Simpática comedia gamberra que da más de lo que uno espera. Sobre todo cuando no espera nada de una película y de repente se encuentra con momentos realmente salvajes y divertidos, con personajes ciertamente peculiares y con un tono que siempre apuesta por no tomarse nada en serio y hacer pasar un buen rato al espectador. La película es lo que es y no intenta engañar a nadie, ni convencernos de que estamos ante una película trascendente, ni nada por el estilo. Es honesta, cosa que se agradece mucho, y sus personajes son bastante cafres. Hasta que dejan de serlo, claro, un tópico habitual de la mayoría de comedias gamberras en USA. Pasaba recientemente con Malas Madres y aquí vuelve a suceder cuando deciden edulcorar el relato.

Tiene su lógica porque es una comedia para todo el mundo, en definitiva, en la que quieren que salgas con una sonrisa y sintiéndote bien. Pero uno siempre se pregunta qué pasaría si se lanzasen de cabeza a la piscina y diesen un final acorde a lo que nos han planteado en varios momentos de la película. Quizá menos “dulce” pero a lo mejor más divertido incluso. Aquí tenemos a dos hermanos que son dos piezas de cuidado, que son obligados por su familia a llevar citas serias a la boda de su hermana pequeña, en Hawái, debido a que en anteriores celebraciones familiares todo se ha ido al garete por culpa de sus ganas de ligar con chicas. Los dos iluminados deciden buscar a esas chicas en craiglist, lo que les lleva a conocer a dos chicas que parecen perfectas… pero que no lo son.