Crítica de la película Beautiful Boy: Siempre serás mi hijo

Felix van Groeningen narra con eficacia y ritmo decreciente la lucha de un padre, por salvar a su hijo de las drogas.

Resulta curioso que Beautiful Boy casi haya coincidido en la cartelera con El regreso de Ben (Peter Hedges, 2018), una película que guarda más de una similitud con la obra del cineasta belga Felix van Groeningen. Ambas cintas tratan el tema del abismo infernal que las drogas causan en el seno familiar, cuando uno de sus miembros cae en una adición progresiva y mortal. También, en las dos historias el protagonismo está compartido, entre uno de los progenitores y el vástago adolescente que sufre la terrible dependencia hacia las sustancias dopantes. Sin embargo, el filme dirigido por Van Groeningen sigue una línea mucho más desarrollada a lo largo del tiempo, a la que plantea la movie interpretada por Julia Roberts.

Beautiful Boy (que toma el título de la homónima canción de John Lennon, tema que el personaje principal usa para calmar a su hijo cuando es niño) centra su argumento en la terrible historia del periodista freelance David Sheff, cuando descubre que su pequeño Nic está enganchado al cristal y a las metanfetaminas. Con continuos flashbacks, el cineasta a Alabama Monroe compone un emotivo fresco audiovisual, plagado de momentos cargados de efectividad dramática; los cuales permiten el lucimiento del elenco interpretativo al completo.