Fallido intento que repite la misma fórmula del original sin actualizarse.

El problema esencial que tiene Roland Emmerich en esta película es que parece haber olvidado que el tiempo no pasa en balde, y como consecuencia de ello nos propone una fábula que ya nos había contado antes y prácticamente con los mismos planteamientos. Más que pasar veinte años del ataque anterior, parece que los invasores nos visitaron hace dos días, y no tienen nada nuevo que contarnos, aunque en general esta segunda visita me haya parecido más entretenida que la primera, pero no por los personajes por los que apuesta más claramente el director, visto el metraje y el planteamiento general que les dedica, sino por los secundarios y sus disparatadas subtramas, que es donde creo que está lo más curioso de esta secuela que se nace con cierto aire de agua pasada no mueve molino.