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Sí, es cierto, es más grande, más larga y más dura que la primera. Y mejor. Porque en esta ocasión tanto Ryan Reynolds como los dos guionistas de la película, que repiten de la primera entrega, Rhett Reese y Paul Wernick, han trabajado para darle a Deadpool un puntito que lo lleve hacia adelante. A todos los niveles es más película, está mejor construida y armada que la primera. Tiene un guión más compacto (sin las necesidades y los encorsetamientos a los que a menudo somete la fórmula de orígenes de un personaje), mayor presupuesto, menos miedo aún que en la anterior (echando por la borda cualquier rastro de corrección política que quedase, si es que quedaba alguna), un reparto superior (incluir a Josh Brolin siempre es un acierto, pero cuando entre los secundarios hay nombres como Eddie Marsan, la película se dispara por momentos, y eso se nota) y también, para qué engañarnos, un mejor director. Por mucho cariño que le tengamos a Tim Miller, por mucho que crease el tono visual de la franquicia, o incluso su experiencia con los efectos visuales… David Leitch es mejor director. Es sencillo. Leitch, quien codirigió John Wick y además dirigió Atómica, es un virtuoso de las escenas de acción, de la estética y la fotografía, y eso tampoco estaba precisamente presente en Deadpool, también debido a su moderado presupuesto. Pero es cierto que Leitch tiene un algo para las escenas de acción que convierten el espectáculo de las mismas en algo diferente…

Tim Miller era un director primerizo, y Leitch ya viene fogueado de dos películas bastante potentes, visualmente, una de ellas un referente para el cine de acción de los últimos años, como es John Wick. El director de Deadpool 2 quizá no haya aprovechado la oportunidad para cambiar las reglas del juego con esta secuela, pero en realidad no hacía falta. Podíamos exigirle que no fuese una película continuista, que cambiase de marcha, que se saltase todo lo visto realmente en la película anterior, pero no lo hacemos con ninguna, ¿por qué ahora? Es cierto que la película deja al espectador con la sensación de que no hay nada que pueda sorprenderle realmente en Deadpool 2, como sí sucedía con una primera entrega en la que todo parecía inesperado. Deadpool es una sátira del mundo de los superhéroes, y con su aparición no sabíamos hasta qué punto sería capaz de llevar los chistes, las bromas y la violencia. Ahora ya lo sabemos, ya no nos sorprende tanto. Ha perdido esa capacidad por el camino. ¿Es eso malo? No, porque no baja el ritmo ni se detiene, porque no hace prisioneros (la mayor parte del tiempo) y porque la película sabe ir un paso más allá (los cameos son demenciales, como las escenas postcréditos de la película, que consiguen aún más carcajadas que la propia película, y creíamos que eso no era posible…). Pero es una secuela, y como tal no sorprende como lo hizo la primera entrega.

A Reynolds no vamos a descubrirle ahora. Su presencia en la película lo es todo. Es Deadpool en cuerpo y alma, y aunque no le veamos debajo de la máscara, sabemos que está allí. Es cuestión de cómo se mueve, cómo habla… El actor está frente al papel de su vida y lo sabe. Es su niño pequeño y aquí deja de nuevo esa sensación de que el personaje está por encima del actor, que puestos a elegir, Reynolds elegiría al personaje por encima de sí mismo (el número de bromas sobre su persona parecen confirmarlo). Claro que además de eso, tenemos a Josh Brolin, quien no sólo viene de ser Thanos y darle a Marvel su villano definitivo, sino que además tiene en esta película la oportunidad de dar vida a otro personaje mítico de Marvel, pero del universo mutante. Su personaje es la parte seria de la trama, un tipo tan oscuro y depresivo, que podría ser un personaje de DC. El carisma y el talento del actor son todo lo que necesitamos para que sea la encarnación perfecta del personaje. Zazie Beetz merece ser mencionada, porque su Dominó es una pequeña maravilla que roba escenas con una facilidad pasmosa. Y también tenemos, como os decía, a gente como Eddie Marsan, un pedazo de actor capaz de componer un personaje con ecos de muchos otros de X-Men en apenas cinco minutos. Y además tenemos varios cameos, cada uno más delirante que el anterior, cada uno más divertido. Y gente como Terry Crews o Bill Skarsgard que no son moco de pavo…

La película tiene más poso dramático, una historia más equilibrada, un mejor desarrollo de personajes, lo que permite que nos metamos más en la misma. Se disfruta incluso más que la primera. Aunque tenga un enorme pero, que perdonamos debido a la calidad del resto de la producción. Se trata del tono excesivamente edulcorado y cargado de ñoñería de un aspecto del guión que no se puede revelar sin hacer spoiler, pero que lo veréis en cuanto empiece la película y lo seguiréis viendo según la historia avance. Es algo que carga demasiado las tintas en un aspecto en el que Deadpool no debería cargar las tintas. Pero se lo perdonamos, por supuesto, porque absolutamente todo lo demás brilla con un nivel espectacular. Se nota el mayor presupuesto, y las escenas de acción son brillantes, algunas incluso, como el tramo final, realmente magníficas. Y por supuesto el humor, la clave de todo. Hay más trama que en la primera entrega, pero esto sigue siendo una parodia, una sátira del mundo de los superhéroes, con continuas rupturas de la cuarta pared y chistes de metalenguaje, de autorreferencia, autoparodia… No se frena y no se pierde por el camino, y cada vez que se pone un pelín moñas, regresa todavía con más fuerza con u nuevo arrebato de humor salvaje y delirante. Si sigue manteniendo este nivel, tenemos Deadpool para largo, lo que a un género tan saturado como el de superhéroes le viene muy bien. Si sigue a este nivel, repito.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Modificado por última vez en Viernes, 18 Mayo 2018 08:01
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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