Las actuaciones de Helen Mirren y Donald Sutherland son lo más destacable de esta road movie, con la que el italiano Paolo Virzi debuta en el mercado anglosajón.

Tener a dos actores de la talla de Helen Mirren y Donald Sutherland, encerrados en una caravana durante cerca de dos horas, suele ser suficiente aliciente para que surjan destellos de genialidad; y eso es lo que sucede con esta comedia existencial, que firma el responsable de El capital humano.

Sin un guion especialmente brillante, basado en la novela The Leisure Seeker de Michael Zadoorian, el cineasta transalpino otorga el total interés de la trama al trabajo conjunto de la pareja formada por Mirren y Sutherland, quienes agradecen el encargo con unas caracterizaciones plenas de intensidad y cercanía: verosímiles y comprensibles ante los obstáculos a los que les enfrenta el argumento.

La historia comienza cuando un matrimonio de ancianos decide embarcarse en un viaje por carretera, con destino a la casa donde se suicidó Ernest Hemingway (meta situada en Key West). La aventura ha sido planeada por la mujer (Ella Spencer), simplemente para dar gusto a su marido John: un antiguo profesor de literatura que padece Alzheimer. Pero el trayecto no va a ser sencillo, ya que a la dama se le ha diagnosticado un cáncer terminal de colon.