Independientemente del éxito comercial de sus películas, más pronunciado en unas que en otras, la obra de Zack Snyder despierta en el cinéfilo de a pie siempre un interés especial, convirtiendo sus cintas en pequeños eventos que pueden gustar o no, pero que visualmente se convierten en piezas de orfebrería magistrales e hipnóticas que nos sumergen en una serie de mundos distintos y fascinantes. Se pueden decir muchas cosas del cine de Zack Snyder y tendremos que debatir sobre ello, si ustedes quieren, pero no se puede negar que visualmente es un director deslumbrante.

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Hay quien le acusa de poner toda la carga de sus películas en lo visual y dejar sus argumentos planos o vacíos, pero, si me lo permiten, este tipo de argumentos suelen esgrimirlos desde la mítica cueva intelectualoide de mi colega Miguel Juan payán, grupos gafapastistas empeñados en que el cine, para ser bueno, tiene que ser aburrido. Y que un tipo mirando a una pared es más profundo que las ideas morales o éticas que nos plantea el cine de Snyder. Miopía de todo a cien, señores. Que no nos engañen.

Ga’hoole, La Leyenda de los Guardianes, es una rara avis desde fuera vista, en la filmografía aún corta del director. Una cinta de animación para niños basada en una serie de novelas con la intención de convertirse en una saga en 3D que llene salas de cine durante muchos años. No parece que sea muy del estilo del director de Watchmen o 300.

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Luego también podrán leer por ahí que es una película moralista con mensaje de amor, familia y amistad para todo el mundo, como si eso, dentro del cine familiar, fuese un pecado. Lo curioso es que suelen ser los mismos que defienden a Pixar hasta la muerte (que conste que en Pixar son genios, los mejores) y nunca jamás protestan por ese mismo mensaje. Es decir, que ven lo que quieren ver cuando lo quieren ver. O que no ven nada.

Pero parece que Ga’hoole les ofende. Déjenme decirles por qué. Porque Ga’hoole no es una película para niños. Sí, es cine familiar, pero hay escenas que a los menores de 5 años pueden provocar mal rollo, o directamente hacer que no les interese. Al resto… lo normal es que se queden con la boca abierta mirando la pantalla.

Visualmente heredera de 300 más que de Watchmen, Zack Snyder demuestra que está en forma pese al descalabro comercial de la última, y que siempre hay una forma distinta de contar una historia conocida por todos. En este caso la de un joven búho que es separado de su familia y secuestrado por los villanos de la función y que, en su huida, debe encontrar a los Guardianes para derrotar el mal que se cierne sobre los reinos de los búhos y completar su entrenamiento para convertirse él también en Guardián y héroe.

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Si a alguien le es familiar la historia y le recuerda un poquito a Star Wars, no anda desencaminado. Es una historia conocida por todos y contada una y mil veces, y el propio Snyder ha declarado que su fuente principal de inspiración fue la propia saga de George Lucas. Algo que sobre todo hacia el final, se hace cada vez más evidente.

Pero lo mejor es que su manera de enfocar la historia es desde un punto de vista mucho más adulto e incluso aterrador de lo que puede parecer en principio. Su uso de las luces y de las sombras, el acabado de las imágenes o el realismo de los búhos que protagonizan la aventura, son sólo el inicio de una historia en la que encontramos detalles como ver a un búho cazar un ratón y luego regurgitar los huesos y los pelos. Todo para envolver una historia sobre la familia y la traición e incluso sobre la corrupción el poder, pero sobre todo sobre la amistad y la superación, contada para todo el mundo, pero sin babeos innecesarios. De hecho se evita el romanticismo para dar paso a una relación mucho más fraternal.

Pero con la dureza de la lucha entre hermanos y la traición y corrupción de uno de ellos. Sin redenciones moñas ni patochadas varias. Con unos villanos que realmente dan sensación de peligro, sobre todo por parte de la reina blanca de los Puros, que puede pasar del cariño al dolor en un instante. Y lo que se implica de su relación con el hermano de Soren, el protagonista, es algo que los niños no entenderán.

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Pero si la cinta convence en el aspecto argumental por su complejidad (quizá incluso demasiado para los niños, como decíamos al principio), es visualmente donde nos quedamos con la boca abierta. No sólo los personajes están diseñados con una maestría y realismo brillante. Es que los páramos y mundos que habitan son sobrecogedores por su belleza, como lo es el movimiento, el vuelo, las travesías. Una delicia que recordará siempre a 300 porque Ga’hoole bien podría ser 300 con búhos.

Y esa belleza casi sobrenatural alcanza cotas máximas con los momentos de vuelo a través del agua o las llamas, momentos que dejan sin respiración por lo asombrosamente bellos que son y que vienen acompañados por la siempre precisa cámara lenta del director. Lo mismo que las batallas y la épica inherente al relato. Tal y cómo está narrado Snyder demuestra, de nuevo, ser uno de los mejores directores de la nueva generación, sin importar el formato que emplee. Y si tenemos la suerte de verla en 3D… una experiencia magnífica.

Quizá podrían haberle dado algo más de claridad al relato principal, y las influencias se notan demasiado. Por no decir que en algunos momentos de las batallas, tanta pluma y pájaro impiden ver bien qué sucede. Pero que no le vendan la moto a nadie y no se dejen engañar. Ga’Hoole es una gran película no sólo de animación, sino de cualquier género. Entretenida, interesante y visualmente única.

Otra cosa es que no nos guste el cine de Zack Snyder…

Jesús Usero