Stephen Frears hace un entretenido retrato melodramático de últimos años de reinado de Victoria.

El cruce del tema real con la aspiraciones a transmitir un mensaje de tolerancia se dan cita en el último trabajo de Stephen Frears que una vez más bucea en su habitual tema de relaciones en conflicto, alternativas, contracorriente, inspirándose en la historia real del vínculo que estableció la soberana británica con uno de sus súbditos, un hindú automáticamente repudiado por la racista y clasista corte de la metrópoli inglesa. De su viaje a las relaciones de Victoria y Abdul extrae el director una especie de metáfora para nuestra realidad. La relación de la reina y el súbdito y el conflicto social que provoca en el entorno de la testa coronada es fácilmente extrapolable a los sentimientos y reacciones de tolerancia e intolerancia en nuestros días. De manera que podríamos decir que Frears consigue en su película que el pasado le hable al presente de tú a tú.