Crítica de la película Baby Driver

Divertida, refrescante y sólida manera de abordar el cine de acción en clave musical.

Un musical de acción. Eso es Baby Driver. Dicho sea de paso, recomiendo al lector de estas líneas que se repase las entrevistas con el director y protagonista de la película que hemos publicado en esta misma página web porque en las mismas se dan muchas pistas, sin hacer spoiler, de cómo está concebido el largometraje. Quizá así se despejen algunas dudas generadas entre ese tipo de iluminado que se prodiga en estos tiempos en nuestra sociedad que, vaya usted a saber por qué y cómo, ha llegado a la conclusión de que viendo simplemente un tráiler tiene ya información suficiente para opinar sobre la película sin necesidad de verla completa, y habitualmente opina lo peor, reparte etiquetadas y la pone a parir en las redes sociales en la creencia de que de ese modo le van a salir más palmeros que le rían la gracia.

No señores, los críticos y la gente que la ha visto de verdad completa –no sólo el tráiler- no nos hemos vuelto locos cuando decimos que Baby Driver es una película muy curiosa e interesante por su manera de abordar el género de acción, persecución, atracos a bancos y demás. Su acierto está en renovar unas estructuras genéricas muy utilizadas desde un punto de vista original, o al menos diferente de lo que estamos viendo en los últimos años en la cartelera. No se trata de que hayan descubierto el santo grial de la originalidad narrativa en el cine. Tampoco es eso. Pero sí han elaborado una película que consigue mantenernos interesados en lo que ocurre en la pantalla a pesar de que en esencia eso que ocurre en la pantalla lo hemos visto ya muchas veces. Y eso tiene mucho mérito.