Retrasado su estreno debido a la pandemia como tantos y tantos casos, por fin hemos podido ver la nueva entrega de Cazafantasmas, que funciona a la vez como secuela de las películas de los ochenta, en cierta medida, como reboot y como spin off, todo a la vez. Una película que apuesta por un tono cercano al de la primera entrega y que, sin ser perfecta, consigue entretenernos de inicio a fin. Os dejamos unas pequeñas y breves impresiones sobre lo que nos ha parecido la película antes de destriparla a fondo cuando se acerque el estreno. Eso sí, todo ello SIN SPOILERS, no hay de qué preocuparse.

Jesús Usero

El sustituto ★★★

Octubre 27, 2021

Crítica de la película El sustituto

Thriller de acción vertiginosa, donde Óscar Aibar expone una trama con criminales del Tercer Reich refugiados en Denia (Alicante). Una realidad inquietante y aterradora, que no reparó ni la llegada de la democracia a España.

      Franco siempre fue un aliado reconocido del gobierno de Adolf Hitler, al que apoyó, por ejemplo, con el envío de la División Azul a la campaña de las tropas nazis en el frente ruso; motivo por el que, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, muchos de los criminales nazis más buscados por la justicia internacional hallaran el ansiado refugio en la España de la dictadura. Ubicados en su mayor parte en las zonas costeras, Denia (Alicante) se convirtió en un paraíso para los defensores del Tercer Reich acusados de crímenes de guerra: un enclave playero y turístico, donde el reconocido asesino de las Waffen SS Gehrard Bremer instaló un lujoso complejo turístico, amparado por el apoyo de las instituciones franquistas. Esta terrible situación continuó inalterable a lo largo de las décadas, y se prolongó cuando España ya había abrazado la ansiada democracia. Precisamente, ese es el contexto que recoge el argumento de El sustituto, donde el cineasta Óscar Aibar ilustra un universo de corrupción generalizada, en una ciudad de Denia donde las esvásticas dominan la escena social.

Crítica de la película El Caballero Verde

Una de las experiencias cinematográficas del año.

      Y, como sucedía con A Ghost Story por ejemplo, una de las películas que mucha gente rechazará debido a su peculiar narrativa y a su gusto por la contemplación. Si debido a tratarse de una leyenda artúrica esperan ustedes encontrar batallas espectaculares, duelos a muerte o épica a raudales, se han equivocado de película. El cineasta opta por seguir explorando su particularísimo estilo visual, con un guión parco en palabras pero cuyas imágenes lo transmiten todo, absolutamente todo. Pero, de nuevo, es un tipo de cine muy cerrado a nuevos espectadores. Si entran buscando un entretenimiento pasajero o una película de aventuras al uso, se encontrarán con un muro difícil de escalar. Si no, si entran dispuestos a dejarse sorprender, la experiencia será maravillosa.

Crítica de la película Érase una vez en Euskadi

Manu Gómez debuta como director de largometrajes con este film altamente emotivo, cargado de recuerdos que remiten a la propia infancia del cineasta vasco.

      No es una casualidad que el comienzo de Érase una vez en Euskadi esté arropado por la versión de Joey Ramone del clásico What A Wonderful World: todo un toque de ironía, mientras en la pantalla aparece un País Vasco asolado por el terrorismo de ETA, el paro y el consumo de drogas. Semejante canción mete al espectador en la trama de la película, desde la primera escena. Un contexto que igualmente sirve para conocer, de manera tangencial, la adrenalina que corre por la sangre de a los cuatro niños que protagonizan la historia.

Crítica de la película El espía inglés

Convincente y brillante caracterización de Benedict Cumberbatch, en una película de espionaje que carece de la atmósfera adecuada.

      Carol Reed y Graham Green formaron un tándem sorprendente y magistral, cuando de lo que se trataba era de someter a tipos aparentemente normales a las peligrosas tareas del espionaje de altura. Dentro de esta variante cinematográfica, Nuestro hombre en la Habana (1959) marcó un hito cinematográfico difícil de superar, con su historia sobre un vendedor de aspiradoras embarcado en unas actividades más propias de James Bond, que se un simple comercial. Dominic Cooke, pese a que El espía inglés se basa en hechos reales, toma una senda similar a la citada obra de Reed, aunque con resultados mucho menos geniales.

Crítica de la película El último duelo

Una cautivadora historia, con pulso narrativo y un sensacional reparto.

      Prácticamente todo funciona a las mil maravillas en El Último Duelo, la nueva película de Ridley Scott como director, pero no la más reciente porque en apenas unas semanas nos llegará La Casa Gucci. Quizá sea algo que juegue en su contra, pero por ahora hay pocas similitudes entre un proyecto y otro, más allá de la curiosidad de que ambas historias están basadas en hechos reales, algo que parece fascinar al cineasta sobre todo en estos últimos años. Aunque quién sabe, quizá el cineasta nos sorprenda en el futuro cercano y haya mucho más en común de lo que parece. Quizá el peso de un personaje femenino central en torno al que gira todo.

Eternals ★★★★

Octubre 25, 2021

Crítica de la película Eternals

Sorprendente, diferente y única.

