Crítica de la película E.T. El extraterrestre

Steven Spielberg y E.T., la fantasía como refugio de la realidad.

Gran parte de la culpa de que los 80 hayan sido mitificados, más allá de las hombreras y las estilosas coreografías de Michael Jackson, es de un tipo de cine familiar, ingenuo y aventurero que despertaba la imaginación y los sentimientos del público. Una manera de concebir el arte cinematográfico que supuso la consagración definitiva de Spielberg como Rey Midas de Hollywood y que convirtió a Amblin, su productora, en una fábrica de sueños (y de billetes, esto siempre ha sido un negocio, no lo olvidemos). En la época actual, en la que los efectos especiales pesan más que las emociones o la originalidad, lo que despierta ese cine que no nos cansamos de revisionar es un sentimiento de nostalgia por la infancia y la inocencia perdidas. En ese sentido, Stranger Things ha llegado en un momento oportuno, pero merece la pena recordar una de sus mayores fuentes de inspiración.