Crítica de la película El último samurái

El día en que Tom Cruise encontró el camino del Guerrero

Corría el año 2003 cuando Tom Cruise decidió cambiar el traje de super espía del FMI por el traje de samurái en una historia en la que su personaje no era el típico héroe al que nos tenía acostumbrados en anteriores películas. En esta ocasión interpreta de manera magistral a un capitán que tras haber luchado en la Guerra de Secesión Americana (1861 – 1865) no es capaz de superar las barbaridades cometidas en el campo de batalla bajo el lema de “todo vale mientras ganemos la guerra”.

El director, Edward Zwick, que recientemente ha vuelto a trabajar con Cruise en Jack Reacher: Never go back, ha reconocido que era admirador de la cultura japonesa mucho antes de dirigir esta película que se estrenó en 2003 y produjo Warner Bros Picture. Esa admiración y respeto se refleja perfectamente en la cinta, tomándose el tiempo necesario, sin prisas, para mostrarnos con todo lujo de detalles esa sociedad feudal japonesa, cerrada al cambio y con férreas convicciones morales que chocaban con el pragmatismo de Occidente.