      Parecía claro que si la directora Chloe Zhao se ponía detrás de las cámaras en un proyecto Marvel, tras películas tan singulares y personales como Nomadland. Evidentemente Marvel tiene unos códigos relativamente inamovibles, pero si la directora se ha pasado a esta superproducción es porque algo distinto podía aportar a esa fórmula tan conocida. El problema es a la vez su virtud. Es la película más distintiva de Marvel, posiblemente la más personal e inclasificable, y en términos de drama y oscuridad en torno a sus personajes tiene algo más en común con el cine de DC (las referencias a DC están explícitas en la película, en serio. Y  Angelina Jolie hubiese sido una Wonder Woman simplemente perfecta). Porque posiblemente también sea la más seria de todas las películas Marvel. Apabullante a nivel visual. Impresionante en su alcance. Pero el guión no queda redondo y quiere sumar muchas cosas a la mezcla…

Ron Da Error ★★★

Octubre 22, 2021

Crítica de la película Ron Da Error

Divertido y colorista espectáculo, donde los robots se convierten en efectivos community managers de niños demasiado preocupados por las redes sociales.

      ¿Quién no recuerda los tamagotchi de finales de los noventa? Estos dispositivos, transformados en mascotas de plástico y batería recargable, tuvieron a los niños de esa época pendientes de si el aparato tenía que comer, dormir, o realizar actividades de evacuación cibernética. Al final, si el dueño no cumplía con los deseos de la caprichosa maquinita, el juguete sucumbía por una muerte trágica. Según los responsables del invento, la idea estribaba en concienciar a los más pequeños de la importancia de ser responsables con el cuidado de los animales domésticos. Algo parecido ocurre en esta película de animación, filmada por Sarah Smith, Jean-Philippe Vine y Octavio E. Rodriguez; aunque el asunto del que se ocupan los b-bots que hacen las veces de costosos tamagotchi es mucho menos humano que el de los citados artilugios del filo del milenio; ya que su misión se dirige a desplegar la existencia virtual de los críos que los compran.

Crítica de la película Halloween Kills

Divertida pero inferior secuela de la anterior La Noche de Halloween.

      Quizá, demasiado divertida. No me malinterpreten, no me refiero al sentido de pasarlo demasiado bien en una sala de cine, sino a que la película está saturada de un humor que llega a resultar cargante y que resta peso y poso al drama de los personajes, que es algo en lo que La Noche de Halloween anterior acertaba de pleno, ser relevante devolviendo un toque elegante y poderoso a una saga excesivamente desgastada. En esta ocasión cualquier atisbo de elegancia sale por la ventana para dejar paso a la sal gorda, la casquería extrema y una ristra de muertos que no se han visto en ningún slasher. Aunque eso sea alejar la película de sus orígenes.

Crítica de la película La crónica francesa

Fiesta de Wes Anderson en buena forma, satírico y jugando con el lenguaje.

         Autorreferencial en muchos aspectos y con perfecta coherencia con el resto de su filmografía, Wes Anderson vuelve a convertir a sus personajes de carne y hueso en marionetas para su espectáculo de casa de muñecas que en este caso hunde sus colmillos satíricos en una visión folclórica de algunos momentos de la historia de Francia en el siglo XX, contemplada desde la mirada adicta al tópico, romántica y reduccionista de los estadounidenses. De ahí el título y el vínculo con una particular zona geográfica estadounidense que mira a esa Francia de postal, mirada homenajeada con ese juego de ayer y hoy resuelto visualmente con divertida elegancia por el director aplicando con descaro la pantalla partida en el principio de la película al repasar los barrios de la ciudad de Ennui (Aburrimiento), en esa especie de breve primer acto repleto de guiños al cómico galo Daryl Cowl y sus trompazos en bicicleta en la contribución de arranque de la película protagonizada por Owen Wilson como el reportero Sazerac; el repaso a la etapa de las vanguardias artísticas de los años veinte en un ejercicio visual donde domina la frontalidad, que me parece el fragmento más rico de la película, y con un gran Benicio Del Toro bien combinado en su química ante la cámara con Léa Seydoux y Adrien Brody; algunos planos de arranque de la historia que recuerdan, como algunos recursos, las comedias de Jacques Tati;  la revisión y actualización posmodernista de recursos en boga en el momento en que el cine mudo buscaba en sus primeros compases el camino del denominado Modelo de Relato Institucional; el posterior giro en su historia de la revolución del tablero de ajedrez hacia planteamientos de personajes, visuales, conflicto y narración de la Nouvelle Vague, con una crítica realmente divertida al fenómeno de Mayo del 68 y su posterior explotación, que quizá no haya hecho gracia a algunos pero a mí me parece muy oportuna y divertida, con sus momentos de mitificación intelectualoide del postureo del personaje de Zeffirelli interpretado por Timothée Chalamet; el guiño humorístico al ataque visual de los colores de la televisión de los años sesenta en la última historia donde el personaje de Edgar Wright recuerda al Truman Capote enfrentado a la crónica de sucesos de su primera novela, A sangre fría, y ese juego final de apuesta por el cine de animación estilo Tintín o Blake y Mortimer dos clásicos del comic europeo. Añadan a eso prólogo en el que reina la habilidad para la autoparodia de la propia película y su propuesta, con autocita en el mismo de Wes Anderson a su habitual tendencia a la construcción visual compartimentada y de casa de muñecas, y epílogo que completa todo el ciclo narrativo de esta película que también podemos contemplar o entender como la reunión de tres cortometrajes -prólogo y epílogo y el fragmento de Owen Wilson- y tres mediometrajes -cárcel/vanguardias, revolución juvenil/postureo y crónica de sucesos/gastronomía-, cerrando en una forma de bucle donde el relato parece comenzar de nuevo, dando lugar a un ciclo interminable, cuando los periodistas recomienzan a contar en grupo su particular visión de la historia de la crónica francesa.

                                              Miguel Juan Payán

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