Perfecto cierre para la trilogía de La Purga. Quizá no la mejor de todas, ni la que mejor mantiene la tensión, pero sí hay una clara evolución visual, aunque el presupuesto siga siendo tan moderado como en películas anteriores, pero hay un mayor trabajo en la dirección de fotografía y las escenas de acción. Al mismo tiempo, juega a meterse en el aspecto político de la saga, anteriormente insinuado pero poco profundizado. Aquí se mete de lleno en el asunto, sin titubear, y lo hace parte central de la trama, casi como broche para la trilogía, aunque si la película tiene éxito, que lo está teniendo, es posible que tengan que sorprendernos de nuevo en posibles próximas entregas. Pero deja un sabor de boca muy satisfactorio.

En esta ocasión han pasado unos años desde la segunda entrega, y el personaje de Frank Grillo trabaja ahora como jefe de seguridad para una senadora (Elizabeth Mitchell) que es contraria a la Purga creada por los Nuevos Padres Fundadores, y cree que sólo ha servido para que con las muertes de la gente pobre, este grupo de blancos viejos y poderosos, se han enriquecido aún más. La senadora es candidata a la presidencia, por lo que su lucha la convierte en un objetivo prioritario, sobre todo cuando la ley sobre la Purga cambia, permitiendo que se maten a cargos públicos. Señalada como objetivo principal, ella y su jefe de seguridad pasarán las noches en las calles de Washington intentando sobrevivir. Aunque encontrarán cierta ayuda…