Crítica de la película Armas de mujer (1988)

Melanie Griffith en su mejor papel

Seguramente que muchos de los lectores no conocerán esta película pues no suele salir nunca en ningún ranking pero no por ello es menos disfrutable y meritoria de reconocimiento. Estrenada en 1988 y dirigida por Mike Nichols (¿Quién teme a Virginia Woolf?, El graduado, La guerra de Charlie Wilson…), la película estuvo nominada a seis Oscars, aunque sólo consiguió llevarse el de mejor canción (Lets the river run, de Carly Simon).

Sin embargo, la película no sólo tuvo el respaldo de la academia de Cine con esas nominaciones, sino que también recibió muy buenas críticas y fue un taquillazo en toda regla recaudando 103 millones de dólares de los 28,6 millones de presupuesto.

La película empieza con una secuencia sensacional en la que sobre volamos la Estatua de la Libertad y nos acercamos a un ferry lleno de trabajadores que viajan cada mañana a la ciudad de Nueva York para desempeñar sus trabajos de “curritos” y entre ellos se encuentra Tess McGil (Melanie Griffith), quien se convertirá en la joven secretaria de una mujer de negocios llamada Katherine Parker (Sigourney Waver).

Tess se desvive día a día por su trabajo con la esperanza de encontrar una oportunidad para crecer y prosperar en la vida. Es entonces cuando le presenta a su jefa una idea que ella considera brillante pero Katherine desprecia la misma porque no cree que tenga futuro.

Cuando Katherine decide irse de vacaciones a esquiar, dejará a Tess al cargo de su casa y sus asuntos importantes pero la mala suerte hará que Tess descubra que la idea que había presentado no era tan mala ya que su jefa estaba elaborando un proyecto atribuyéndose la autoría de la idea de Tess.

Es entonces cuando Tess aprovecha que su jefa sufre un accidente esquiando (rompiéndose una pierna) por lo que estará un tiempo fuera, y decide recuperar su idea haciéndose pasar por Katherine, usando su ropa y su casa como si fueran suyas. Por supuesto, también se apropia de su agenda, manteniendo las reuniones de su jefa entre la que se encuentra una cita en el despacho con Jack Trainer (Harrison Ford), un importante ejecutivo interesado en su idea, con el que congenia de maravilla, consiguiendo que el proyecto progrese rápidamente. Pero claro, algún día tendrá que volver su jefa y la trama se complicará inevitablemente.

Una de las cosas que mejor refleja esta película es la despiadada mentalidad empresarial en la que todo vale para conseguir los objetivos, que en esta ocasión no es otra cosa que robar el talento (las ideas) a una persona que está por debajo de tu posición confiando en que esa persona, conocedora de esa inferioridad laboral, no hará nada para evitarlo porque, como diría nuestro querido Apollo Creed: la falta la mirada del tigre.

El personaje de Tess representa a esa sociedad trabajadora, luchadora, que se sacrifica cada día por progresar en sus respectivos trabajos pero que en la mayoría de los casos parece que tienen un techo laboral máximo al que pueden o deben llegar y de ahí, no te mueves. En esta ocasión, sólo cuando Tess decide asumir riesgos, cruzar esas líneas rojas como diciendo “no tengo nada que perder”, es cuando empieza a crecer, iniciándose en el buceo entre esos tiburones de Wall Street que sólo buscan el éxito personal y que muchas veces es confundido con el éxito empresarial. Es decir, el famoso “todo vale” mientras yo me pueda lucrar de ello y me sirva para mantener o mejorar mi status social, independientemente de si beneficia a la empresa o no, por ejemplo, el caso de Katherine, que es lo que vulgarmente se conoce como una “trepa”.

