Gran reparto para una buena adaptación de Agatha Christie. Si algo la separa de ser una gran película es, primero, el material original, segundo las otras adaptaciones de la novela (posiblemente la más popular de Agatha Christie junto a Diez Negritos) y para terminar cierta obsesión de su director para ser siempre el centro de atención. Por algo se ha reservado para sí mismo el papel de Hercules Poirot, el legendario detective de la escritora que llega a las pantallas una vez más. Conviene quitarse de la mente la película de 1974 con Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Jacqueline Bisset, Albert Finney o Sean Connery entre su sensacional reparto. Porque las comparaciones son odiosas y porque Kenneth Branagh sabe cómo homenajear a aquella y dar entidad propia a esta.

Poirot se encuentra en un viaje en el Orient Express tras resolver un complejo caso en Jerusalén. Rodeado de peculiares pasajeros, un terrible crimen es cometido a bordo del tren, parado en mitad de la nieve. Corresponderá al detective encontrar al asesino del que puede ser el caso más complicado de su carrera. Kenneth Brannagh dirige con ritmo y un estilo muy marcado a un reparto de esos que son la envidia de todo Hollywood, encabezado por él mismo y con Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Judi Dench, Willem Dafoe, Penélope Cruz, Josh Gad, Leslie Odom Jr., Daisy Ridley, Tom Bateman, Olivia Colman, Derek Jacobi o Manuel García-Rulfo, lo que hace que simplemente por verles a todos en acción merezca la pena pagar el precio de la entrada.