Crítica de la película El legado de Bourne con Jeremy Renner

El legado de Bourne hace honor a la saga y abre nuevos horizontes para la misma con solvencia y un trío protagonista impecable. Un espectáculo de intriga muy logrado. Muy entretenido. Visualmente espectacular desde su primera secuencia. Y lo que es más importante: fiel a la trilogía protagonizada por Matt Damon. No debemos olvidar que su director y guionista, Tony Gilroy, ha estado en la construcción y gestión de la franquicia de Bourne desde su principio, trabajando en los guiones de la misma. De manera que le ha resultado bastante asequible construir esta especie de pieza complementaria de la trilogía compuesta por El caso Bourne, El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, integrando con fluidez El legado de Bourne en el resto.

Entre las cosas que más me han gustado de la película destacaría especialmente a Jeremy Renner, uno de los grandes descubrimientos del cine de acción de los últimos años, que ha completado una temporada brutal de creciente protagonismo con sus brillantes intervenciones en Protocolo fantasma (casi se come a Tom Cruise, jefe de pista del asunto) y Los Vengadores (donde no le perdió la cara al resto del amplio reparto convocado para la ocasión). Renner es un actor que me recuerda el estilo “cool” de Steve McQueen. Además aquí le acompaña una de las mujeres más atractivas del cine de nuestros días, Rachel Weistz, que no ha hecho más que crecer y madurar como actriz desde su simpático pero tópico papel de la heroína de las dos primeras entregas de La momia y a estas alturas de su carrera cuenta con títulos suficientes en su filmografía como para ser tomada muy en serio como intérprete, además de haberle sacado un impresionante partido de atractivo físico con la madurez. Completando el trío nos encontramos a uno de los rebeldes de Hollywood, un enorme actor, grande de verdad, en mi opinión el legítimo heredero de Robert De Niro, sino le hubieran puesto encima la etiqueta de conflictivo, cuando quizá su gran pecado es ser un tipo perfeccionista y exigente: Edward Norton. Un tipo que aparece corriendo por una calle, mira a cámara y ya se ha metido al público en el bolsillo construyendo el 90 por ciento de su personaje sólo con esa mirada. Y la mirada se la lanza a un veterano de los que también llena el plano sólo con aparecer y abrir la boca: Stacy Keach. Quienes se empeñan en recordarle sólo por aquella entretenida serie de televisión en la que interpretó una de las versiones más macarras del muy macarra detective Mike Hammer, creado por Mickey Spillane, deberían tener en cuenta que también ha protagonizado joyas como Fat City, de John Huston, o Forajidos de leyenda, de Walter Hill, y eso por citar sólo dos de las más destacadas contribuciones a su filmografía, donde no puede faltar tampoco su anterior encuentro con Edward Norton interpretando a un líder nazi oportunista y francamente siniestro en American History X. A estas aportaciones se añaden en clave de cameo para unir esta película al resto de la saga y darle continuidad a la trama las de algunos de los co-protagonistas de la trilogía de Bourne, Joan Allen, David Strathairn y Scott Glenn.

El director saca el máximo partido a ese reparto de lujo, sólido y solvente como pocos, manteniendo la forma de narrar de la cámara en movimiento y los planos muy cercanos en las escenas de diálogo, trabajando las escenas de interiores con notable dinamismo y desarrollando un estilo que consigue una perfecta comunión entre el fondo y la forma. Citaré sólo un par de ejemplos para no alargar esta crítica más de lo necesario o desvelar algún spoiler que pueda reventarle la intriga a los lectores.

El primero precede a una de las escenas de más tensión, una tensión que llega precedida por un plano muy significativo en el que el personaje de Rachel Weisz baja por una escalera cuya espiral provoca vértigo, descendiendo hacia el caos en el que va a convertirse su vida.

La otra está algo más adelante, hacia la mitad de la película, en un punto de inflexión clave de la trama, Gilroy nos muestra a los Renner y Weistz desdoblados en cuatro figuras frente a un espejo. Es un momento en el que él le dice a ella que no puede llamar a nadie por teléfono. Es el momento de ruptura definitiva con la vida que ella conoce hasta ese momento. Y la manera elegida por el guionista y director para mostrar ese punto de inflexión, con esas dos figuras que se desdoblan, como una metáfora visual sobre el cambio de identidad, es un detalle que evidencia la coherencia y el cuidado con el que se ha concebido toda la película, y una gran solvencia de la misma a la hora de hacer que el guión escrito cobre vida visualmente en la pantalla.

Y no olvidemos que la pérdida de identidad es uno de los temas centrales de toda la franquicia que aquí se asocia también en el personaje de Weisz al tema de la responsabilidad sobre los propios actos, especialmente en el caso de los avances científicos, y tanto en el caso del personaje de Weisz como en el de Norton, al tema del autoengaño. La doctora se engaña diciéndose que ella sólo es una científica y ella y el personaje de Norton se engañan diciéndose que están justificados por su patriotismo

Otra cosa que me gusta de la película es su manera de desarrollar toda la trama de intriga primando la claridad y la fluidez en la exposición, sin por ello renunciar a recursos como el flashback que ayudan a explicar los vínculos previos establecidos entre sí por los tres personajes principales incorporando fogonazos narrativos de su pasado. Ello contribuye a darle mayor solidez, verosimilitud y complejidad a toda la trama.

El legado de Bourne sustituye el protagonismo más claro de Matt Damon en la trilogía anterior por un astuto protagonismo compartido. Así convierte al espectador al mismo tiempo en perseguidor y perseguido, adaptando a esta trama de acción y espionaje la fórmula de verdugo y víctima que hace funcionar el cine de terror. Asistimos tanto a los intentos de cazar al agente fugado y desmantelar a base de asesinatos toda la estructura de la conspiración que lleva a cabo el personaje de Norton con su equipo de analistas y al mismo tiempo somos partícipes de la peripecia de los fugitivos. Además me parece que en esta ocasión el personaje de la acompañante femenina es más sólido que el de las féminas de la trilogía anterior, básicamente porque introduce esa componente de responsabilidad, culpa y autoengaño de la que he hablado anteriormente.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK