Crítica de la película Fuga de Pretoría

Entretenida e ilustrativa, con un magnífico Daniel Radcliffe de protagonista.

   Quizá ese sea el mejor motivo para ver la película, el trabajo de un joven actor que poco a poco se va quitando la etiqueta de Harry Potter haciendo lo más difícil, alejarse de productos excesivamente comerciales e interpretando los papeles que realmente le interesan, aunque eso lleve a películas con estrenos limitados, con pocas miras comerciales o que se estrenan directas en video o streaming, como sucedió hace nada con Guns Akimbo, por ejemplo. Pero a Radcliffe le interesa hacer esos papeles, esas películas, interpretar cosas muy distintas, personajes que no se parecen en nada unos de otros y que le permitan jugar con su imagen, y con la percepción que el público tiene de él y de su trabajo.

   Basada en hechos reales, la película narra la historia de dos jóvenes activistas políticos, dedicados a luchar contra el apartheid en Sudáfrica. Pese a ser blancos, ambos desean un mundo de libertad e igualdad para todos, así que reparten propaganda de una forma peculiar (una que hace intuir otro camino para la película, más cercano a Munich por ejemplo. Por desgracia no es ese tipo de historia) y son condenados a varios años de prisión en Pretoria. Allí planean escapar a toda costa en una lucha contra el tiempo. Así, tras ese arranque, la película pasa por una etapa cercana a El Expreso de Medianoche, pero mucho más liviana, y termina con una suerte de Fuga de Alcatraz pero basada en hechos reales. Esos tres referentes que tiene la película acaban haciéndole más mal que bien, porque nunca está a su altura…