La huida ***

Noviembre 10, 2013
La huida, buen reparto para una intriga bien dirigida y curiosa que no explota bien sus personajes.

Un guión que sabe cómo manejar las acciones en paralelo y mantiene el interés jugando la baza de la ambigüedad y llevándonos a identificarnos con el villano en varias ocasiones es la mejor aportación de esta película que está muy bien habitada y construida por sus actores. Ellos son la mejor baza para sacar adelante la historia. Primero con ese protagonismo ambiguo y en conflicto de Eric Bana en el papel de un fugitivo asesino dispuesto a todo para sobrevivir que en su fuga realiza alguna que otra buena obra accidentalmente y de manera violenta, añadiendo interés al personaje. En segundo lugar con esa idea de protagonismo coral. En tercer lugar con la eficaz y solvente manera de contar la historia, con unos planos y algunas secuencias que le permiten escapar visualmente del tópico en el que sin embargo se mueve argumentalmente. Me refiero a secuencias muy trabajadas, como las del accidente de automóvil, el ataque contra el indio, o esos planos que tienen personalidad, como el de la niña saliendo de la cabaña a buscar a su madre, Bana atravesando la nieve, el policía abatido en la nieve en plano de grúa que se aleja del cuerpo hasta convertirse en un plano cenital… Esa forma de contar le otorga a la película la personalidad que no tienen algunos de sus momentos dramáticos y que pierde cuando desperdicia a sus personajes más interesantes dejándolos convertidos en meros apuntes que no llegan a desarrollarse plenamente.

El peor lastre con el que tropieza es la trama que envuelve a la pareja de enamorados. Los personajes más flojos son los de Charlie Hunnam y Olivia Wilde precisamente porque son los más tópicos. No nos interesa absolutamente nada lo que les pase frente a las tramas mucho más interesantes de la policía enfrentada con su padre, la persecución de Bana e incluso el drama privado que vive el matrimonio de los padres ante el reencuentro con su hijo, que sale beneficiado de la interpretación de Sissy Spacek y Kris Kristofferson, como Treat Williams respalda con su solvencia el papel del sheriff. Repito que los actores son la mejor inversión de esta película porque los personajes no llegan a contar con espacio en la trama para ser algo más de bocetos interesantes. Puntos de partida cuyo camino en la trama es más bien episódico. Es además una pena que la parte romántica de la trama sea tan previsible e incluso poco creíble, tan pegada al lugar común de las balas perdidas que se encuentran en un cruce de caminos. Es una manera de desperdiciar el talento de Charlie Hunnam y Olivia Wilde, cuyos personajes son los menos interesantes de la película, cuando por lógica deberían ser los que tuvieran mayor interés. Ocurre lo mismo entre el personaje del padre y la hija. Dichos sea de paso, el tema común del conflicto generacional me parece algo obvio, aún más cuando el asunto acaba en esa especie de parodia siniestra de las reuniones familiares del Día de Acción de Gracias, el mayor tópico de la película.

A pesar de todo merece la pena echarle un vistazo a esta intriga por su buen pulso visual y su intento de incursionar en el género de intriga trabajando sobre los personajes, no sobre la acción, aunque cuando aborda la acción consigue ser eficaz y contundente.

Al final, el mejor acierto es dejar las cosas por resolver. Muchas cosas, por cierto. De hecho, es uno de los finales más abiertos que he visto, porque deja pendientes los desenlaces de varias subtramas que afectan a casi todos los personajes, produciendo una sensación de desenlace quizá demasiado abrupto.

Miguel Juan Payán

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Hanna ★★★

Junio 08, 2011



Crítica de la película Hannah

Joe Wright es uno de los directores jóvenes británicos más interesantes que han surgido en los últimos años. Con menos de cuarenta años ha dirigido cuatro películas que se sostienen muy bien por sí mismas y que son bastante dispares entre sí. De la ambientación de época de Orgullo y Prejuicio al drama romántico con tintes de cine bélico de Expiación, pasando por el drama social de El Solista y terminando con un thriller como Hanna, todos ellos géneros dispares en principio, pero que en el fondo ocultan unas inquietudes similares y un interés por cierto tipo de historias centradas más en los personajes que en la historia misma que les rodea.

