El niño y la bestia. Buen cine de animación japonés con la fantasía como aliada.

La película tiene muchos de los elementos que nos han hecho pensar a muchos que la animación japonesa está por delante en lo referido a madurez a lo que nos ofrece la animación norteamericana, más pegada a la fórmula infalible, las secuelas, los remakes, el giro y recontragiro de otra vuelta de tuerca al viaje del héroe, los arquetipos de Jung y el análisis de los cuentos de Propp. Frente a todo ese empacho de fórmula, el anime japonés siempre nos propone puntos de vista y propuestas menos previsibles en su desarrollo. Es el caso de El niño y la bestia, de Mamoru Hosoda, director que tiene en su haber numerosos episodios de la serie Digimon (vale, lo confieso, siempre he sido y seré más de Digimon que de Pokemon), y los largometrajes La chica que saltaba a través del tiempo y Wolf Children (Los niños lobo). Si añadimos a ellas El niño y la bestia será más fácil entender por qué se ha calificado a Hosoda como el nuevo Hayao Miyazaki. No comparto esa comparación porque creo que Miyazaki sólo hay uno, y además me parece un artista difícil de emular.