Crítica de la película Lo dejo cuando quiera 

Eficaz comedia con todos los elementos para pasar un rato divertido con su reparto.

Actores y un guión que sabe cómo sacarles partido. Ese es el secreto de Lo dejo cuando quiera, película que además se conoce perfectamente a sí misma y no pretenden en ningún momento ser otra cosa que un divertido entretenimiento en la línea del humor gamberro en torno a una anécdota argumental muy básica pero efectiva y enlazando una sucesión de situaciones cómicas habitadas por el talento de un reparto flexible que se amolda con singular eficacia a cualquiera de las propuestas que le hacen sus guionistas. Y al hablar de actores, como ocurre en las comedias más eficaces de nuestro cine, el cine español, vuelve a operar el protagonismo más coral que individual, empezando por el trío de personajes centrales, una especie de tres mosqueteros desnortados de la vida moderna, cuya peripecia vital les marca como fracasados en lo profesional y lo sentimental, pero como no podía ser de otro modo, eso no les impide abrazar la picaresca como forma de vida zambulléndose en una forma de vida “criminal” que claramente les viene grande pero de repente satisface sus más disparatados sueños de éxito social y popularidad.