“El film es una fuente instrumental de la ciencia histórica, ya que refleja, mejor o peor, las mentalidades de los hombres de una determinada época.” De esta manera concibe el cine el historiador y crítico cinematográfico José María Caparros. Otro experto en historia, el francés Marc Ferro, ofrece otra idea muy similar y es que para él, “El film se observa no como una obra de arte, sino como un producto, una imagen objeto cuya significación va más allá de lo puramente cinematográfico; no cuenta sólo por aquello que atestigua, sino por el acercamiento socio-histórico que permite.” Como vemos, el cine es, entretenimiento aparte, un documento que puede funcionar como fuente histórica. Películas como El Cazador o Platoon nos mostraron la Guerra de Vietnam. Buenas Noches, y Buena suerte nos enseñó el trabajo del periodista durante la Guerra Fría, al igual que Todos los hombres del presidente hizo lo propio durante el Caso Watergate. Otra realidad que también se suele llevar con bastante asiduidad a la gran pantalla es el terrorismo, como es el caso de la película que se estrena esta semana, El cazador de Dragones.