Veintisiete hijos en común, y un patrimonio de varios billones de dólares, no han bastado para que una de las parejas profesionales más estables de Hollywood haya tirado su contrato de unión creativa a la alcantarilla del olvido. Muchos dicen que la culpa la tienen los constantes desastres financieros de sus últimas aventuras cinematográficas; pero, independientemente de las verdaderas razones, lo cierto es que –según Variety- Jerry Bruckheimer y Walt Disney han roto su sociedad.

A pesar de que el productor de C.S.I. puso en bandeja a los estudios de Mickey Mouse una de las franquicias más exitosas en décadas (la de Piratas del Caribe); la pela es la pela, y los derrumbes comerciales de El llanero solitario, Aprendiz de brujo, Price Of Persia: Las arenas del tiempo y G-Force han pesado más que los triunfos pretéritos. Sin embargo, ¿se trata sólo de eso?

Análisis de un divorcio

Ni el mastodóntico imperio de películas infantiles, ni el empresario de la carretera con truenos sobre el asfalto: ambos por igual han sido los causantes del agotamiento de la fogosidad de los primeros años (ya lo decía Rocío Jurado en una canción, aunque lo que la citada pareja usó demasiado fue el apego a los billetes verdes).

Por la parte de Disney, todo el mundo sabe que las alianzas mantenidas con otros amantes económicos eran numerosas y más o menos sólidas. Hace poco, incluso corrió peligro su relación con Pixar. Pero, en este último año, un lover inesperado había venido a ocupar el lugar del defenestrado financiero de Pearl Harbor y Armageddon: el emergente y nuevo rey de Hollywood J. J. Abrams. Mientras se hundían las gestas de JB, el niño de oro de Perdidos firmaba un contrato con el imperio del Pato Donald de los que quitan el hipo, todo para hacerse cargo de la resurrección de la saga de Star Wars (movimiento sin precedentes en el que el sello de Dumbo se dejó una pasta gansa para comprar los derechos de Lucasfilm). Visto el percal, Jerry supo que su matrimonio estaba más finiquitado que las herraduras de un caballo en una carrera de Fórmula 1.

Así, el reputado exmarido fiel cogió sus bártulos y dejó su puesto a Abrams y a los poderosos mandamases de la Marvel. Y, cual Sal Paradise en On The Road, el septuagenario nacido en Michigan partió en busca de horizontes más enriquecedores. No obstante, aún mantendrá el contacto con su antigua casa para dar empaque a la quinta entrega de Piratas del Caribe y a la tercera parte de La búsqueda (aunque los papás se digan adiós, los vástagos en camino no tienen que sufrir).

Llegado a este punto, seguro que el lector estará estrujando pañuelos mojados en lágrimas por el pobre de Bruckheimer. Sin embargo, que no cunda la congoja; ya que al tipo aún le quedan balas suficientes como para que su cuenta corriente no baje ni un solo dígito (es más, probablemente aumentará considerablemente). Pólvora explosiva que componen la secuela de Top Gun, la cinta de acción Beware Of The Night y la tercera parte de Bad Boys. Y eso a pesar de que sus novias futuras se llamen Paramount y Sony.

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