Crítica de la película Dolor y Gloria 

Almodóvar regresa con su película más personal, seguramente.

Un ejercicio de sinceridad del autor, que se desnuda ante los espectadores y pone su alma en pantalla, lo que tiene una parte muy buena y otra no tanto. En los últimos años, Pedro Almodóvar ha dirigido y escrito algunas de sus películas más personales y autobiográficas, ya sea para hablar de su vida actual o para contar sus recuerdos… Había mucho del director en películas como Volver, La Mala Educación o Los Abrazos Rotos… Y creo que pocas podrían compararse con lo expuesto en Dolor y Gloria, su nueva película. Y esta sinceridad abrumadora es su mayor virtud, pero también una espada de doble filo que hace que, al final, titubee en demasiados momentos. Momentos de grandeza enorme y otros demasiado forzados.

Antonio Banderas, peinado incluso como el propio Almodóvar, es al alter ego del director, dando vida a un director de cine que debido a un problema físico ha decidido dejar de dirigir… En este momento de su vida, los fantasmas, pasados y presentes, de su vida, se personan ante él, para hacer balance de lo ganado y de lo perdido, de lo sufrido y de lo gozado. Desde los recuerdos de infancia con sus padres, a el reencuentro con su vida en los ochenta, cuando su carrera comenzaba a despegar… Y así casi parece que Almodóvar hace las paces consigo mismo, incluso de nuevo con Banderas, y juega con el propio metalenguaje, cine dentro del cine, dejándonos decidir qué es lo real y lo ficticio en esta historia…