Crítica de la película Sicario: El día del soldado

Cinco estrellas de buen cine de acción e intriga, sólido y para adultos.

El público tendrá que ponerse otra vez el chip de estado adulto para poder reencontrarse con el cine de acción de calidad y madurez en esta segunda peripecia del sicario interpretado por Benicio Del Toro que dirige Stefano Sollima con mano firme, las cosas claras, personalidad y contundencia. No defrauda. Y quienes esperaban más de lo mismo, se equivocan. Sollima ha rodado una película según su propio criterio, respetando su precedente, sin faltar a la identidad trazada por Villeneuve en Sicario, pero sin depender de la misma para elaborar su propio discurso. Le agradezco enormemente eso, porque estoy harto del “más de lo mismo” en las películas de saga, trilogías, secuelas, etcétera. De hecho, me resisto a etiquetar y minusvalorar Sicario, el día del soldado, como una secuela. Aviso que puede verse sin haber visto la película de Villeneuve, y no pasa nada. Tiene mimbre de sobra este cesto para salir adelante por sí mismo y estoy seguro de que cuando repasemos toda la producción que llegará este año a nuestra cartelera, Sicario: el día del soldado estará entre las diez mejores.

Es justo y conveniente aplaudir uno de los mejores guiones de cine que vamos a disfrutar esta temporada. Taylor Sheridan se confirma como pieza esencial en el puzle de los maestros que cuentan historias para el cine y la televisión de nuestros días. Y además coincide que acaba de estrenar serie, Yellowstone, tan recomendable para los amantes del buen audiovisual como sus otros guiones para la pantalla grande: Sicario, Comanchería, Wind River y por supuesto Sicario: el día del soldado. En una etapa en la que el género policíaco necesita más que nunca adoptar nuevas estrategias de desarrollo, necesita arriesgarse y reforzarse con personajes y argumentos sólidos, Taylor Sheridan es hoy por hoy el valor más seguro para apostar sin dudar un segundo por todo lo que nos proponga en este territorio. Y en Sicario: el día del soldado, el rendimiento del guionista Sheridan con el director Sollima le da al aficionado a este género el máximo de satisfacción.

La palabra clave es sobriedad. Y para que quede más claro cómo trabajan el concepto de menos es más Sollima y Sheridan, les propongo que cuando vean la película, se fijen en la manera contundente y eficaz, y que me recuerda al buen cine de conspiraciones y policíaco de los años setenta, en que presentan a los personajes de Josh Brolin y Benicio Del Toro. Y cómo desde el momento en que se presenta la acción en el supermercado con esa madre y su hija en la puerta, empiezan a removernos en la clave de empatía por las motivaciones y la moral ambiguas de los personajes principales. En el caso de Sollima y Sheridan esa elección de simpatía o antipatía por los personajes nunca es fácil. Y tener a Brolin y a Benicio Del Toro agigantándose como actores en esta producción es un refuerzo de potencia extra para los resultados de la película. Otro ejemplo de la adusta sobriedad de western crepuscular y setentero que trabaja la película lo encontramos en la secuencia de la llegada de Benicio Del Toro e Isabela Moner a esa especie de rancho decrépito, y la charla con el propietario. Momento de pura magia del cine. Para terminar con las referencias al western, en este caso al western mediterráneo, en el que el padre del director, Sergio Sollima, fuera tan definitorio junto a Sergio Leone, quiero llamar la atención sobre la parte final del viaje que hace el personaje de Benicio Del Toro, que encaja perfectamente con la fase de martirio y crucifixión que seguían los antihéroes principales del western mediterráneo y además es toda una lección de cine en lo que se refiere a su puesta en escena.

