Crítica de la película El Milagro de P. Tinto de Javier Fesser

La mejor comedia absurda desde Amanece que no es poco

En el año 1998 Javier Fesser debutó en el cine como director de largometraje y no podía haberlo hecho de mejor manera, con una comedia que consiguió alzarse con un Goya a los mejores efectos especiales, un premio que a mi entender, se quedó bastante corto para reconocer todo el buen trabajo realizado en esta película.

Siendo P. Tinto (Luis Ciges) un niño descubre el que será el propósito de su vida: tener una familia numerosa, la Familia P. Tinto. Es entonces cuando, siendo chiquillo, conoce a Olivia (Silvia Casanova), y queda prendado de su mirada (que luego sabremos que es ciega).

Aún siendo todavía niños, descubren a dos adultos hablando de cómo se hacen los hijos que no es otra cosa que el famoso método “Tralarí, Tralarí” o, lo que es lo mismo, meter los pulgares por dentro de los tirantes y estirarlos hacia fuera repetidas veces. Infalible!

Con el paso de los años, P. Tinto y Olivia se casan y forman un hogar en un valle por el que cada veinticinco años pasa el ferrocarril conocido como Expreso Pendular del Norte, sintiéndose por fin preparados para tener hijos pero el azaroso destino no les concede ese deseo.

Desesperados de darle al “Tralarí, Tralarí” sin éxito, este matrimonio termina recurriendo a un método muy socorrido: rezar a San Nicolás para que les dé su tan ansiado hijo. La petición parece ser atendida cuando aparecen dos marcianos, José Ramón (Javier Aller) y El Teniente (Emilio Gavira), quienes sufren una avería en su Ovni modelo “Desplazable Aerodinámico Topolino Coupé XT3” (que más adelante será conocido como La moto vespa) en frente de la casa de los P. Tinto.