Convicto devuelve a la cartelera el tema carcelario con brillantez y metiéndonos de cabeza en una intriga altamente adictiva.

El cine carcelario, brillante subgénero dentro del cine de temática criminal, ha vivido siempre a caballo entre las exigencias de las claves genéricas del cine comercial y la introducción del espectador en el laberinto de las instituciones penitenciarias, que es lo que se propone esta producción notable desde su comienzo por el tono serio y maduro con el que aborda su trama sin por ello renunciar a las convenciones más esenciales del género. Convicto se presenta desde sus primeros compases como una película carcelaria seria, digna heredera de los mejores títulos del género, con un ritmo pausado que repasa  incluso en sus menores detalles la entrada del protagonista en prisión, consiguiendo así que nosotros mismos entremos con él en ese entorno esencialmente hostil donde la falsa apariencia de orden se revela desde el principio como mero espejismo. El plano en el que entramos con él en la galería y vemos la fila de celdas a ambos lados en perspectiva de un larguísimo pasillo que parece no ir a acabar nunca es un buen ejemplo de la sensación de inmersión plena en ese universo carcelario que consigue la película desde sus primeras secuencias. El hecho de que además el protagonista sea una bomba de conflicto a punto de estallar aporta una tensión que se extiende por todo el relato manteniendo una sensación premonitoria de la violencia que va creciendo desde los primeros pasos del relato y queda insinuada por el nada casual primer paso que da el joven convicto en el momento en que queda encerrado en su celda: fabricarse un arma con una cuchilla de afeitar y un cepillo de dientes. Es un mensaje claro para el espectador, que a partir de ese momento queda atrapado por una de las más competentes propuestas de intriga que nos ha hecho el cine en lo que va de año, que además tiene la habilidad para incorporar otros temas con gran elegancia de exposición narrativa a la hora de describir los conflictos que definen a sus personajes principales. La difícil relación del padre y el hijo encerrados en el mismo centro penitenciario, el reparto oficial de poder dentro del mismo, la cruzada ética que lleva a cabo el personaje del profesor, el verdadero poder criminal que impera en la institución y está en manos de uno de los presos, la corrupción de los guardias, son asuntos que se van desplegando por la trama en pequeñas pinceladas, a veces tan sólo en una breve ráfaga de planos que no obstante dejan una impresión muy clara en el espectador de las principales claves que rigen en ese encierro que a medida que va progresando la historia se nos va antojando cada vez más claustrofóbico.

No hay falsa épica, ni falsa aventura, ni falso drama. Todo lo que vemos en pantalla se nos antoja inquietantemente real. No hay trampas ni caminos fáciles. Hay un gran reparto sosteniendo incluso los papeles más secundarios y un gran trabajo de los actores en los tres o cuatro personajes principales. Ojo a Jack O´Connell que se está destacando ya como uno de los mejores actores de su generación.

Una de las películas más interesantes que vamos a ver este año.

Miguel Juan Payán

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