Buena intriga con sorpresas y giros de lo hitchcockiano al cine negro.

Los actores en perfecta comunión con sus personajes y un argumento que los respalda plenamente navegando entre las diversas posibilidades del cine de género policial son las mejores garantías para acercarse al cine a ver Al final del túnel. Rodrigo Grande ha elaborado una fábula policial con personajes y situaciones interesantes que exhibe recursos de cine clásico y no le tiene miedo a utilizar las fórmulas del género porque las respalda hábilmente con una buena construcción de personajes y un trabajo muy sólido de su reparto. Los habitantes de este laberinto de intriga en el que el director logra sumergirnos automáticamente desde el primer fotograma juegan con todas las claves de información y manipulación del espectador que podemos encontrar en una película de Alfred Hitchcock, pero no se conforman con eso. Ya la propuesta argumental ofrece en sí misma suficientes oportunidades de elaborar una interesante propuesta de relato policial que tiene la virtud de sacarle partido a todas las claves de las intriga de enigma de cuarto cerrado tipo Agatha Christie o G.K. Chesteron mezcladas con los resortes del suspense que esgrimiera Alfred Hitchcock en películas como Encadenados, pero lo mejor es que el guión y el director no se conforman con eso y buscan añadir más elementos planteando una segunda línea narrativa que abre espacio en el relato a la participación de los antagonistas en una forma que conduce la película cuidadosa y eficazmente hacia el territorio de la crook story, la historia de delincuentes, más propio del cine negro, que es la variante en la que finalmente desemboca la historia.