Crítica de la película Descarrilados

Comedia gamberra y simpática que funciona sobre todo por su reparto.

      El verano, lo hemos dicho en más de una ocasión, es buena época para las comedias españolas, desde títulos más familiares como las dos entregas de Padre no hay Más que Uno o El Mejor Verano de mi vida, a títulos para una audiencia más adolescente o adulta, como es el caso de Descarrilados. De hecho, este verano, debido a los estrenos que se quedaron sin fechas en 2020, nos llegan no una ni dos, sino al menos tres comedias que intentarán convencer a la audiencia para acudir a las salas y ésta parece dispuesta a hacerlo a lo bestia y sin hacer prisioneros, con un humor que, por momentos, recuerda a Resacón en Las Vegas…

Los del túnel ***

Enero 17, 2017
Tragicomedia en el sentido costumbrista cañí, donde Pepón Montero y Juan Maidagán demuestran su capacidad para sacar punta a las situaciones más estrambóticas. Dentro de tal esquema, Arturo Valls efectúa una de las interpretaciones más brillantes de su carrera cinematográfica.

Un grupo de personas queda atrapado en una autopista de Madrid, cuando se derrumba el túnel por el que transitan sus vehículos. Aislados y sin comida, estos individuos resisten como pueden, hasta que los bomberos consiguen sacarlos de su improvisada prisión. Pero, tras la experiencia, quedan unas secuelas profundas en las víctimas, que únicamente logran exorcizar a base de reuniones periódicas.

Poco a poco, todos los afectados van cambiando lo que no funcionaba en su existencia. Aunque uno de ellos ve que no avanza. Toni (Arturo Valls) se encuentra extraño entre sus compañeros, ya que su vida sigue la misma senda de frustración que tenía antes del accidente.