Es un rostro popular de la televisión y el cine en España, ha pasado por algunas de las series más conocidas y queridas de los últimos años y trabajado con algunos de los directores más importantes de nuestro país. Roberto Álvarez nos habla en la puerta del Café Gijón, sobre su experiencia en Suiza rodando 2 Francos, 40 Pesetas, una experiencia que le ha hecho reflexionar mucho más allá de la anécdota, como demuestra en esta charla en exclusiva que mantuvimos con él celebrando el final del rodaje.

¿Cómo ha sido llegar a este universo tan particular que Carlos Iglesias ha creado?
Pues, lo contaba en la rueda de prensa. Yo estoy aquí porque cuando vi la primera película me quedé muerto, pensando que toda la gente que había trabajado en ella, los actores y el entorno, era real. Mi sorpresa llegó al saber que las actrices eran españolas pero habñian nacido en Suiza… (risas). Pero eso estaba tan bien recreado que enseguida me transportó a ese mundo. Entonces, rodar esta segunda parte que tiene el mismo espíritu, el mismo ambiente, el mismo decorado… Coincidió además que fui a Suiza y descubrí por qué aquel país es lo que es y como sintieron esos personajes ese viaje cuando eran inmigrantes. Y reflexioné muchísimo sobre por qué Suiza es un país rico y España pasa dificultades. Me sirvió para eso, para reflexionar mucho, para conocer a los suizos, para hablar mucho con ellos, para hablar mucho con Carlos y conocer su experiencia vital cuando se mudó allí… hasta entré en un banco suizo para decir que iba a abrir una cuenta, para ver qué pasaba (risas).

Eso que nos comentas me recuerda a aquello de que los alemanes, los suizos… son ricos pero viven como pobres y los españoles somos pobres pero hemos vivido como ricos.
Sí, o esa otra frase que dicen entre los alemanes/españoles o los españoles/suizos, que les admiramos pero no les queremos, y ellos nos quieren mucho pero no nos admiran. En realidad eso se dice mucho de los alemanes/italianos, pero podríamos decirlo perfectamente de los españoles/suizos. Yo descubrí que es una sociedad con una idiosincrasia, con una manera de ser que gira en torno a la ciudadanía, con lo de no molestar, el orden, el concierto, la responsabilidad, el pagar impuestos… todo eso llevado a obsesión. Que también habrá de todo. Eso hace una sociedad muy rígida, en sus costumbres, en su sociabilidad, en la que te sientes muy vigilado y muy conducido, pero hace que la sociedad sea muy ordenada, muy organizada, funcione muy bien y, por tanto, sea muy rica. Esa visión de reloj suizo se traslada en lo social. Y aquí, pues somos otra cosa. Muy interesante socialmente también, más libertarios de alguna manera, pero menos avanzados. Por tanto un país que a veces sufre dificultades económicas.

¿Qué nos puedes contar de tu personaje y de la experiencia de rodar en Suiza?
La experiencia, lo que te estaba comentando. Haber ido allí ya es toda una experiencia. Ver que los niños con seis años van solos al colegio, socialmente no es que esté mal visto de otra forma tampoco, pero se hacen muy independientes. A las doce de la noche van por una carretera con circulación en bicicleta y solos, me llamó mucho la atención. Ver que los niños van solos al colegio, que se mueven en bicicleta por todas partes, que todas las casas son impecables. Que las casas de los pueblos la gente deja sus quesos, los huevos, en la puerta y quien quiera pueda comprarlos y dejar el dinero allí con toda la seguridad de que nadie se lo va a robar… Ya he dicho que incluso entré en un banco para saber qué tenía que hacer para abrir una cuenta allí, una experiencia muy divertida… Para mí fue una experiencia social muy interesante. Una experiencia vital muy importante. Y por ahí va mi personaje. Un personaje que va con un paquete a un banco de Suiza con Luisa (Eloísa Vargas).

De todo esto hemos sacado que la experiencia de rodar con Carlos es distinta a rodar con cualquier otro director. ¿Es en parte debido a que sea actor también?
Sí, por supuesto. Yo escribo, pero nunca he dirigido. Siempre cuando escribes lo estás interpretando a través de tu manera de tocar ese instrumento, de tocar el instrumento de interpretar. Es una cosa a la que no puedes ser ajeno. Yo iba con una propuesta y él enseguida la hacía suya, la llevaba a su terreno como forma de interpretar la secuencia, y a mí eso me encantaba y lo hacía como él me decía porque me gustaba el reto. Él siempre lo lleva a su terreno.

Y el hecho de que Carlos haya vivido gran parte de lo que cuenta en la película ayuda un montón.
Eso se cuenta ya desde que está escrito el guión. Hasta que acaba la película. Se nota absolutamente que sabe de lo que está hablando. Una bailarina del ballet nacional que era suiza se acaba de ir a su país y se sorprendía de que todavía allí cunado firmas un contrato de alquiler, a partir de las 8 de la tarde no puedes bañarte ni tirar de la cisterna porque haces ruido. Entonces los vecinos se pueden molestar. Pues esa tontería, que te llama mucho la atención ahora, ella decía, oye, soy bailarina cuando vuelvo de bailar por la noche no me puedo duchar. Pues esto está contado en la película de alguien que lo vivió de primera mano. Llegar a un hotel y no poder tirar de la cisterna porque molestas…

Jesús Usero.