El actor que interpretó el papel en The Amazing Spider-Man 2, podría regresar a interpretarlo una vez más en la nueva película de Tom Holland que cierra la nueva trilogía del personaje.

     Quien se haya olvidado, debería recordar que Jamie Foxx fue el villano, o uno de los villanos, de The Amazing Spider-Man 2: El Poder de Electro, dando vida al personaje que aparecía en el título de la película, Electro. Una película que supuso un fiasco en cierta medida y la despedida de Andrew Garfield del personaje, porque Sony acabó descontenta del rendimiento en taquilla de la misma con su elevado coste, y sospechaba que una tercera entrega perdería aún más fuelle de cara a las salas de cine. Por eso se empezó de cero con Tom Holland y el universo cinematográfico Marvel y se dejó a un lado la visión de Marc Webb y el trabajo de Garfield.

The Amazing Spiderman 2: el poder de electro. Más floja que la anterior y algo repetitiva.

Lo primero que hay que decir es que a este nuevo Spiderman le sobra metraje, le sobran palabras y, para mi gusto, le falta acción. Es peor que The Amazing Spiderman, y aunque sigue siendo, para mi gusto, mejor que Spiderman 1 y Spiderman 3 de Sam Raimi, pero se queda también por debajo de Spiderman 2, que es a mis ojos la mejor de las tres películas protagonizadas por Tobey Maguire. Para terminar de ubicar la película tengo que aclarar también que para mi gusto está muy por debajo del otro estreno reciente del cine de superhéroes, Capitán América, el Soldado de Invierno, que al contrario que ésta mejoraba bastante la película precedente a base de buscar nuevos caminos para desarrollar el personaje en la pantalla grande, reforzándose con lo que podríamos denominar “espíritu Vengadores” en su propuesta. No ocurre nada parecido en el caso de The Amazing Spiderman 2: el poder de Electro, que por el contrario cae en la trampa de repetirse. Se repite primero en todo lo referido a la relación de Peter Parker y Gwen Stacy, en la que realmente no nos cuenta nada que no estuviera ya planteado en la película precedente. De hecho, en The Amazing Spiderman, esa relación, como expliqué en mi crítica en estas mismas páginas, era de lo mejor que había en su propuesta. Lástima que en esta ocasión no hayan sabido hacerla evolucionar para incorporar elementos realmente nuevos. En lugar de eso, se limitan a desarrollar más largamente lo que ya se planteaba en el desenlace de la película anterior, la promesa de Peter al padre de Gwen y el lastre que eso significa para su relación. Y por el contrario caen en un romanticismo bobalicón y algo moñas en muchas secuencias, como por ejemplo el momento de paseo por el parque, con las sonrisitas cómplices y una pedestre y simplona versión de psicología inversa entre los amantes. Eso por no hablar de la manita que se forma al final de la red cuando Spiderman intenta salvar a su novia. Una imagen que debería hacer sonrojarse de vergüenza al que se le haya ocurrido. Más claro imposible.

El guión tampoco aporta nada nuevo en lo referido a May Parker. Son los mismos discursos simplones, las mismas miradas de perro apaleado… y en cuanto a la actividad profesional de la señora, está metida con calzador. Por ese camino los guionistas tampoco han buscado el avance. Es más o menos lo mismo que vimos en la primera película.

Junto a esa repetición, inmovilismo o incapacidad para evolucionar desde lo ya contado en la primera película, el guión presenta una serie de “casualidades” Deus ex machina que hacen evolucionar la trama a empujones. Demasiadas cosas pasan “porque sí” en esta construcción narrativa que además es muy irregular en su ritmo (léase cómo descubre Harry Osborn los secretillos de Oscorp, por ejemplo). Además pasa mucho tiempo entre el primer enfrentamiento con Electro y la siguiente secuencia de acción y hablan más de la cuenta, como si de repente la película se hubiera convertido en serie de televisión “parlanchina” aquejada de la locuaz enfermedad del guionista que quiere imponerse a base de darle vueltas a la sopa de letras que tiene en el caletre, pero sin decir nada con verdadera enjundia. Defecto por otra parte muy habitual en el cine de nuestro tiempo, donde o pasan muchas cosas y no se habla nada, o se habla demasiado y no se dice absolutamente nada interesante.