Pero eso no es todo, porque Sicario: el día del soldado no se conforma con hacer las cosas bien, sino que persigue hacerlas mejor. De manera que además de liberarse con habilidad y elegancia de la nada desdeñable sombra y la estructura de su precedecesora para buscar su propia identidad como propuesta más centrada en el duelo de personajes de Brolin y Del Toro, haciendo de éste último el hilo conductor de la trilogía de películas sobre el asunto, y por tanto el principal protagonista de esta segunda producción, cultiva no sólo a sus actores y personajes principales, sino también a sus supuestos secundarios. Isabela Moner en el papel de Isabel Reyes, tiene papel y desarrollo dentro de esta película de itinerario para todos los personajes, lo mismo que el otro destacado más joven el reparto, Elijah Rodriguez. Ambos jóvenes son un apunte de lo que le espera a las generaciones del futuro a los dos lados de la frontera de Méjico con Estados Unidos cuya identidad y complejidad va más allá de lo meramente geográfico, como bien ha sabido ver y escribir Taylor Sheridan y ver y narrar visualmente Stefano Sollima. Introduciendo a los personajes de Moner y de Rodriguez, la película incorpora y completa las distintas visiones de distintas generaciones sobre el conflicto fronterizo, pero también cultural y psicológico entre ambos países. Los viajes de los personajes de Moner y Rodríguez a ambos lados de la frontera son el relato dentro del relato de toda una nueva generación condenada por los pecados de sus mayores. Y ese punto de vista enriquece el conjunto de la propuesta argumental de Sicario: el día del soldado, tanto más cuanto que las voces que suenan en el mismo no son solo las de los personajes principales. Otro par de apuntes sobre esa forma de construir con verosimilitud tanto en el primer plano del relato como en el segundo son los personajes de Matthew Modine y Catherine Keener, que aparecen poco, lo justo y suficiente para dejar una impronta esencial en el relato general y marcarlo con el tufo de la política maquiavélica del fin justifica los medios que pudre y afecta al resto de los personajes.

Miguel Juan Payán

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©accioncine 

Crítica de la película Liga de la justicia

La he disfrutado más que Batman V Superman pero es menos película que aquella otra y que Wonder Woman.

Trepidante. Entetenimiento garantizado. Acción. Acción. Acción. Esto se lo puedo asegurar: no hay los bajones de ritmo que en algunos casos se registraban en Batman V Superman: el amanecer de la justicia. Es más, resuelve mejor algunos personajes como los de Lois Lane y Martha Kent que aquella otra. Y sabe administrar bien sus dos horas de metraje para presentar a todos los personajes de manera solvente. Flash hace las veces del nuevo Spiderman en el universo Marvel, el fricazo como contrapunto cómico. Pero por ejemplo hay cierto desencuentro entre esa imagen de friqui y el tema del padre en la cárcel que está metido como con calzador. Es como si en Spiderman Homecoming nos hubieran metido, otra vez, el drama de los padres muertos del héroe. Aquí es el padre en la cárcel que no pega ni con cola con toda la movida del personaje en su faceta fuera de la cárcel. Esa falta de solidez en la propuesta de guión, a pesar de su eficacia en el ritmo para contar la peripecia, se produce también en el personaje de Aquaman. Te cuentan su historia en una charla con Mera, pero de manera un tanto forzada, como con calzador. Y vuelve a repetirse el mismo asunto con el personaje de Ciborg. Toda la película produce justo la sensación contraria de ritmo operístico que tenían las dos películas anteriores de Zack Snyder en el universo de superhéroes de la DC, El hombre de acero y Batman V. Superman: El amanecer de la justicia: parece que van como con prisas durante toda la película, que fundamentalmente es casi en todo momento una sucesión de secuencias de acción con casi ningún desarrollo dramático y con apresurados resúmenes del origen de los tres superhéroes nuevos, Aquaman, Flash y Ciborg, a los que ya se nos presentó en Batman V. Superman. No aporta nada nuevo al personaje de Wonder Woman. Antes al contrario: nos reencontramos con unas amazonas en guerra, pero no llegamos a tener la emoción épica de las que nos presentó Patty Jenkins en su película sobre Wonder Woman.

Crítica de la película Liga de la Justicia

Convincente película de superhéroes de DC.

Dos horas justas de proyección, que pueden parecer pocas si tenemos en cuenta que lo habitual en el género es irse hasta las dos horas y media últimamente, sobre todo cuando se trata de grupos de personajes en acción. En esta ocasión DC ha optado por reducir la duración de la película, que inicialmente se rumoreaba que duraría casi tres horas, para potenciar las secuencias de acción y el tono épico de la historia. Sí, tiene más humor que Batman v Superman o El Hombre de Acero, pero está perfectamente integrado en la historia y tiene un sentido. Y si no me parece que esté a la altura de algunas de las anteriores, como explicaré en estas líneas, no tiene que ver con el estilo o con el hecho de que me hubiese aburrido, que no es el caso ni mucho menos. Tiene que ver con el desarrollo dramático de los personajes, con sus ideas de fondo, más que de forma. Porque al final Liga de la Justicia es un entretenimiento de lujo, y no busca más que eso. Un episodio dentro de una gran saga, el primero de varios esperemos.