Como he dicho siempre resultan películas interesantes, incluso muy buenas alguna de ellas, donde Wright se destaca como un excelente director de actores y un buen narrador, que sabe componer los planos otorgándoles una fuerza y belleza muy particular (aquel plano secuencia de la playa en plena guerra en Expiación es difícil de olvidar), pero al final acaba por faltarle algo, como si tanto preocuparse por sus personajes le acabase haciendo perder el norte de hacia dónde quiere dirigir su película. Quizá sea cosa de los guiones, quizá sea el punto de madurez que le queda por alcanzar al realizador. El caso es que ninguna de sus películas terminan de ser productos redondos.

Algo similar le ocurre a Hanna, donde el director da un nuevo salto de género a un thriller de acción con una joven que es una asesina entrenada por su padre, un ex operativo de la CIA, que la tiene apartada del mundo hasta que decide enviarla en una misión, lo que la llevará por media Europa siendo perseguida y perseguidora a su vez, mientras descubre la verdad sobre su pasado. Sorprende que Wright se lance al ruedo del thriller y sorprende que la protagonista sea una joven asesina, que apenas ha llegado a la pubertad, pero que es más letal que el mejor de los soldados.

Todo el inicio de la película es una excelente presentación de personajes donde aprendemos a conocer y apreciar a su protagonista, con pocas palabras, con los intercambios de miradas entre padre e hija, con la vida extrema que llevan y con lo que aprende y cómo lo aprende la protagonista, con ese libro que contiene tanto saber pero tan pocas experiencias reales. Conmovedor el momento en la cabaña en la que la protagonista le pregunta a su padre por la música y ante la descripción de diccionario de él, ella le pide, casi con vergüenza, que lo que quiere es oír música. Sentirla. Algo que tendrá su peso a lo largo de la historia.

Es curioso cómo un thriller puede ganar muchos enteros cuando te dedicas a presentar a los personajes de forma real, interesante e intrigante, sin decirlo todo, pero dando a entender mucho. Tanto el guión, como el director parecen muy interesados en que entendamos a todos los personajes, sus motivaciones, su forma de actuar. Y para ello aprovecha el talento de un excelente reparto que se esfuerza por convertir a sus personajes en seres vivos. Saoirse Ronan es una de las mejores actrices juveniles que hemos visto en los últimos años, junto a nombres como Dakota Fanning, capaz de convertirse en víctima de un crimen, niña movida por los celos o asesina adolescente que descubre el mundo por primera vez pero que no es capaz de dejar atrás su pasado ni sus orígenes. Imprime un carisma excelente a sus personajes y Hanna, pese a que la hemos visto matar a un hombre con sus propias manos, es un personaje capaz de despertar la simpatía y el cariño del espectador.

A Eric Bana y Cate Blanchett no los vamos a descubrir aquí ahora, pero están magníficos, sobre todo ella dando dimensión a un personaje que bien podría haber sido un villano más lleno de tópicos y que es el personaje que menos cuida el guión, pese al tiempo que permanece en pantalla. También se agradece la labor de gente como Jason Flemyng u Olivia Williams, que redondean un elenco de actores que saben muy bien cómo cumplir con su trabajo y a los que el director mueve con elegancia e inteligencia.

Tampoco los aficionados a la acción tendrán muchos problemas para disfrutar de la película, porque las secuencias están perfectamente elaboradas y son de una brutalidad que deja muy buen sabor de boca, sobre todo cuando nos enfrentamos a tanta escena infantilizada o a tanto director que parece tener problemas por mantener un plano el tiempo suficiente de saber qué está sucediendo y quién golpea a quién. Eric Bana en el parking, Hanna en una peculiar sala o en un muelle de carga… Momentos memorables de cine de acción, en serio.

Pero que dejan ganas de más. El problema de Hanna es que en su bloque central aburre. Su divagar por la historia sin nada de contar, los momentos contemplativos como la escena del flamenco nocturno (por mucho que se vea a Hanna reaccionar a la música por primera vez) o el eterno viaje a través de Europa, pueden hacer que más de un espectador desconecte de una historia que se queda estancada por momentos y parece no avanzar hasta llegar al tercer acto, donde todo sucede demasiado deprisa, de improvisto, sin dejarnos saborear lo que llega y con un giro final que no sorprende absolutamente a nadie. Que un thriller se haga aburrido… es un problema.

Eso sin contar con una banda sonora de los Chemical Brothers que es muy buena, pero que está completamente fuera de lugar y no encaja en ninguna de las secuencias en las que aparece. No son grandes delitos de la película, todo sea dicho, sobre todo porque uno nunca llega a desconectar del todo de la misma, pero sí que son las cosas que hacen que la película no termine de ser redonda y pudiese ser mucho mejor de lo que es al final. Y que sigamos esperando esa película perfecta de Joe Wright.

Jesús Usero