"Sandman" hace revancha y venganza a los Oscar 2020 con nuevas aportaciones a la plataforma streamin.

Sea para bien o para mal, Adam "Sandman" Sandler es uno de los actores que más panorama crítico y recaudativo ha sufrido en los últimos años. Uno de esos casos en los que encontramos más películas que son vapuleadas y denostadas, que cintas merecedoras de un aclamado reconocimiento. Un cómico que lleva desde 1987 en activo, empezando por el ya mítico "Saturday Night Live", y pasando a convertirse en uno de los salvadores de Netflix. Y es que este mismo viernes la compañía lo hizo oficial, la gran plataforma de Streaming ha vuelto a renovar al actor de 53 años para que sea la portada protagonista de cuatro películas más.
 

Crítica de la película Diamantes en bruto (Uncut Gems) de Netflix

Sin duda la mejor interpretación en la carrera de Adam Sandler. Y su mejor película.

Ya le habíamos visto demostrar lo que podía hacer si le daban algo de cancha en la excelente Punch Drunk Love, pero aquí Sandler se supera y nos hace pensar en lo que podía haber dado de sí su carrera si en lugar de su humor facilón y su búsqueda de éxitos de taquilla, se hubiese dedicado a este tipo de proyectos. O incluso a compaginarlos. A darnos una de cada, como han hecho muchos, muchos otros actores. Nos hemos perdido muchas interpretaciones como ésta, que podría perfectamente convertirse en una de las nominadas a los Oscars el próximo día 13 de enero. Y sería más que merecida. Porque Sandler sabe meterse en la piel de su Howard Ratner y aprovechar todas las armas en su arsenal…

La película de los hermanos Safdie (no muy conocidos pero con tres películas anteriores magníficas) nos lleva a la vida de Howard Ratner, joyero judío en Nueva York, jugador compulsivo y ludópata sin ganas de recuperarse, que tiene una doble vida con su amante en la ciudad y su familia en los suburbios, aunque nadie se cree sus mentiras. Endeudado con todos los corredores de apuestas de la ciudad, Howard busca apuntarse un gran tanto, o bien con una apuesta imposible o con un ópalo que ha llegado de África y que podría ser la clave de las apuestas en la final de la NBA. Todo esto ambientado en 2012, con el jugador Kevin Garnett jugando un papel capital…

Fallido intento de Adam Sandler por ponerse serio. O algo así. Porque lo que queda claro al terminar la película es que nadie tenía claro qué historia quería contar, ni qué género explotar, ni si quería ser una película de Sandler u otra cosa. No se define, no se decanta, y acaba pasando del drama al humor negro, deteniéndose en el cine familiar o la comedia más blanca. Da saltos de un lado a otro y no tiene señas de identidad, ni siquiera las de su protagonista, un Adam Sandler que no recurre ni a chistes escatológicos ni a histrionismos, gritos o bobadas varias tan habituales en su cine. Y se agradece, en serio, pero no es suficiente para hacer una buena película.

La película bien podría llamarse Ponerse en los zapatos de otro, o, visto el resultado final, zapatero a tus zapatos. Disculpen los chistes fáciles, pero se presta a ello esta historia de un zapatero con la vida más gris del planeta, que vive con su madre, que fue abandonado por su padre, y que es incapaz siquiera de pedir una cita a la mujer que le gusta, pero que un día descubre que con una máquina de coser mágica, al ponerse los zapatos de sus clientes, se convierte físicamente en ellos. Y ahí comienza la aventura… O algo así, porque hasta que la historia arranca casi pasan dos tercios de la misma y todavía no sabemos qué quiere contarnos ni de qué va la película, que además está rodada casi como si fuese una serie de televisión, visualmente hablando.

Una película que podía haber sido un cuento de hadas con humor blanco para toda la familia, como demuestra su final, pero no lo es. Empieza más bien como drama gris y sobrio sobre un hombre que tiene la vida aparentemente más aburrida del mundo, con una madre que se olvida de todo y un padre que le abandonó, para pasar a la comedia ligera, dar un salto a la comedia negra (que es donde la película podía haber despegado y haberse convertido en un éxito, en serio) y terminar con el tono de cuento de hadas. Por el camino encontramos al Adam Sandler más comedido, serio y contenido que podamos imaginar, pero sin el guión que sí tenía detrás en Punch Drunk Love.

Dura poco más de una hora y media, pero se hace tediosa a ratos, por lo que le cuesta arrancar. Y son los secundarios los que acaban triunfando, como Steve Buscemi, Method Man o Ellen Barkin, aunque otros como Dustin Hoffman andan más perdidos que un pulpo en un garaje y muy desaprovechados. Si quieren entenderlo mejor, cojan la historia del personaje de Method Man, como empieza, como se desarrolla y cómo termina, y verán a qué me refiero. O la historia dramática de la película que aparece de cuando en cuando pero no terminan de abrazar… Es como un puré… acaba siendo informe y sin consistencia, tenía potencial para ser una cosa curiosa, pero también supone un cambio en el registro habitual, manido y estridente de Sandler. Y tiene ideas realmente interesantes…

Jesús Usero

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