Navidades ¿Bien o en familia?. Drama y comedia con envoltorio navideño y clave romántica.

Mejor de lo que me esperaba, aunque con todas esas características del cine de Navidad que empieza cínico pero acaba traicionando el venerable espíritu de Mr. Scrooge y acaba vendiéndonos en los últimos diez minutos de película todo aquello que ha criticado el resto del metraje, para darnos un mensaje final optimista que no se tragan ni los renos de Santa Claus.

Tiene buenas intenciones al principio, y le sienta bien la clave humorística de la presentación de situaciones y personajes, pero a partir del momento en que empiezan a desenfundar los tópicos con el recurso del rollete romántico del aeropuerto, que es el punto de inflexión en el que empieza a desmoronarse el asunto, parece que todos los personajes e historias se hubieran contagiado del tono moñas y falso de esa peripecia. Por ejemplo la subtrama de Marisa Tomei con el policía era interesante de partida, pero se acomoda a los tópicos y se deshace en el territorio del telefilme como el resto del entramado de distintas historias. No obstante el hecho de que hayan cruzado subtramas para jugar la baza del protagonismo coral salva parte del asunto por el camino del ritmo. Pero pronto nos encontramos atrapados en los peores vicios de las películas navideñas que pretenden ir de verosímiles, cínicas, marcando distancia del fenómeno, pero al final se quedan incluso más almibaradas que la madre de todo este subgénero navideño que ataca anualmente la cartelera cinematográfica y las parrillas de programación televisiva cada mes de diciembre. Me refiero al molde esencial de este tipo de historias, ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra. Una buena película que resiste el tiempo mucho mejor que la multitud de imitadoras que la siguen cada año dócilmente, sin plantearse cuál era su verdadera esencia. Su verdadera esencia no era ser simplemente otra fábula navideña. Su verdadera esencia estaba en el espíritu de la principal influencia que le sirvió como puente de partida, Cuento de Navidad de Charles Dickens, obra maestra incluso para quienes pensamos que se nos ha ido un poco bastante la pinza con esto de convertir la Navidad en una autopista para el consumo salvaje y la fiesta por la fiesta. El tono cínico de arranque de Navidades ¿Bien o en familia? tenía buenas perspectivas de seguir la parte más amarga y oscura de Cuento de Navidad y ¡Qué bello es vivir!, que es su parte narrativamente más rica e interesante. La clave fantástica de la visita de lo inmaterial en la tragedia material, el espíritu guía que hace las veces de conciencia, el cruce del delirio onírico con las miserias cotidianas. Algo de todo eso hay en el arranque de Navidades ¿Bien o en familia?, pero se desinfla con el encuentro con lo tópico que la lleva hacia el territorio del telefilme. No obstante la presencia en el reparto de actores como Diane Keaton, a la sazón productora del asunto, John Goodman, Marisa Tomei, Alan Arkin y Amanda Seyfried, levanta el nivel del asunto. Y siempre es muy viable perderse en los ojos de Olivia Wilde, aunque la subtrama que protagonice sea el detonante de los tópicos de todo el asunto y la más boba. En todo caso, para que todo este comentario no quede como el exabrupto de un seguidor sincero del venerable Mr. Scrooge de Dickens y no crean que me nubla el criterio mi natural animadversión a las moñadas navideñas, les propongo que revisen otro título de reunión familiar en estas fechas tan señaladas que me parece mucho mejor que este que nos ocupa: A casa por vacaciones, dirigida en 1995 por Jodie Foster con un reparto habitado por la gran Holly Hunter, Robert Downey Jr., Anne Bancroft, Charles Durning, Claire Danes, David Strathairn.

Miguel Juan Payán

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