los espacios externos como en los espacios internos. Es muy interesante cómo lo personajes que van apareciendo en la pantalla quedan presentados también por el entorno en el que se desenvuelven, tanto en el caso del protagonista como en el de los antagonistas. Eso le permite ganar en verosimilitud recogiendo de paso cierta herencia de tratamiento de la realidad que casi podríamos decir viene heredada de los más remotos antecedentes emocionales del Neorrealismo mezclados con un tono de feísmo cotidiano que junto con una marcada tendencia a convertir a sus héroes y villanos en títeres enlaza con las propuestas ya mencionadas del western mediterráneo. Puestos a buscar antecedentes aprovecho para apuntar aquí que en algún momento la propuesta me ha recordado El corazón del guerrero, dirigida en 1999 por Daniel Monzón, que intentó hacer algo similar con el cine de fantasía, espada y brujería y los juegos de rol.

La otra fuente de inspiración que maneja Le llamaban Jeeg robot es el género de animación de robots gigantes japonés, y más concretamente la serie Jeeg Robot, creada por Go Nagai, creador también del célebre Mazinger Z. En ese sentido, la película se despliega en clave de homenaje a la inocencia perdida, centrando esa subtrama en el personaje de pasado terrible que Alessia, pero al mismo tiempo aprovecha para sugerir, sin mostrar y dejando que el espectador llegue a sus propias conclusiones, los acontecimientos que han marcado la vida de esa pobre muchacha, co-protagonista de la trama y que de algún modo cumple también el papel de conciencia o Pepito Grillo del atribulado y desorientado protagonista. La relación entre ambos propicia además una subtrama de carácter sentimental que lejos de ser un lastre para el resto del relato se convierte con naturalidad en el epicentro del mismo, reforzándolo. Finalmente el papel de villano, Zingaro, interpretado por Luca Marinelli, tiene esa cualidad de seducir y al mismo tiempo repeler que lucen muchos de los antagonistas del western mediterráneo y casi todos los supervillanos y antagonsitas que aparecen en el manga y el anime japonés, con esa ambigüedad que les caracteriza y que hizo furor en algunos de los enemigos jurados del célebre Mazinger Z, como el Barón Ashler (Ashura).

En conclusión: una buena película que tiene mucho más contenido del que puede deducirse de su trailer y además es una propuesta muy seria de reflexión sobre el subgénero comercial de los superhéroes y la influencia de la cultura popular en nuestra sociedad.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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