No ha sido un parto sencillo el de esta película. Tras el fiasco de crítica de Batman v Superman (que nunca me cansaré de defender una y otra vez contra viento y marea), y pese a la enorme acogida de Wonder Woman, con la nueva película se era cauto, y más con Zack Snyder detrás de las cámaras. Muchos temían otra fría acogida como la de su anterior película. La tragedia acompañó a la película cuando a inicios de año la hija de Zack Snyder falleció, haciendo que el director y su esposa dejasen la postproducción de la película, que pasó a manos de Joss Whedon, quien dirigió escenas nuevas durante cuatro semanas en verano, con diversos problemas añadidos. La película tiene un coste final de 300 millones que evidentemente esperan recuperar en las salas de cine. Pero la sensación que tenían muchos es que se encontrarían ante una película híbrido entre los dos estilos, entre el tono épico de Snyder y el tono también divertido y ágil de Whedon, que, para quienes lo hayan olvidado, es un director que controla la épica de las historias de forma brillante como demostró no sólo en Los Vengadores, sino en sus series de televisión.

Atómica ★★★

Julio 31, 2017

Gran trabajo de Charlize Theron en una de las mejores películas de acción del año.

Trabajando a la sombras de John Wick, ojo, no de John Wick 2, aunque el tono de ésta última le habría venido mucho mejor a sus pretensiones de ser más sofisticada por aquello de que se mueve en el cine de espías, Atómica es una curiosa criatura dentro de la mezcla del cine de acción de nuestros días a la que merece la pena echarle un buen vistazo en el cine de este verano tan repleto de estrenos trepidantes.

Se basa en un cómic, pero sabe defender su naturaleza como producto cinematográfico sin caer en el mimetismo de estrategias de otros lenguajes. Su lenguaje recuerda en muchos casos el de otros largometrajes que han trabajado en la línea argumental de las intrigas de espionaje, constituyéndose como una especie de puzle en el que encontramos piezas de Nikita, de Luc Besson, la serie Alias de J.J. Abrams –dos de sus más señalados precedentes audiovisuales-, pero al mismo tiempo es suficientemente madura como para saber que para lo referido a secuencias de acción no puede vivir solo de éstos, de manera que incorpora claves de la saga de Jason Bourne, sobre todo en las peleas, excepcionalmente bien defendidas por Charlize Theron, y hace su propia reinterpretación en clave femenina y siniestra de la saga de 007, como testimonian las cicatrices de la protagonista y esa escena de apertura de su personaje en la bañera, ejemplo perfecto de anti-Bond muy cercano al arranque de Casino Royale. Añadan a todo lo anterior una reconstrucción de época en el momento de la caída del muro de Berlín defendido sobre todo por el personaje de James McAvoy y Eddie Marsan como “el paquete”, que sirve para incorporar pinceladas del género de espionaje procedentes más bien del excelente canon impuesto para el mismo por las novelas de John le Carré y sus adaptaciones al cine, por ejemplo El topo, El hombre más buscado o Un traidor como los nuestros.

Crítica de la película Baby Driver

Divertida, refrescante y sólida manera de abordar el cine de acción en clave musical.

Un musical de acción. Eso es Baby Driver. Dicho sea de paso, recomiendo al lector de estas líneas que se repase las entrevistas con el director y protagonista de la película que hemos publicado en esta misma página web porque en las mismas se dan muchas pistas, sin hacer spoiler, de cómo está concebido el largometraje. Quizá así se despejen algunas dudas generadas entre ese tipo de iluminado que se prodiga en estos tiempos en nuestra sociedad que, vaya usted a saber por qué y cómo, ha llegado a la conclusión de que viendo simplemente un tráiler tiene ya información suficiente para opinar sobre la película sin necesidad de verla completa, y habitualmente opina lo peor, reparte etiquetadas y la pone a parir en las redes sociales en la creencia de que de ese modo le van a salir más palmeros que le rían la gracia.

