Simpático regreso de unos personajes más que conocidos por todos. La nueva entrega de la saga Ice Age ha tardado un tiempo en llegar a nosotros, cuatro años exactamente desde que apareció la última película, que no terminó de funcionar en Estados Unidos aunque sí en el mercado internacional. O, mejor dicho, que funcionó peor en Estados Unidos que entregas anteriores, aunque fue un éxito evidentemente. Pero cuando una franquicia pierde fuelle, y más una animada, conviene dejarla reposar un poco antes de lanzarse a producir otra secuela. Ya entre la primera y la segunda hubo ese espacio, mientras que el resto hubo apenas 3 años. Tampoco hay que esperar tanto como para Buscando a Dory, aunque teniendo en cuenta los resultados de taquilla… lo mismo la clave está en esperar 13 años…

Pero en esta ocasión con cuatro han bastado y tenemos la suerte de que hay varios cambios en la fórmula para hacerla más atractiva con esta nueva historia en la que un meteorito se dirige a la tierra para acabar con toda la vida en el planeta, por lo que el grupo al completo tendrá que encontrar un modo de evitar que el gran cataclismo suceda, si es que eso es posible. Como primer acierto, la película retira a Sid del protagonismo central, dejándoselo por completo a Manny y reduciendo las apariciones de un personaje bastante insufrible, sobre todo con la llegada de su abuela, que sí es el alma de la fiesta y un personaje que gana peso con sus bromas y sus chistes.