Crítica de la película Superagente Makey

Alfonso Sánchez aprovecha el tirón popular del humorista Leo Harlem, para montar una comedia demasiado estereotipada y algo torpe en su desarrollo.

     La filmografía española es prolija en películas sobre agentes de la ley un tanto peculiares, y dados a los espasmos chistosos de distinta naturaleza. Dentro de este tipo de obras, quizá sea la saga de Torrente la que goza de mayor proyección taquillera. Pese a seguir la línea descrita, Superagente Makey se distancia de Torrente por su tono más light y moralizante, pensado expresamente para no perturbar el sentido de lo políticamente correcto, y contentar tanto a los padres, como a los abuelos y a los más pequeños de la casa (nada de palabrotas ni de comentarios sexuales).

     Esta característica favorece a que Superagente Makey se posicione como una producción destinada a enganchar a un público de amplio espectro, que lo único que busca en la cartelera veraniega  es divertirse con las meteduras de pata de un individuo anclado en la moda de los ochenta, y amante de las cintas de acción protagonizadas por Jean Claude Van Damme y Steven Seagal.