No señores, los críticos y la gente que la ha visto de verdad completa –no sólo el tráiler- no nos hemos vuelto locos cuando decimos que Baby Driver es una película muy curiosa e interesante por su manera de abordar el género de acción, persecución, atracos a bancos y demás. Su acierto está en renovar unas estructuras genéricas muy utilizadas desde un punto de vista original, o al menos diferente de lo que estamos viendo en los últimos años en la cartelera. No se trata de que hayan descubierto el santo grial de la originalidad narrativa en el cine. Tampoco es eso. Pero sí han elaborado una película que consigue mantenernos interesados en lo que ocurre en la pantalla a pesar de que en esencia eso que ocurre en la pantalla lo hemos visto ya muchas veces. Y eso tiene mucho mérito.

Colossal ★★★

Junio 26, 2017

Crítica de la película Colossal

Nacho Vigalondo vuelve a sorprender con mezcla de géneros.

Vigalondo sigue en su línea y en Colossal vuelve a tomar prestadas las claves más superficiales de un género cinematográfico para acabar contándonos una mezcla de comedia y drama de clave más cotidiana e incluso llegado el caso costumbrista. Y sigue demostrando que se mueve mejor con los personajes femeninos que con los masculinos. Colossal es en muchos aspectos muy cercana a Extraterrestre. En ambas, más allá de los personajes masculinos, brillan las féminas. Y no cabe duda que si en Extraterrestre el director tenía un poderoso aliado en la presencia de Michelle Jenner, en esta ocasión se decanta aún más claramente por el protagonismo femenino convirtiendo a Anne Hathaway en el epicentro de toda su historia. Y Hathaway se lo recompensa elaborando una especie de reinterpretación de la figura de heroína de comedia romántica con un aire de Audrey Hepburn, pero menos etérea y más carnal, más cercana y real, Manteniendo esa especie de mirada de ángel de la Hepburn, añade a la misma el punto necesario de realidad defectuosa para alejarla de la visión idealizada del Hollywood clásico y traer la fórmula hasta nuestros días. Su personaje, desde sus fallos humanos, se convierte así en una visión de lo femenino desde lo masculino, al menos al principio de la película, porque si algo tiene de positivo este largometraje es su capacidad para ir transformándose en algo diferente a medida que progresa en su camino. Otra cosa sería imposible de pensar en una película que corre desde el primer momento el riesgo serio de afirmar ser una cosa cuando en realidad es otra. La transformación de la película está tripulada por esa evolución de arco de desarrollo del personaje de Hathaway, que empieza siendo una irresponsable e inmadura fémina incapaz de tomar el timón de su propia vida y acaba tropezándose con una responsabilidad que podría servir como metáfora de la convulsa situación que atraviesa lo femenino en nuestros días, al menos, insisto, desde el punto de vista masculino. Creo que Colossal gana cuando finalmente se quita la careta, pero para ello hay que advertirle al público que no va a ver en ningún caso una especie de variante de Monstruoso, Godzilla o cualquier otra idea de película con bichosaurios que se pueda imaginar el espectador. No es la intención del director ni de la película entrar en ese corral. Su corral es otro. Y no quiero destriparlo. Pero sí quiero aclarar que conviene no confundirse. Lo que hace Vigalondo con esta película es proponer una reflexión sobre la mujer, cómo ven los hombres a la mujer, como se ve la mujer a sí misma y la profunda brecha, a veces casi abismo, que puede llegar a producirse entre ambos sexos, asentada sobre una incomprensión pero sobre todo sobre el miedo, mucha veces, las más de las veces, el miedo del hombre frente a la mujer, y si no el miedo, la perplejidad y la curiosidad del hombre ante el enigma de lo femenino. O lo que el hombre decide definir como el “enigma” de lo femenino. Que tal como finalmente explica la película, no es tal enigma, simplemente es libre albedrío de la mujer, tan libre albedrío como el que aspira a tener y cree tener, aunque no siempre lo tenga, el hombre.

Crítica de la película Wonder Woman

Grata sorpresa. Una de las mejores películas de superhéroes que he visto.

Le pongo cuatro estrellas, pero en realidad pienso que merece cuatro estrellas y media, aunque esa medida no esté en los parámetros que manejamos para este tipo de comentarios.

