Solo química ***

Julio 18, 2015
Eficaz comedia romántica de enredo con buen reparto y pinceladas de personalidad.

Albacete no falla. Suele dar lo que promete. Y además con personalidad, por mucho que se muevan en el territorio de los géneros. Su mezcla de costumbrismo y enredo sentimental no es una revolución de la comedia romántica, ni lo pretende. Tampoco lo necesita. Solo química opera con una sencillez que no debe confundirse con complejo a la hora de manejar los estereotipos de su género. No aspira a renovar nada. Simplemente aplica las claves de un género denostado por el abuso hollywoodiense de su fórmula y esquiva ese agotamiento de los estereotipos astutamente tomando como referencia la comedia romántica británica tipo Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually… Pero tras ese objetivo impone su propio carácter a través de sus personajes, de sus actores y de algunas de sus situaciones. Y lo hace con el valor de proponer un tipo de comedia distinta a la que está triunfando habitualmente en la cartelera española en los últimos años.  Sin duda a Albacete le habría resultado mucho más fácil desarrollar esta historia siguiendo la fórmula de las propuestas de cine de humor que están triunfando en la taquilla, pero prefiere meterse en camisa de once varas, como decimos por aquí, o en un huerto, si ustedes lo prefieren, y hacer otro tipo de humor en el que además destacan algunos momentos y personajes que se me antojan doblemente atrevidos, por cuanto reescriben el papel de los personajes secundarios en la trama principal, otorgándoles un protagonismo temporal notable por sí mismos, lo que aporta mayor solidez al conjunto.

De ese modo hay mucho más bajo la comedia romántica de Solo química que lo que podría advertirse en primer término. Y eso siempre ha sido habitual en el cine de Alfonso Albacete.

Por un lado es claro que la trama principal de la película es una muy funcional historia de triángulo sentimental al uso, convenientemente combinada con elementos propios de la desilusión sentimental ante el ídolo admirado y bien sostenida por tres actores que sostienen con eficacia incluso los momentos más tópicos e inevitables llegando además a otros momentos que corren el velo de la fórmula para internarse brevemente en ese otro mundo algo más amargo y menos feliz en el que supuestamente viven sus personajes. Ana Fernández, Alejo Sauras y Rodrigo Guirao no tienen por ello una tarea fácil en absoluto, porque no es fácil materializar estereotipos que a medida que avanza la trama tienen que dejar traslucir otras cosas en su desarrollo. El asunto es más complejo de lo que podría parecer en primer término, y me temo que buena parte del público no llegará a percibir que el trabajo de estos tres actores entraña más riesgo y complejidad de lo que pudiera parecer en un primer momento, porque construir esos personajes dentro de una fórmula y no obstante conseguir que se sostengan con eficacia, no es nada fácil. Es uno de esos casos que podríamos calificar como “de protagonismo envenenado”. Pero Albacete sabe cómo compensarles y los respalda con un ejercicio de equilibrio de todas las escenas ajenas a la trama de triángulo romántico principal y los personajes que las habitan. Un ejemplo para explicarlo más claro sería el personaje de María Esteve, que en una sola secuencia, la de conversación en el banco del parque, hace un brillante ejercicio de evolución de la comedia al drama, y retorno a la comedia que está entre lo mejor que vamos a ver este año en una pantalla grande en el cine español. No es una novedad que Esteve lo borde, pero aquí lo tenía incluso más difícil, en tiempo récord. Y además el propio director se arriesga en esa secuencia introduciendo el drama y es coherente con su propuesta de no limitarse a jugar con la fórmula. Albacete hace toda una declaración de principios e impone una personalidad propia a su propuesta, demostrando que la comedia romántica es tan dúctil y flexible y tan capaz de sorprender como cualquier otra fórmula genérica que podamos imaginar. Todo depende de la imaginación, el talento y las ganas de arriesgarse de sus artífices. Otro tanto en cuanto a riqueza de los personajes de reparto puede decirse de la gran química que despliegan José Coronado y Ana Fernández en sus minimalistas pero contundentes secuencias como padre e hija. Y después, junto a esos dos refuerzos notables al protagonismo principal que son Esteve y Coronado, nos encontramos una especie de sorpresas que aportan los personajes más de segundo término, por ejemplo Rossy De Palma, Bibiana Fernández, Neus Asensi o Silvia Marsó, que siguen una misma pauta de contar y aportar mucho y construir toda una personalidad muy rica en un tiempo récord. Son poco más que cameos y a pesar de ello nos aportan la sensación de que cada uno de ellos tiene su propia historia, como de hecho ha ocurrido siempre en la comedia clásica, cuyo cemento suele estar en este tipo de aportaciones tan fugaces como contundentes.

De manera que no se confundan: hay mucho más que química y enredo romántico en Solo química.

Miguel Juan Payán 

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