Zach Braff firma un remake poco inspirado de la homónima película dirigida en 1979 por Martin Brest. Lo mejor, como en la anterior obra, es su elenco interpretativo.

Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin se dan un baño de sobreacutación voluntaria en esta comedia neurótica, donde tres ancianos deciden robar una entidad bancaria. Pese a lo rocambolesco de la propuesta inicial, la rutinaria escenificación del pretendidamente sorpresivo atraco no permite al trío de actores elevar su trabajo por encima de un guion demasiado previsible, siempre pendiente de un rigor moralista que lastra el mensaje delictivo.

En 1979, los excelentes George Burns, Art Carney y Lee Strasberg fueron incapaces de generar una movie con la suficiente pegada dramática; y esas mismas sensaciones de frustración se concitan en el trío de estrellas que completan esta deslucida versión de la historia imaginada por Edward Cannon.