La presentación de un personaje no es trabajo fácil, y habitualmente suele perecer víctima de lo previsible y lo tópico. Además en el caso de Wonder Woman, la espectacular aparición del personaje en Batman V Superman, el amanecer de la justicia –me reafirmo ahora en lo que dije, ella era lo mejor de la película-, había generado muchas expectativas. De manera que PattyJenkins y su equipo no lo tenían nada fácil para sacar adelante esta película. Pero lo han hecho. Han clavado una buena versión cinematográfica del personaje. Han trasladado al cine, con identidad plenamente cinematográfica, lo mejor de los comics, trayéndome a la memoria la etapa de George Pérez y Brian Azzarello en las viñetas de Wonder Woman. Su presentación del personaje está servida con una aplicación muy bien medida de la mezcla entre el cine de aventuras y el cine bélico, lo cual le otorga una curiosa personalidad cinematográfica como híbrido resultante en una buena película. Bien construida en el guión, con un ritmo narrativo equilibrado y en progresión coherente, con una construcción sólida de personajes, tanto principales como secundarios, que además están bien servidos por los actores.

Crítica de la película Ghost in the Shell

Excelente película de acción y ciencia ficción.

No voy a pretender aquí ser un conocedor absoluto del manga o el anime original, ni de la obra de Masamune Shirow, ni nada por el estilo. Recuerdo ver la película de animación en VHS en mi adolescencia y quedar encantando por muchas de sus partes, pero también abrumado por la densidad de otras. Voy a juzgar la película protagonizada por Scarlett Johansson por lo que es, una excelente cinta de acción y ciencia ficción que plantea interesantes preguntas sobre lo que nos define y lo que nos hace humanos, mientras además homenajea continuamente a la fuente original. Sí, no soy un experto en el tema, pero he visto la película. Y Ghost in the Shell sabe cómo rendirle homenaje perfectamente.

Si usted es un fanático absoluto del manga, la película de animación, su secuela o la serie de animación de la que esta nueva película toma más de una referencia, es posible que sienta que no se parece lo suficiente, que no han calcado plano a plano la trama y a los personajes. Yo defiendo, y siempre lo haré, lo contrario. Tomar el material original y darle una nueva forma. Hacerlo reconocible pero al mismo tiempo que aporte cosas nuevas. Distintas, sorprendentes. En ese sentido esta película triunfa por completo. Sus referentes, además del anime, son evidentemente Blade Runner e incluso Matrix (cerrando así el círculo. Matrix tomaba cosas de Ghost in the Shell), pero sabe darle un punto distinto apoyándose en sus virtudes.

Kong: Skull Island review

The best King Kong movie since the original. A character that since its premiere in cinemas in 1933 has become an icon for the cinema, an icon with two remakes, the last of them, directed by Peter Jackson. It is very difficult to revisit that character without repeating previous schemes and themes, and that is something that Jordan Vogt-Roberts film fully achieves. A trip to Skull Island in which we will not see New York, nor a Beauty and the Beast love story, but a display of adventure, action and great visual effects that on one hand brilliantly honors King Kong and on the other is a homage to the war movies of the 70s, with Apocalypse Now at the top.

No, I'm not comparing Kong with Coppola's masterpiece, much less. Neither in subjects, nor in depth ... Nothing has to do with it. But this film does offer various visual tributes to that and the Vietnam War in movies in general. To the cinema of the 70 in particular visually, to offer a visual spectacle of first order, pure entertainment that also keeps a couple of pleasant surprises. From the design of the island, Kong itself, the locations or the creatures that inhabit it (moving away from the typical dinosaurs to give us a new series of monsters ... like that terrifying giant spider), passing through the action of the movie, the tone of the film itself, more focused on Kong than in humans.

Crítica de la película Shin Godzilla

La mejor película de Godzilla que he visto, la que saca más y mejor partido a las claves del original.

El cine japonés ha conseguido finalmente volver a pillarle las vueltas al monstruo icónico que nació en los años cincuenta y acabó convirtiéndose en uno de los emblemas de su cine fantástico y de ciencia ficción. Shin Godzilla se una celebración del personaje que protagonizara Japón bajo el terror del monstruo, la primera entrega de Godzilla, convertido en metáfora del terror y la catástrofe nuclear desatada en Hiroshima y Nagasaki, esa especie de representación del espíritu de la naturaleza maltratada rebelándose y vengándose contra el hombre, que luego se convertiría en una especie de muñecote para entretenimiento de todos los públicos, sumiéndose en una sobrexplotación comercial que le llevó a devaluarse como héroe y protector de Japón frente a otras monstruosas amenazas del kaiju eiga.