Crítica de la película El Ritmo de la Venganza

Bien dirigida, bien protagonizada, lástima que el guión haga aguas.

Una película de la que nadie esperaba demasiado, centrada en un género tan trillado como el de las venganzas personales. Un personaje que descubre quién le arrebató algo muy querido y pone su meta en acabar con ese alguien, o esos. Nada nuevo bajo el sol, así que lo mínimo que le pedimos es que tenga un guión aseado. Nada más. Ni sorprendente, ni revelador, ni magistral. Aseado. Competente. Correcto. Coherente. No mucho más. Una historia que nos lleve de A a B y de B a C sin complicaciones. No necesita absolutamente nada más. El problema es que El Ritmo de la Venganza intenta reinventar la rueda y para ello la hace cuadrada. No sólo el invento era innecesario, sino que además no termina de funcionar.

La historia es la de una joven que tiene un futuro prometedor, una familia que la adora, un proyecto de vida… todo desaparece cuando toda su familia muere en un accidente de avión. Ella cae en el mundo de las drogas y la prostitución, incapaz de asumir la pérdida y llena de culpa. Pero cuando descubra que el accidente quizá fuese algo más, pondrá todo su empeño en encontrar a los culpables y acabar con ellos. No tiene mucho más misterio una trama que, por desgracia, está tan interesada en sorprendernos, en dejarnos sin aliento, que desaprovecha lo importante. Buenos actores, buen arranque… y todo desperdiciado cuando empiezan a ocurrir incoherencias en la historia que no hay por dónde cogerlas.

Brillante sátira del género con dos radiantes protagonistas. Esa es la clave que maneja la nueva película de Paul Feig, maestro de la comedia liderada por repartos femeninos, que ha brindado a gente como Melissa McCarthy o Kirsten Wiig, algunas de sus mejores y más divertidas interpretaciones. Y también algunos de sus mayores éxitos de taquilla. Ahora Feig vuelve a la carga con un reparto liderado por Anna Kendrick y Blake Lively, y por una historia que adapta la novela de Darcey Bell, de la mano de Jessica Sharzer, guionista por ejemplo de American Horror Story. Un repaso en toda regla a ese género que de la mano de películas como Perdida o La Chica del Tren, se han convertido en reclamo para la taquilla.

Pero en Un Pequeño Favor las cosas no son como habitualmente en el género, sino que todo se convierte en una sátira del mismo, haciendo que la trama poco a poco nos lleve en la dirección más inesperada e imposible que podamos imaginar. Dos madres, completamente distintas la una de la otra, entablan una curiosa amistad de charlas y confianzas. Una (Kendrick) es una viuda muy peculiar que tiene su propio canal donde sube videos dando consejos a otras madres, con su estilo apocado y de mosquita muerta. La otra (Lively) es una ejecutiva en una importante marca de moda, donde lleva el peso de la compañía, aunque su matrimonio sufre, con la bancarrota a la vuelta de la esquina, y su marido un escritor fracasado que ahora da clases.

Para románticos incurables y fans de Blake Lively. El resto, sinceramente, pueden saltarse la película o posiblemente salgan decepcionados. Muchas veces comento que hay algo peor que una mala película, de la que se habla y ataca continuamente, y es una película regular o mediocre, que al final a nadie importa. Eso es algo de lo que le sucede a El Secreto de Adaline, que al menos nos sirve para recuperar a Blake Lively para sus fans, tras un tiempo apartada del trabajo, que toma las riendas de la película y demuestra que es capaz de echarse sobre sus hombros el proyecto sin despeinarse. Tiene carisma de protagonista y en Hollywood deberían aprovecharlo. Con peores cosas se han hecho grandes carreras…

La historia prometía bastante, con una joven mujer nacida al inicio del siglo XX, que parecía encaminarse a una plácida vida, casada y con una hija, hasta que la tragedia la golpea, perdiendo primero a su marido, y sufriendo un terrible accidente que cambia su vida para siempre, impidiendo que envejezca, lo que la llevará a escapar y dejar atrás su vida para ir cambiando de nombre y hogar cada cierto tiempo, intentando mantener su secreto y sin dejar que nadie se acerque a ella emocionalmente. Eso cambiará en nuestros días, cuando conozca a un joven que cambiará su forma de ver el mundo y quizá le devuelva la esperanza. Aunque el pasado tiene formas muy curiosas de volver a nuestra vida cuando menos lo esperamos, llevándonos al desastre.

Lively no está sola, y hay dos nombres que destacan especialmente, Harrison Ford y Ellen Burstyn. El primero tarda demasiado en salir, pero cuando lo hace, la película cambia bastante, para bien, mientras que Burstyn aparece muy poco, y aprovecha cada escena para que su presencia se haga notar. Eso señala un problema, sobre todo con Ford. Hasta su llegada la historia va a trompicones, a tirones de ritmo que alargan la trama innecesariamente con varios desvíos que hacen que cualquiera se despiste. Luego hay que aceptar el giro argumental de Ford, que cuesta, pero si se consigue, la película levanta el vuelo sólo con su presencia. Cobra interés con una especie de triángulo amoroso inesperado y peculiar…

La pena es que decida tirar por el camino de lo romántico, lo convencional, en lugar de aprovechar un personaje interesante para, con una trama de tintes fantásticos, contar los cambios en el siglo XX y parte del XXI en la vida de una mujer y de las mujeres en América en general. Eso se intuye en la película, pero no lo explota. Una pena. Lo romántico quizá venda más, pero está mucho, mucho más trillado, tiene momentos muy blandos y si no le interesa el género, la película le dará igual. No molesta, no es horrenda, como alguna de las últimas historias románticas de Nicholas Sparks, pero es muy complicado que se eleve por encima de la media si sabemos qué va a suceder a cada segundo y encima nos lo edulcoran todavía más. Quizá una oportunidad perdida. Pero quien aprecie el género romántico, seguro que la disfruta.

Jesús Usero

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