Sin embargo, Tess quiere conseguir el éxito gracias a su talento, porque sabe que tiene el talento necesario para poder llegar a un puesto ejecutivo y lucha cada día para conseguirlo, de manera limpia. Además, al final de la película veremos que su cambio de status no provoca dejar atrás su pasado (es decir, que sabe de dónde viene), manteniendo su relación de amistad con una de las personas que siempre la han ayudado a mantenerse a flote al menos psicológicamente, como ese salvavidas en medio del océano, su amiga Cynthia (Joan Cusack), quien consiguió una nominación a mejor actriz de reparto y que tiene algunas escenas sensacionales en la película como cuando se hace pasar por secretaria de Tess y le ofrece al personaje de Harrison Ford "¿Un café, una Coca Cola, una servidora?”.

El elenco de actores es perfecto, con un trío de protagonistas que levantan la película con su sola presencia, encabezado por Harrison Ford (que no aparece hasta pasados 35 minutos del metraje), Sigourney Weaver y Melanie Griffith, quien dio muchos problemas durante el rodaje debido a sus ya conocidas adicciones a la cocaína y la bebida, provocando varios retrasos en el set porque era incapaz de decir su diálogo. Esto la salió caro ya que por cada retraso provocado por estos motivos tuvo que pagar la friolera de 75.000 dólares en compensación, es decir, la salía más cara la “multa” por los efectos de las drogas que la droga en sí…

Para el papel de Tess fueron candidatas Geena Davis y Michelle Pfeiffer que ya eran actrices conocidas pero los productores buscaban una actriz que cuando tuviera las gafas puestas pasara desapercibida pero, cuando se las quitara, tuviera una belleza exuberante, como un Clark Kent-Superman pero en femenino…. El poder de las gafas, amig@s!

Los personajes secundarios en esta película también son de diez: Joan Cusack, Alec Baldwin, Kevin Spacy y Olympia Dukakis. A día de hoy sorprende el pequeño papel que tuvo Spacy pero, por aquel entonces en el año 1988, el actor era un desconocido en la gran pantalla, por lo que cuando le llamó el director para suplir la baja del actor original que iba a hacer su papel, cogió un coche y fue aprendiéndose el guión por el camino. Un poco como Tess, buscando esa oportunidad para saltar al estrellato aunque fuera con escenas de 3 minutos.

Antes de que Baldwin aceptase el papel de Mick, el novio de Tess, había hecho la audición para interpretar a Jack Trainer pero finalmente Harrison Ford le quitó el papel, vamos, que le robo “la merienda”.

Otro de los grandes aciertos que tiene la película son sus sensacionales diálogos que siguen siendo vigentes a día de hoy, como por ejemplo: "Leo muchas cosas. Nunca sabes de dónde pueden surgir las grandes ideas", "Nunca quemes tus naves. El capullo de hoy es el magnate de mañana" o "Tengo una mente para las finanzas y un cuerpo para el pecado. ¿Hay algo de malo en eso?", "Viste vulgar y sólo verán el vestido. Viste elegante y sólo verán la mujer".

En conclusión, estamos ante una película que es muy entretenida y que utiliza la comedia de manera ingeniosa para mostrar el mundo despiadado en el que se mueven las altas esferas en los negocios y que cuenta con una banda sonora sensacional. A pesar de lo que mucha gente piense, esta película es bastante feminista y que ya en los años 80 planteaba temas que a día de hoy están más vivos que nunca y, además, veremos que el mayor obstáculo para que nuestra protagonista crezca profesionalmente es precisamente una mujer, su jefa Katherine, que es una trepa de cuidado. Sólo cuando decidimos arriesgarnos, salir de nuestra zona de confort es cuando nuestros sueños están un poquito más cerca. Y esta me parece una muy buena moraleja para cerrar esta crítica, que el esfuerzo y el talento al final acaba siendo recompensado o, como dice la cantante Carly Simon en la propia canción de la película: “Deja que los soñadores despierten a la nació/Let all the dreamers wake the nation”.

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Miércoles, 13 Febrero 2019 07:34
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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