Ewan McGregor no llega reflejar la fuerza magnética y agresiva del texto de Philip Roth, en el que se basa el filme con el que debuta en calidad de director.

Muchas veces, la traslación al lenguaje cinematográfico de un libro cargado con vitriolo argumental (como es el caso de Pastoral americana, de Philip Roth) queda suspendida en el limbo de las indefiniciones absolutas.

Ewan McGregor, hipnotizado por la violencia expresiva y humana de la obra de Roth, parece no haberse dado cuenta a tiempo de la máxima apuntada en el primer párrafo; lo que genera que la película resultante –más allá del punto de vista artístico- aparezca teñida por una pátina de confusión colectiva, que anima a reflexionar sobre la inverosimilitud de lo que sucede en la pantalla.

El protagonista de Trainspotting intenta no involucrarse demasiado en un posicionamiento sociológico, y ahí está el error más importante de un guion que juega la baza de las tragedias familiares, sin por ello arriesgarse a definir una clara ambientación del contexto político y humano en el que tienen lugar los hechos que cuenta la movie.