Crítica de la película Warcraft: El Origen

Esperábamos más de la adaptación del videojuego realizada por Duncan Jones. Esperábamos mucho más, la verdad. O quizá algunos no demasiado, un entretenimiento de verano, un blockbuster al uso con ecos de El Señor de los Anillos o El Hobbit, que nos permitiese pasar una tórrida tarde veraniega en una sala de cine con aire acondicionado, unas palomitas y un grupo de amigos con los que disfrutar de lo lindo, y si son fans del videojuego mejor todavía. No es mucho pedir, sobre todo si nos atenemos a la experiencia que hemos vivido todos estos años con las adaptaciones de videojuegos al cine, casi todas decepcionantes y muy pocas dignas de mención, aunque algunas como Resident Evil tienen su propia saga de películas, quizá no demasiado apreciadas por los fans del juego, pero sí por el público en general que espera ya la sexta entrega. Es un ejemplo, no muy habitual. Algo tiene el mundo del videojuego, que al contrario que el cómic no ha encontrado todavía su camino en la gran pantalla. Unas por tomarse demasiado en serio la fuente (Silent Hill, por ejemplo) otras por tomársela a broma (Tomb Raider, Super Mario Bros, Street Fighter…), En Warcraft encontramos más lo primero que lo segundo…