Hasta que no aparece Harry Osborn –lo mejor de la película-, cuya relación con Parker se solventa de manera apresurada, sin sacarle todo el jugo a situación o personajes, el largometraje flojea de ritmo. Entre otras cosas porque el papel de pringado no encaja con Jamie Foxx (un serio error de casting, ese papel requería un Will Smith), y el gran villano de la entrega no funciona. Electro y todo lo que rodea a ese personaje me ha recordado un montón a la muy fallida Batman y Robin de Joel Schumacher, con el Señor Frío interpretado por Arnold Schwarzenegger: mucha pirotecnia visual pero puro desperdicio.

El guión tiene una idea central interesante, explicada desde su escena de acción de prólogo en el avión con los padres de Peter, que dicho sea de paso queda algo empañada porque visualmente está más cerca de la escena prólogo de la aventura de 007 Moonraker (pero sin el divertido Richard Kiel, alias Tiburón) que de la mucho más reciente secuencia aérea de apertura de El Caballero Oscuro, la leyenda renace. El tema es el legado de los padres a los hijos. El legado del padre perdido a Peter. El legado de la promesa que exige el capitán Stacy a Peter estorbando el romance con Gwen. El legado de Norman Osborn a su hijo Harry. Esa idea propuesta en el prólogo, desaparece durante toda la primera mitad de la película para reiterar temas ya abordados en el largometraje anterior, y no se recupera hasta la segunda mitad de la película, cuando ya han perdido nuestra atención mareándonos con el enredo sentimental de Parker y Gwen.

Frente a la propuesta de Cine-comic que es Capitán América, el Soldado de Invierno, The Amazing Spiderman 2: el poder de Electro, vuelve a ser Comic-cine de la especie más floja, la que gusta de tirar del guiño a las viñetas y ponerlo por encima de la personalidad cinematográfica de la propuesta. El enredo por el poder en Oscorp, tan torpemente desarrollado que es ampliamente superado por sus equivalentes en Industrias Wayne de la saga de Batman de Nolan e incluso por la intriga con Summer Glau en Industrias Queen en la serie de televisión Arrow, parece querer añadir una intriga interesante pero que no acaba de desarrollarse. Es aparecer Dane De Hann como Harry y Colm Feore como el ejecutivo y la cosa gana en interés automáticamente, pero lamentablemente no le sacan el jugo a esa parte y ni siquiera desarrollan algo más el personaje de Felicia Hardy, que es nada más y nada menos que la Gata Negra de los cómics y aquí aparece y desaparece como un personaje secundario. Si comparamos la aparición de Felicia Hardy con la del Agente 13 en Capitán América, el Soldado de Invierno, nos daremos cuenta de que no se trata de que el personaje tenga muchas escenas, sino de que tenga buenas escenas.

Finalmente, sobre las buenas escenas, creo que la resolución visual de la creación de Electro y el Duende es muy plana, sin relevancia, muy del estilo Batman-Schumacher, en lugar del estilo Batman-Burton o Batman-Nolan. Hay una escena que promete, el paseo por el pasillo de vitrinas de Oscorp que anticipa el spinoff de Los Seis Siniestros, o el momento final con el Rino, que tengo claro han metido para vender muñecos y trajes de Spiderman a los niños, pero igualmente me parece que es el tono que debería haber tenido el resto de la película.

Asi que, como explicación final, aclaro que creo que los combates con Electro y el Duende no tienen la épica que tiene ese momento final con el Rino, que es de lo que está desesperadamente necesitada esta película.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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