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Consigue lo que se propone: entretenimiento y evasión. Competente secuela del original.

Es la tercera mejor entrega de la serie tras Depredador y Depredador 2, al menos según mi opinión, y además consigue rendir homenaje a la original y al cine de los ochenta y sus disparates trepidantes para disfrute gamberro del género de aventuras y fantasía manteniendo el estilo que caracteriza las películas de su director.

Suficientemente sangrienta para no ser una farsa, es visualmente la más explícita de toda la saga, no ha hecho pacto para buscar calificación por edades más amplia, y eso es bueno, porque de ese modo, Shane Black puede soltarse la melena y hacer el tipo de entretenimiento para adultos que requiere esta saga.

Además en algunos aspectos de ampliación de la mitología y el paisaje de la franquicia, se acerca a algunas de las versiones de la misma en los comics editados por Dark Horse, siendo el personaje de Olivia Munn lo mejor y lo que más se acerca a esa otra explotación de la saga en el cómic que de Depredador 2 en adelante siempre ha sido superior a lo que han hecho con estos alienígenas cazadores en el cine. Black sabe cómo rendir homenaje a la primera película de la saga, en la que participó, al mismo tiempo que impone sus propios rasgos como director, esencialmente asentados sobre la premisa de una celebración de humor gamberro y totalmente friqui del cine de la década de los ochenta del siglo pasado. La idea de los pirados rinde homenaje al típico grupo de héroes de comando del cine de acción, pero haciéndola girar hacia el territorio de la parodia en muchos momentos, de hecho, Black llega a parodiar un chiste de su contribución a la primera película con el diálogo del personaje de Thomas Jane, al tiempo que reúne un puñado de momentos de pura caricatura de ese concepto del héroe del cine ochentero, haciendo una inteligente mezcla con el personaje del protagonista del Dutch interpretado por Schwarzenegger en Depredador cruzado con el personaje del ex policía divorciado que encarnara Bruce Willis en El último Boy Scout, en la que él mismo participó como guionista y que en lo referido a guión sigue siendo el mejor ejemplo para definir su estilo como narrador de historias en el cine, aunque aquella la dirigiera el ya fallecido Tony Scott.

Estamos por tanto ante un caso de competente reedición, actualización y explotación de las claves principales que definieron el cine de acción más comercial en la década de los ochenta, al mismo tiempo que Black consigue superar con la fluidez y solvencia para fabricar productos de entretenimiento habitados por personajes muy funcionales y que enganchan siendo poco más que meros bocetos. Trabajando desde la máxima economía narrativa en lo que se refiere a desarrollar muy ligeramente a sus personajes como estereotipos con gracia -algo que no se le puede reprochar a esta película, porque esa misma definición podríamos aplicársela a los personajes de Depredador, que en su exceso de testosterona llegaban a provocar cierto repeluco en su exhibicionismo físico-, Black desmonta esa imagen de “machos” de los miembros el comando protagonista del original para mirarla con cierta nostálgica sorna a través de un eficaz puñado de pirados pasados de vueltas que rozan lo surrealista cuando no se zambullen en el disparate y disfrutan plenamente, como el propio espectador, ejerciendo su condición de tópicos.

Esa capacidad para reconocer su propia naturaleza como producto de evasión, guiñando a los tópicos ochenteros de las mismas -no falta ni la fiesta infantil de Halloween ni la definición del héroe con el monólogo de su esposa, ni la pelea por mantener la familia unida contra todo pronóstico, invasiones extraterrestres incluidas, ni el ajuste de cuentas con los matones de la escuela, etcétera-, es, junto con el tratamiento del personaje y el trabajo de Olivia Munn lo mejor de la película junto al niño Jacob Tremblay, capaz de darle entidad a un personaje estereotípico, y la competencia de Boy Holbrook para proponernos un tipo de héroe con personalidad propia dentro de la saga.

Resumiendo: me lo he pasado bien viéndola y es lo que esperaba ver, para mejor. Hay que tener claras las expectativas sobre lo que uno va a ver al cine para luego no llamarse a engaño.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Last modified on Sábado, 15 Septiembre 2018 21:58
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