El otro lado de la puerta. Floja propuesta de terror con temática de fantasmas.

La India aporta lo más interesante de esta película a través de sus paisajes, otorgándole una cualidad de misterio y exotismo a lo que es esencialmente un ejercicio bastante tópico de cine de terror muy convencional que desperdicia algunos de sus elementos más válidos y prefiere encerrarse en la repetición de esquemas narrativos y visuales habituales en el género, perdiendo así su oportunidad de darle identidad propia a un relato que argumentalmente cuenta con elementos para ser más interesante de lo que finalmente es. Me refiero concretamente a todo lo que rodea al templo, la figura del templo con el rostro tapado por las manos o la tribu de nativos que vive en torno a los cementerios. Me resulta inexplicable cómo los guionistas y el director han renunciado a esos elementos para caer en la trampa de volver a repetir los esquemas del más trillado terror de familia acosada por los fantasmas. En eso le ocurre algo parecido a lo que en su momento le pasaba a otro intento fallido de terror, La pirámide (2014), que de partida tenía mimbres para poder haber sido una divertida celebración del terror pero perecía engullida por la falta de recursos para imponer una personalidad distintiva frente a otros intentos similares.