Valedora de los Premios a la Mejor Película, Guión, Música y Premio de la Crítica en el pasado Festival de cine de Málaga, por fin llega a nuestras pantallas esta historia, pequeña, dentro de la filmografía de su directora, pero grande en el retrato de sus personajes.

No hay nada en ella que traicione las constantes a las que ya nos tiene acostumbrados el cine de esta directora, maestra en el arte de explicar la crudeza, la dificultad y la incomunicación que muchas veces encierran las relaciones familiares, con especial atención a las paterno-materno-filiales.

Es docta en meter el dedo en la llaga de sus personajes y hacerles hablar cuando no quieren.
A golpe de sinceridad de la que mata y de vehemencia de la que estremece la realidad que dejan siempre las heridas cerradas en falso de temas pasados inconclusos, escabrosos, sale al encuentro de padres e hijos, cojos emocionalmente, incapaces de mostrar la cercanía y el diálogo que requiere cualquier resolución a un problema y forzarles a tomar el toro por los cuernos y resolver aunque sea a coces.

Su animalario humano lo conforman el secreto, la incomunicación, la soledad como si fueran en sí mísmos, sustantivos animados que campan a sus anchas intentando sobrevivir a la vida como si de un personaje más se tratara habitando las estrecheces del alma de gente que habita su presente, buscando intentar hacer lascosas bien o más o menos bien.

Pero lo más interesante del cine de Gracia Querejeta es el cariño que le toma y con el que trata a sus personajes desvalidos. Los comprende, sin justificarles y les demuestra que uno siempre es fruto de sus circunstancias y que casi siempre, uno recoge lo que ha sembrado en tiempo y que, como en el caso que nos ocupa, todo tiene su recompensa y su castigo, que cada palabra, acto, pensamiento, tiene su consecuencia, que siempre hay un efecto que sigue a una causa.

Querejeta arranca del caldo de cultivo idóneo que viene a ser siempre el conflictor de una relación materno-filial cogída con alfileres.
Una madre, cuando su hijo es expulsado de la escuela, decide mandar al chico a pasar una temporada con su abuelo, un antíguo militar, hombre honesto de pocas palabras pero contundentes y de código moral férreo e inquebrantable.
Es sumamente interesante ser testigos de cómo se enzarzan y luchan por encontrar un punto de diálogo verbal y no verbal estos dos personajes: el muchacho frágil y perdido que responde ante la vida a golpazos de genio y figura y el viejo huraño que habita en los Alpes (como si del abuelo de nuestra querida Heidi se tratara) de playas cristalinas y sol cegador y a miles de kilómetros de sentimientos, antaño conocidos y ahora olvidados.

Y en mitad de esta tempestad, la vida toma la delantera y decide poner las cosas en su sitio y voltearlo todo sin demora y desde las tripas y empieza a obrar milagros: secretos del pasado que emergen a la superfície de las vidas que las creíamos tan estables; un hecho que intriga sin llegar a mantenernos en suspense pero que interesa; un hombre que dejó de querer; una mujer que se quedó colgada de una esperanza y la amargura fue arruinándole sus territorios; una conversación de las que duelen , que se vomita en palabras sin acentos, ni armonía, ni puntos, ni comas, ni tono definido pero que se necesita oir ( una de las mejores escenas de la película); una mujer en estado de gracia y sin suerte que arrastra una pena y un deseo...

Gracia Querejeta vuelve a bordar el microcosmos del sentimiento fuerte pero mal encauzado entre consanguíneos, con escenas y momentos, en verdad, de gran intensidad, de gran emotividad y de gran destreza que procede, sobre todo, de un guión sobresaliente y sumamente inspirado que demuestra perfectamente que su directora es una sabia conocedora del terreno que pisa y de unos actores, con especial mención para un Tito Valverde de "Goya", una Belén López como nunca la habíamos visto, una siempre impecable Maribel Verdú y una Susi Sánchez hermética y perfecta, auténticas bestias actorales, los únicos y verdaderos pilares en los que se cimienta el imaginario de esta directora a la hora de crear a sus monstruos incomprendidos. Marta Simón

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK