Los otros dos **

Noviembre 12, 2010

Will Ferrell es uno de los actores de mayor éxito en el panorama de la comedia americana, a la altura ya de nombres como los de Adam Sandler o incluso Jim Carrey, sobre todo cuando trabaja de la mano de su director, compañero en el crimen, Adam Mckay. Películas como Pasado de Vueltas, Hermanos por Pelotas o esta que nos ocupa, Los Otros Dos, son buena muestra de ese cine comercial y gamberro, muchas veces surrealista, del que McKay y Ferrell son artífices en cada una de sus películas. De hecho Ferrell acaba de estrenar Megamind en USA, donde pone voz al personaje principal.

El actor cuenta con bastantes seguidores que aseguran un buen pellizco en la taquilla con cada uno de sus estrenos, casi sin importar la calidad del producto final. Quizá son los productos más comerciales y previsibles del actor, como el Mundo de los Perdidos, uno de los fiascos de 2009, los que menos interesan a sus aficionados, o los más arriesgados donde el nivel de surrealismo llega a cotas difícilmente controlables, como Semi-Pro, pero en general las comedias protagonizadas por Ferrell suelen dar muy buenos resultados.

A veces no tienen que ser divertidas. No es que Los Otros Dos no lo sea, que tiene momentos hilarantes, es que a veces se esfuerza demasiado por serlo y consigue justo el efecto contrario, hacerse aburrida y reiterativa. Y alargarse hasta el extremo.

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Los Otros Dos es una comedia sobre dos policías que son un completo desastre pero que de repente se encuentran con el caso de sus vidas y, por supuesto, no saben qué demonios hacer con ello, además de causar un caos considerable en la ciudad de Nueva York.

A caballo entre una buddy movie de los ochenta y una película de Ferrell, la cinta no es aburrida para nada en general, pero sí que tiene tramos en los que uno se despista de la pantalla porque no le interesa lo más mínimo lo que está sucediendo. Es más, el metraje de la cinta, una vez vista, se antoja excesivo con sus casi dos horas, cuando recortando unos 15 minutos y dejando el resultado en algo más de hora y media, seguro que habría conseguido un resultado más redondo.

De hecho, durante el visionado no hacía más que pensar en The Good Guys, la maltrecha serie de FOX que se emite desde este verano con Bradley Whitford y Colin Hanks como protagonistas y con una trama similar (dos policías absurdos y despreciados por todos, encargados de los trabajos más penosos, completamente incompatibles pero grandes amigos al final) es bastante más gamberra, divertida y absurda de lo que ésta es, por no decir que los personajes están mucho mejor dibujados.

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Y eso que los actores dan lo mejor de sí mismos durante el metraje. Al menos lo mejor que pueden dar en una película de estas características, que, reconozcámoslo, sólo pretende entretener y hacernos echar unas risas. La pareja formada por Ferrell y Wahlberg se llevan la palma y los mejores momentos de la película, por supuesto, con una extraña química entre el calmado, extraño y sumiso personaje de Ferrell y el violento, frustrado y maldito personaje de Wahlberg. Una pareja que es tan extraña como divertida desde el primer momento que aparecen en pantalla.

Los secundarios están también excelentes, sobre todo Eva Mendes y un Michael Keaton que la gente parece olvidar que es un gran comediante (las referencias al grupo TLC son buena muestra de ello). Mención aparte para las estrellas invitadas de la función, Dwayne Johnson y Samuel L. Jackson, hilarantes y excesivos y con una de las mejores muertes en pantalla vistas en los últimos años. Demencial.

Además el estilo de McKay se demuestra más depurado, menos televisivo, más interesante y bien adaptado a las escenas de acción, muchas en realidad, de la cinta. Habrá directores mucho mejores, pero la verdad es que McKay obtiene muy buen partido de lo que sabe hacer y mejora lo que antes habíamos visto de él en pantalla. La escena del salto desde la azotea o la persecución inicial son buenas muestras de ello.

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Y la película tiene momentos no sólo divertidos, sino hilarantes. LA cena en casa de Ferrell en la que Wahlberg conoce a su mujer (y el hecho de que toda mujer atractiva vea en Ferrell un sex symbol), las dos primeras secuencias de acción, la revisión del pasado de Ferrell, cuando era un proxeneta, por mucho que lo niegue, el cruce de conversaciones entre él y Mendes a través de una anciana hacia el final, Wahlberg en el estudio de danza, la casa de la exnovia…

Son escenas que incluso se disfrutan más por supuesto en compañía, pero que en solitario nos harán reír sin duda, porque de puro absurdas son brillantes en solitario, como sketches de un programa de humor. Pero eso es todo. No hay realmente un guión al que atenerse y todo parece ser una excusa, que nos lleve de sketch a sketch, sin importar mucho la historia que nos están contado.

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Toda la trama de la estafa y demás no tiene sentido, ni lo pretende. Sólo es una excusa, un mero trámite. Y es una pena porque muchas veces las escenas divertidas no funcionan y se vuelven casi intolerables (la escena en casa de Ferrell cantando con Eva Mendes, el bar del coro…), y todo se nos olvidará una vez abandonemos la sala de cine. No pretende ser memorable, sólo entretener. A veces lo logra, otras no.

Y eso siempre que comulguemos con el peculiar sentido del humor de la estrella de la función, que puede ser que no lo hagamos y la película pierda sentido desde el primer instante. Así que si están buscando una cinta que ver con los amigos este fin de semana y aguantan o admiran el sentido del humor de Ferrell y McKay, esta es su película.

Y aguanten hasta el final de los créditos. No son largos y merece la pena.

Jesús Usero