Crítica de la película Atrapado en el tiempo

Director: Harold Ramis; Interpretes: Bill Murray, Andie MacDowell, Stephen Tobolowsky, Brian Doyle Murray, Rick Overton, Robin Duke, Harold Ramis, Michael Shannon, Carol Biulius ; Año de producción: 1993; Nacionalidad: USA, Guion: Harold Ramis y Danny Rubin; Director de fotografía: John Bailey; Banda sonora: George Fenton; Color; Duración: 101 minutos.  

Vaya por delante un dato de interés: en uno de sus últimos pases televisivos –  se entiende que nos referimos a televisión en abierto, Atrapado en el tiempo logró una audiencia del 1,5% del total de personas que en ese momento, un sábado por la noche, estaban delante del televisor, una pequeña proeza si tenemos en cuenta la durísima competencia que mantienen los canales en las horas de mayor consumo televisivo de la semana y si recordamos que se trata de una película producida justo veinte años antes y por tanto presente durante un par de décadas en el catálogo de disponibilidades de una de las empresas que mayor volumen de negocio desempeña en el ámbito de la televisión en España, lo que la convierte en una las más vistas a lo largo de los años.

Buena parte de esta perdurable popularidad que va sumando adeptos con el paso del tiempo puede ser su carácter de película que por sí sola logró reformular  los esquemas de la comedia producida en Hollywood justo cuando el modelo de comedia adolescente iniciado diez años antes desde los parámetros del humor grueso y en ocasiones soez para evolucionar hasta la sofisticación y la elegancia – si bien siempre dentro de los límites de determinada clase media – de las películas producidas y/o dirigidas por el magistral y a menudo olvidado John Hughes, había llegado a un agotamiento del que no ha sido capaz de recuperarse. En contraste con esa situación, Atrapado en el tiempo dejaba a un lado a los personajes y a los espectadores menores de veinte años para volver la vista a esa otra franja de público que ya por aquel entonces empezaba a desertar de las salas de cine una vez sobrepasada la barrera de los treinta e integrados de lleno sus componentes, que en Estados Unidos eran decenas de millones, en la rutina y las aspiraciones de la edad adulta. Tal como ya había ocurrido en otros géneros, las estrellas de los 70 y los 80 se quejaban – con razón – de la falta de proyectos atractivos con los que seguir desarrollando sus carreras, y aunque la película de Harold Ramis no pretendía revolucionar nada al menos sirvió para recuperar durante un breve espacio de tiempo a esos aficionados deseosos de poder identificarse con los personajes que veían en la pantalla. No en vano se trataba de personas normales con trabajos y vidas normales a los que el amor sorprende de la manera más insólita, y ya se sabe que si al amor se le suman los efectos de lo extraordinario el resultado final puede ser más que estimulante.