Buena película. Tom Cruise se reivindica como actor con este trabajo.

Confieso que lo primero que me vino a la cabeza cuando salí de ver Barry Seal: el traficante fue que, salvando todas las distancias de diferencia de planteamiento y estilo que es necesario hacer notar entre ambas películas, Tom Cruise había incorporado a su filmografía su propia variante de El lobo de Wall Street de Di Caprio con Scorsese, mezclada con elementos de La gran estafa americana y acercándose mucho en algunos momentos a Infiltrado, protagonizada por Bryan Cranston. Este podría ser el mapa de los extremos entre los que se mueve la adaptación el cine de un personaje y un puñado de sucesos reales que se remontan a la última etapa de la presidencia del Carter y la primera de la presidencia de Ronald Reagan, que le permite a Doug Liman poner en pantalla la que en mi opinión es su mejor película hasta el momento.

En su pasado como realizador a través de películas como Señor y Señora Smith y Al filo del mañana Liman ha demostrado especial pericia para narrar acción al mismo tiempo que maneja cierto sentido del humor capaz de distanciarse por la vía de la sátira y el cinismo de los elementos más tópicos de ese tipo de fórmulas y géneros. Los otros elementos que necesitaba para construir Barry Seal: el traficante en la parte de intriga de espionaje y caso real por increíble que parezca los había manejado ya Liman en Caza a la espía.